El Rey quiso mandar la Guardia Real a Valencia y acabó en bronca con Sánchez, según un relato
¿Puede el jefe del Estado ordenar el despliegue del Ejército sin el Gobierno? La pregunta recorre los mentideros desde que empezó a circular una versión incómoda: que Felipe VI recordó a Pedro Sánchez que es capitán general de los ejércitos y que el asunto terminó en un choque directo entre Moncloa y Zarzuela. De ahí, según ese relato, empezaron a llegar militares a la zona cero, eso sí, con cuentagotas.
La escena tiene dos lecturas y ninguna se cierra. La primera sostiene que el Rey se enfrentó al presidente por la lentitud del despliegue. La segunda, que todo es una operación de lavado de imagen después de que le recibieran con barro y gritos de asesino en su visita a las zonas afectadas. Entre ambas, un dato que nadie discute: la Guardia Real acabó poniendo 195 efectivos a disposición del Gobierno para limpieza, saneamiento, desalojo de enseres y refuerzo de la seguridad.
Qué dice la Constitución sobre el mando de los ejércitos
El artículo 62 de la Constitución atribuye al Rey el mando supremo de las Fuerzas Armadas. El artículo 97 asigna al Gobierno la dirección de la Administración civil y militar y la
defensa del Estado. Con esos dos mimbres se puede montar cualquier relato, y se ha montado.
Hay quien sostiene que el mando supremo es un cargo honorífico sin capacidad real de ordenar nada. En contra pesa el argumento de que también es capitán general de los ejércitos, y ese rango no es simbólico. La discusión se repite cada vez que hay una crisis y nadie la resuelve porque la Constitución reparte competencias sin decir quién manda primero.
Lo que sí está escrito es que sus actos deben ir refrendados por el Gobierno. Ese refrendo es la llave que convierte cualquier gesto en papel mojado si Moncloa no firma.
Ahí está el nudo.La UME acuartelada y la orden que llegó el domingo
Uno de los datos más repetidos apunta a que el cuartel de la UME en León tenía la tropa acuartelada y preparada para salir desde el primer momento. La orden, según esa versión, no llegó hasta el domingo. De martes a domingo, metidos allí.
Ese desfase es el que alimenta la tesis del enfrentamiento. Si el Rey podía haber ordenado el despliegue de primera hora, como sostienen algunos, y no lo hizo, entonces el choque con Sánchez es una excusa de guion. Si no podía, entonces la bronca nunca existió y solo queda un Gobierno que tardó en reaccionar.
La tercera vía, la más cínica y probablemente la más realista: que hubo tensión, que se filtró interesadamente y que cada parte usó el episodio para colocarse.
El show, en fin.El Rey como felpudo: la tesis que domina el análisis
La corriente más extendida no cree que hubiera enfrentamiento real. Sostiene que el Rey no controla las tropas, que su papel es el de un actor más del mismo teatro y que la bronca sirve para vender una imagen de firmeza que no se corresponde con los hechos.
El argumento de fondo es que el jefe del Estado ha validado con su firma leyes que contradicen su propio discurso, incluida la amnistía. Si firma lo que no comparte, dicen, tampoco va a plantarle cara al presidente por un despliegue militar. La conclusión que sacan es que quedó retratado como un felpudo, otra vez.
Frente a eso, la versión oficial y sus altavoces insisten en que el Rey ordenó a su Guardia Real ponerse a disposición del Gobierno dos días después de la catástrofe. 195 efectivos. Ni un soldado más de los que Zarzuela puede mover por sí misma.
Por qué el episodio importa más allá de la anécdota
El episodio deja tres preguntas sin respuesta. La primera, quién puede ordenar el despliegue del Ejército en una emergencia y en cuánto tiempo. La segunda, por qué la ayuda internacional y los efectivos militares tardaron días en llegar a la zona cero. La tercera, si el relato del enfrentamiento es una filtración interesada para limpiar la imagen del Rey o para cargar el muerto sobre Sánchez.
Ninguna se resuelve con lo publicado. Lo único verificable es que hubo barro, gritos, una visita tardía y un despliegue que llegó cuando ya había pasado lo peor.
El resto es interpretación.
Y así seguimos: discutiendo si el Rey mandó algo o solo hizo como que mandaba, mientras los afectados cuentan los días que tardaron en ver una excavadora.