Qué hacer si te encuentras a De Juana Chaos tomando un cortado
¿Qué harías si entras en tu bar de siempre y, en la mesa del fondo, está Iñaki de Juana Chaos tomando un cortado? La escena es una hipótesis, pero el protagonista no lo es. A este histórico de ETA hay quien le atribuye 25 víctimas mortales y, según se apunta en el debate, lleva
en la calle desde 2008. Un café, una mesa y varias formas de repartir carnés morales sobre qué se hace con el pasado.
Del selfie a la mano propia: las posturas que aparecen
Hay respuestas para todos los gustos. Una parte resolvería con
una foto y una anécdota de bar. Otra se inclina por la bronca verbal, subida de tono. Y una tercera, la más dura, plantea directamente el choque físico, con el argumento de que tener delante a alguien con ese historial obliga a no dejarlo marchar. Se invoca incluso una conocida escena de cine como manual de lo que se haría con una simple discusión de barra.
Enfrente está el silencio: quien no haría absolutamente nada,
como los familiares de las víctimas, y quien prefiere no contar lo que haría para no acabar sentado ante un juez por lo escrito.
Quién es De Juana Chaos y de dónde viene
Los datos que se repasan a cuenta del episodio son, cuanto menos, curiosos. Su padre era un médico de Miranda de Ebro (Burgos) que combatió en la Guerra Civil en el ejército franquista y
se afilió a Falange en 1943. Su madre nació en Tetuán, entonces capital del protectorado español en Marruecos, hija de un militar destinado allí. Él mismo militó en la extrema derecha de Fuerza Nueva y formó parte de
la primera promoción de la Ertzaintza, un cuerpo creado en 1982. Después llegó lo otro: una trayectoria que lo convirtió en uno de los nombres más citados del terrorismo español.
¿Obliga la ley a intervenir ante un exmiembro de ETA?
No. El razonamiento que compara la inacción con el delito de omisión de socorro fuerza la analogía: esa figura penal castiga no auxiliar a quien está en peligro, no el hecho de no agredir a nadie. La frontera es la de siempre: increpar es libre, agredir es delito. Nadie ha terminado detenido por esta escena porque la escena, de momento, no ha ocurrido.
Sobre la mesa hay además una afirmación sin verificar: que al salir de prisión vivirá en la misma calle que cinco víctimas de ETA. Se plantea como argumento emocional, aunque el dato —cuando existe— no altera nada de lo anterior.
El cortado, mientras tanto, se enfría. Y ninguno de los que deciden qué habrían hecho está sentado en la mesa del fondo.