Unos no enseñan el DNI en años, otros lo sacan cada semana
A primera vista resulta un lujo: hay quien lleva dos o tres años sin que le pidan la documentación, sin multas ni registros. Pero hay quien solo entre junio y agosto ha pasado por más de diez controles en la sierra Oeste de Madrid. La experiencia del control policial en España es radicalmente desigual.
La brecha urbana y rural
En las grandes ciudades, la videovigilancia ha sustituido a la identificación física. Cámaras en cada semáforo, lecturas de matrícula y reconocimiento facial han vuelto el control difuso. En el extrarradio y en carreteras secundarias, el agente sigue apostado con la mano extendida pidiendo el carné. La diferencia entre ambos mundos ha crecido hasta el punto de que los residentes de la sierra oeste de Madrid mantienen grupos de avisos para sortear los controles.
El factor que algunos callan
Parte de la discusión deriva hacia el origen étnico del ciudadano. Hay quien sostiene que el perfil racial existe y que a unos les «premia» con la invisibilidad. Es una afirmación incómoda, pero la percepción está ahí: cuanto más alejado del perfil estándar, más probabilidades de ser parado. La ausencia de estadísticas oficiales desglosadas por origen impide confirmarlo o desmentirlo.
Lo único seguro es que la percepción de la autoridad depende del código postal, de la edad y, probablemente, de los prejuicios del agente. Mientras no haya datos transparentes, cada cual seguirá contando su película.