El concejo de McKinney (Texas) aprobó por 7-0 la construcción de un nuevo centro islámico después de que unos 150 vecinos abarrotaran la sala del ayuntamiento para advertir contra el "peligro del islam". El momento de mayor tensión lo protagonizó un residente.
La escena tiene algo de termómetro. Una sala municipal llena hasta arriba, 150 vecinos según el relato que circula, y un concejo que vota 7-0 a favor de construir un centro islámico en McKinney, una ciudad del norte de Texas. La aprobación fue unánime. La oposición, ruidosa.
Qué se aprobó y con qué margen
El concejo municipal de McKinney dio luz verde al nuevo centro islámico con los siete votos de sus miembros. No hubo votos en contra ni abstenciones reseñables. La votación llegó después de que los asistentes llenaran la sala para expresar su rechazo, con el argumento de que el islam representa un peligro. El resultado, sin embargo, fue el contrario al que ese grupo buscaba.
El momento de tensión con un residente
El punto álgido de la sesión no fue la votación, sino la intervención de un residente. Los detalles concretos de lo que dijo no están cerrados en el relato disponible, pero basta con señalar que la reunión derivó en un cara a cara tenso. En este tipo de sesiones municipales en EE. UU., el turno de palabra pública es donde suelen saltar las chispas.
Por qué importa más allá de McKinney
La aprobación por unanimidad frente a un auditorio hostil dice algo sobre cómo funcionan los permisos de suelo en Estados Unidos: la objeción vecinal no equivale a veto legal. Un concejo puede votar a favor si el proyecto cumple la normativa, aunque la sala grite. Eso no elimina el conflicto social, pero lo desplaza del plano administrativo al político.
Conviene recordar que las tensiones en torno a mezquitas en EE. UU. han pasado por los tribunales en varias ocasiones al amparo de la ley federal de libertad religiosa. Aquí no consta litigio, solo una votación.