Entrevista al crack de redes que ha fichado el PP

Entrevista al crack de redes que ha fichado el PP
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El Partido Popular ha convertido su cuenta de X en un altavoz de ironía agresiva contra el Gobierno desde que se convocaron las elecciones del 29-N, y detrás de ese giro está un community manager muy joven, incorporado a Génova hace menos de un año, que no revela su identidad.

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El Partido Popular ha convertido su cuenta de X en un altavoz de ironía agresiva contra el Gobierno desde que se convocaron las elecciones del 29-N, y detrás de ese giro está un community manager muy joven, incorporado a Génova hace menos de un año, que no revela su identidad. El partido no ha publicado datos oficiales de alcance: la evolución que se atribuye a sus publicaciones procede de la propia entrevista y de la observación de la cuenta.

Hay una persona en la sede del Partido Popular, en la calle Génova de Madrid, que lleva menos de un año en el cargo y que, según el relato que el propio partido transmite, ha pasado de ser el suplente del suplente a controlar el tono de la cuenta del PP en X. No es un cargo orgánico, no da mítines y no aparece en las fotos. Es el community manager. La persona que decide qué se publica, con qué ironía y contra quién. Y en el arranque de la campaña del 29-N se ha convertido en uno de los nombres más buscados, aunque nadie sepa su nombre.

La historia que cuentan desde el partido tiene algo de fábula interna: en una lluvia de ideas para los mensajes en X, los tuits de esta persona fueron los que mejor funcionaron. «Se hizo fuerte», resumen desde la dirección. Desde entonces, todo pasa por sus manos y reporta directamente al entorno más cercano a Alberto Núñez Feijóo. El ascenso ocurrió, además, en el momento de máximo foco: el anuncio del adelanto electoral. Ahí se concentró el esfuerzo y ahí llegó la notoriedad.

Un cambio de tono en la cuenta del PP

La cuenta del PP en X no se comporta como una cuenta institucional al uso. Alterna el mensaje de partido con el chascarrillo, el meme y el ataque irónico. El propio responsable lo explica así: para conseguir repercusión no se puede hacer lo mismo todos los días del año, y la notoriedad llega cuando se aprieta en el momento en el que más foco hay sobre el partido, que es con las elecciones convocadas. La comparación con la cuenta de Óscar Puente, ministro de Transportes, es explícita y despectiva: le atribuye un estilo anticuado.

Ese cambio de tono tiene un destinatario claro: el votante de derechas que se mueve en redes. Y una respuesta medible en forma de comentarios: hay usuarios que ofrecen un plato caliente, un ordenador potente o que dicen haber recuperado el voto. Son reacciones que el propio CM dice tener controladas. La cuenta ha pasado, según su propio relato, de impresiones de miles a cientos de miles o millones. Conviene tratar esa progresión con cautela: no hay cifras oficiales publicadas por el partido que la respalden.

El método, siempre según la versión del entrevistado, es barato y artesanal. Un grupo de WhatsApp, prueba y error, tupper en el trabajo y tabaco de liar. Menos de la mitad de la gente que se sienta en el Consejo de Ministros, dice, y entre todos cobran al año menos que las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero. Son afirmaciones del propio CM, no datos auditados. Lo que sí describe es una organización asamblearia en la toma de decisiones, con un registro al final del día de quién hizo clic para publicar.

La identidad como escudo y como reclamo

El CM no revela su identidad. Ni nombre, ni género, ni edad exacta. Responde a las preguntas sobre su género con un chiste sobre las cloacas. Dice que si se supiera quién es estaría en la diana. La foto que entrega para ilustrar el reportaje es de espaldas, para que no le reconozcan al bajar a la estación de Alonso Martínez. Es una paradoja útil: la persona que gestiona la voz del partido en la red donde todo se ve prefiere no ser vista.

Esa opacidad alimenta el juego. En las apuestas sobre su identidad se ha especulado con el excommunity manager de la Policía, con el actual de Ryanair haciendo horas extra y con nombres conocidos del meme político español. El propio interesado lo niega todo y se define como «soldados de Feijóo», una guardia de la noche en redes. Agradece, eso sí, que Mariano Rajoy dijera que no a asumir ese cargo.

