Una encuesta de Casillas con diez veces más votos que el CIS pone a VOX en el 31,6%
La encuesta de Iker Casillas sobre las elecciones generales reúne diez veces más votos que el CIS y arroja un reparto que ninguna firma demoscópica suscribiría tal cual: PP 36%, VOX 31,6%, PSOE 26,1% y Sumar 6,2%. Solo se puede votar y ver el resultado estando registrado. El volumen de participación es mareante; la representatividad, discutible. Y ese es todo el asunto.
¿Qué mide la encuesta de Iker Casillas y con qué se compara?
El primer argumento que se esgrime es de tamaño. El CIS, que es quien más entrevistas realiza, no llega a las 30.000; aquí se habla de diez veces más. Vender ese volumen como una superioridad metodológica es el clásico error de quien mira la muestra y se olvida de a quién representa. Una muestra enorme de un público concreto sigue siendo un público concreto.
Y punto.
El segundo argumento es de encaje con el resto de sondeos. El PP se mueve en el margen que le otorgan las encuestas; el PSOE, igual; Sumar aparece en la mitad de su horquilla.
VOX es el único que se sale de todas las previsiones, con más del doble del margen que le conceden los sondeos convencionales. Cuando un solo partido rompe el patrón, la sospecha se dirige al patrón o a quien responde la encuesta.
Por qué un sondeo de redes no equivale a una muestra representativa
El censo de una votación difundida en una red social se parece más bien poco al censo electoral. Se apunta a una sobrerrepresentación de hombres, de mediana edad y de origen urbano, y una parte del país queda fuera sin remedio:
los pensionistas apenas usan estas redes, y tampoco buena parte de la población de mediana edad. Eso no es un sesgo leve. Es media España ausente del recuento.
La mecánica tampoco ayuda.
Solo vota quien se registra, y quien se registra suele ser el simpatizante con ganas de participar, no el votante tibio. Sobre ese filtro se añade la duda de manual en cualquier sondeo abierto: cuántos de esos votos son automáticos. Y hay un detalle fino, de los que se escapan a quien solo mira los porcentajes: la pregunta de Casillas no es literalmente «¿a quién vas a votar?», sino otra distinta, lo que cambia por completo la lectura del resultado.
Añádase el perfil concreto de la audiencia. Los electorados más transversales, PP y PSOE, aparecen con porcentajes casi calcados a los de cualquier encuesta; los dos partidos de nicho, Sumar y VOX, se hunden o se disparan según de dónde sople el sesgo. No hace falta un máster en estadística para ver hacia dónde sopla.
El voto oculto de VOX: del estigma a los 18 puntos
La hipótesis más repetida es la del voto vergonzante.
Con un partido estigmatizado, el elector no confiesa por teléfono a quién vota y el sondeo se queda corto; en una encuesta abierta entre afines, ese mismo elector responde sin problema. De ahí a proyectar que VOX ronda el 18% hay un trecho considerable. No es imposible. Tampoco es un dato.
Frente a la tesis del voto oculto pesa el historial.
Hace cuatro años VOX obtuvo 3.400.000 votos, y quien rebaja ahora sus expectativas sostiene que buena parte de aquel suelo llegó con el hundimiento de Ciudadanos y el rechazo a Casado, no con una fidelidad propia y consolidada. Hay quien pronostica que el partido debería darse con un canto en los dientes si retiene treinta diputados. La sorpresa autonómica de hace cinco años se usa como prueba de que los sondeos fallan; en sentido contrario, se recuerda que las encuestas de internet fallan mucho más y casi siempre en la misma dirección.
Pensiones, voto por correo y el ruido de la campaña
En paralelo a los porcentajes circulan datos sobre la revalorización de las pensiones que contradicen el discurso de campaña:
subidas del 1% con el IPC en el 2,4% (2012), del 1% con el 2,9% (2013) y del 0,25% con el 1,5% (2017). Son cifras que se reprochan al PP desde el otro lado del arco y que recuerdan que el debate económico de fondo no aparece en ninguna encuesta de intención de voto. El titular de campaña y la serie histórica rara vez coinciden.
También se cuelan sospechas sobre el voto por correo y el recuento. Conviene decirlo con claridad:
son sospechas sin ninguna prueba, el mismo tipo de sospecha que apareció en cada convocatoria anterior y que nunca se tradujo en nada. La desconfianza mutua ya es un rasgo estructural del sistema, no una novedad de esta campaña.
¿Qué cabe esperar? Mi apuesta, con todas las reservas del mundo: si el voto oculto existe,
VOX quedará por encima de lo que dicen los sondeos y lejos del 31,6% que le concede la encuesta de Casillas. Y si no existe, quedará como el enésimo ejemplo de muestra gigante con público minúsculo.