Los HAWK que España manda a Ucrania: tecnología de los años 60
Cuatro sistemas antiaéreos salidos del inventario activo. Tecnología de los años 60. Y un propelente que, según un comentario del hilo, acumularía ya una antigüedad de 55 años. España enviará a Ucrania
cuatro sistemas de misiles HAWK y el anuncio, más que una noticia de defensa, funciona como radiografía involuntaria del estado real de los arsenales europeos.
La operación no es un gesto aislado. Forma parte de una política de entregas que llevaba tiempo vaciando almacenes. Pero aquí el matiz cambia: en los envíos anteriores salía material dado de baja, y esta vez se entrega algo que todavía figuraba como
operativo. Ese es el dato que ha disparado la discusión.
De dónde salen estos HAWK: de Franco a Reagan
El rastro de estos misiles en España es una línea del tiempo militar. Según un comentario del hilo, parte de las unidades se compraron de segunda mano durante el mandato de Reagan, y otras llegaron mucho antes:
regaladas por Eisenhower a Franco en 1968, en plena guerra fría. Casi seis décadas después, siguen en las listas.
El problema no es solo que sean viejos. Es que lo viejo va montado encima de material que caduca. Un misil es, en el fondo, un tubo con explosivo y combustible; si el propelente cumple medio siglo, el riesgo de un fallo en el lanzamiento o en la propia manipulación deja de ser teórico. La advertencia recorre el hilo: los artilleros ucranianos tendrán que andarse con mucho cuidado, porque una carga con
55 años puede reventar en los hocicos.
Por qué España se quita de encima este material
La cuenta sale redonda. Retirar un sistema de misiles cuesta dinero: hay que desmontarlo, inertizar la carga y gestionar residuos. Regalarlo, en cambio, traslada el problema al receptor y, encima, se factura. Según el argumento que se maneja en el hilo, la UE cubre estos envíos a través del
Fondo Europeo para la Paz, de modo que el material viejo se convierte en una operación de doble beneficio: te ahorras su destrucción y te pagan por entregarlo.
Con esa lógica, entregar los HAWK no es un sacrificio, es una
limpieza de armario con recibo. La partida de entregas previas lo confirma: AMELI, M-113, todoterrenos Anibal, los Leopard 2A4 que al final no llegaron a salir y los misiles ASPIDE italianos ya retirados. Casi todo lo que ha salido del inventario español hacia Ucrania era material que se iba a dar de baja de todas formas. Lo relevante del caso HAWK es que, por primera vez en esa serie, la categoría era distinta.
¿Sirve de algo un misil de los años 60?
Aquí el análisis se parte. Un bloque lo tiene claro: en una guerra de desgaste, un misil viejo que vuela sigue siendo un misil. El precedente que todos citan es el derribo de un caza invisible
F-117 durante la operación de la OTAN en Serbia, obra de una batería soviética también de otra época. La historia se cuenta a menudo como una casualidad; la versión técnica que se defiende en el hilo dice otra cosa. Fue una operación de ingeniería de campo: un experto electrónico modificó la batería para generar la huella radar del avión interpolando barridos de varias antenas, lo que permitía a los radares de seguimiento enganchar el blanco durante unos segundos. La velocidad del misil y una cabeza explosiva muy pesada hicieron el resto.
El otro argumento a favor es iraní. El país ha estrujado el HAWK hasta límites que su diseñador no imaginó: lo ha convertido en misil aire-aire lanzable desde sus viejos
F-14 Tomcat, con al menos un derribo confirmado en combate, según el material citado, por un piloto que también abatió ocho aviones con misiles Phoenix y dos con cañón. La lista incluye un episodio aún más curioso: el misil antiaéreo hibridado con una bomba M117, de la época de la guerra de Corea, para transformarlo en arma aire-superficie improvisada. Si un misil se puede reutilizar así, el adjetivo
obsoleto se vuelve relativo.
El hueco que deja en la defensa española
Aquí arranca la parte incómoda. Entregar material es fácil mientras alguien asuma que no hará falta en casa. La pregunta que recorre el hilo es qué queda después. La respuesta más citada es que nada: no hay un reemplazo previsto y lo que se entrega no vuelve. La comparación que aparece es la de Rusia que, según otro comentario del hilo, está poniendo a punto
3.000 carros T-62 de otra era para enviarlos al frente; si a una potencia le cuesta reponer, no es descartable que a una europea le pase lo mismo.
El temor se concreta en un escenario que nadie quiere nombrar con detalle: dos frentes posibles y un inventario cada vez más fino. La frase que resume esa inquietud es simple: cuando toque, no habrá
ni una bala. Y el contrapunto pesa menos de lo que parece: si no hay nada mejor que enviar, el dilema deja de ser qué se entrega y pasa a ser qué se ha dejado de comprar durante años.
Los HAWK saldrán de España con más ruido administrativo que militar, y probablemente vuelen, o no vuelen, sin que nadie lo sepa. Queda una pregunta que ningún balance cuadra: si estos son los últimos que quedaban en activo, ¿con qué se defenderá el hueco que dejan?