El anonimato tiene una función práctica en el relato que construye: permite el golpe sin coste personal y protege al partido de las consecuencias de un exceso. También tiene un límite evidente. Una cuenta que ataca sin firma traslada toda la responsabilidad al logo. Si el mensaje incomoda, no hay rostro al que pedir cuentas.

Humor contra el adversario y cuentas separadas de Vox

El CM insiste en que todo se hace desde el humor. Dice que la izquierda se ha privado de la guasa y que el único lugar compartido a ambos lados del muro son las entrevistas de Vito Quiles a Gabriel Rufián. Reconoce inspiración en formatos de TVE como Mañaneros y Malas Lenguas y en humoristas como Javier Aroca o Esther Palomera, siempre en clave de chanza. Y bromea con retirar lo que pueda molestar: «casi todos somos eventuales».

Sobre la relación con Vox, niega que el cambio sea una copia o una respuesta a la fuga de votos. Sostiene que la cuenta del PP tiene estilo propio, más apoyado en el humor y en la ilusión por el cambio, mientras que la de Vox opera más desde el enfado. Y añade la frase que también usa Feijóo en mítines: no les van a dejar pasar ni una. La coordinación entre lo institucional y lo satírico no existe como compartimentos separados, dice: son dos maneras de decir lo mismo.

Hay una reflexión que el propio CM introduce y que conviene retener: X no es la vida real. Si lo fuera, argumenta, Podemos habría sacado mayoría absoluta en 2016 y Vox en 2023. Es una advertencia sensata dentro de un oficio que vive de amplificar lo que pasa en esa red. La obsesión de políticos y periodistas por X produce un salto a la vida analógica que no siempre se corresponde con la calle.

Lo que este fenómeno dice de la comunicación política

La profesionalización del meme y de la ironía en las cuentas de partido no es nueva, pero el caso del PP tiene un rasgo distintivo: la dirección ha entregado el tono a una persona joven, sin cargo orgánico y sin exposición pública. Eso reduce el riesgo reputacional individual y acelera la producción. También concentra el riesgo en la marca. Un error de cálculo en un chiste no se corrige con una dimisión: se corrige con una rectificación de la cuenta.

El contexto importa. La campaña del 29-N se libra en un ecosistema donde el enfrentamiento en redes forma parte del mensaje central, el de los contrapesos frente al Gobierno de Pedro Sánchez. El CM lo formula a su manera: no hablan en nombre del presidente, pero tienen claro el objetivo. La cuenta se convierte así en una extensión del mitin, con la ventaja de que no necesita escenario ni aforo.

Queda la pregunta de fondo, la que no se responde con visualizaciones. Una cuenta que funciona en X no garantiza votos, y su propio responsable lo admite con el ejemplo de 2016 y 2023. El humor moviliza a quien ya está convencido y divierte a quien comparte sesgo. Convertir esa complicidad en papeletas es otro trabajo, y ese no lo hace un community manager desde un grupo de WhatsApp.

Si el lector quiere sacar una conclusión práctica sobre el debate, esta: las cifras de alcance que se atribuyen a la cuenta del PP proceden del propio partido y de la observación de la cuenta, no de una auditoría independiente. Tratar esos números como datos consolidados sería un error. Y si el asunto deriva hacia cuestiones de responsabilidad legal por contenidos publicados, conviene consultar a un profesional antes de dar nada por sentado.

Datos clave
  • El community manager del PP lleva menos de un año en Génova y reporta directamente al entorno de Feijóo.
  • La campaña electoral está fijada para el 29-N, según el calendario que maneja el partido.
  • El CM no revela su identidad ni su género y entrega su foto de espaldas para el reportaje.
  • El propio CM admite que X no es la vida real y cita los resultados de Podemos en 2016 y Vox en 2023 como prueba.
  • La cuenta del PP niega ser una copia de Vox y reivindica un estilo propio basado en el humor.
Fuente: elmundo.es
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.
(mensaje citado en revisión)

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