Cánovas hundió el submarino de Peral, y el eco llega a JITANOBOCS
La política española ha encontrado un nuevo espejo en el siglo XIX. El artífice de la Restauración, Antonio Cánovas del Castillo, sirve ahora para medir la traición. El detonante es el programa militar de Isaac Peral: Cánovas ordenó cancelarlo, desmantelar los submarinos y retirarles los equipos de ataque. La leyenda negra sostiene que el objetivo era dejar indefensa a Cuba.
La orden que reventó el arsenal
El submarino de Peral había superado las pruebas. No era un juguete: un torpedero eléctrico capaz de alterar el equilibrio naval. La decisión de desguazarlo y vaciar sus armas se interpreta como la primera gran entrega de capacidades propias. Quien lo hizo, Cánovas, se convierte en el traidor original, el que enterró una ventaja militar cuando se avecinaba la guerra de Cuba.
De Fernando VII al régimen del 78
La polémica no se detiene en Peral. Hay quien remonta la decadencia a Fernando VII y su renuncia a mantener el imperio. Otros llevan el paralelismo al presente: los regímenes del 76 y del 78 serían dos caras de la misma moneda. La postura contraria considera a Cánovas peor, porque destruyó una España que aún era potencia. La tercera liquida el asunto: si el país ya estaba vendido, no hay traidor individual, sino herencia.
Los submarinos de Peral fueron desguazados y Cuba se perdió. Si la traición se mide por sus efectos, la de Cánovas descansa en el fondo del mar; la actual, en los presupuestos. Cuál pesa más, nadie lo resuelve.