drojadisto
Madmaxista
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Ya lo comenté hace tiempo, igual ahora es buen momento para insistir, viendo la situación en Sol. Hace poco salía en portada un titular desde Alemania en el que se confirmaba lo que muchos ya denunciamos: que si no se hace más en relación al tema de la vivienda es porque la clase política tiene fuertes intereses en el sector, además de las presiones que no hace falta ni imaginar.
Y al final la conclusión es algo como: el gobierno central no puede hacer nada porque depende de las autonomías, las autonomías no pueden hacer nada porque depende de los ayuntamientos y los ayuntamientos no pueden hacer nada porque depende del gobierno central. En Berlín ya hace tiempo que tienen el precio del alquiler regulado y el resultado son precios parecidos a los nuestros pero con sueldos alemanes. Algo así.
Quien no quiere hacer algo siempre encuentra alguna excusa, qué duda cabe. Y se entiende que hay urgencias que atender, ahora el tema de Ceuta, hace unos años la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, mil cosas. Para algunos temas nunca hay tiempo hasta que no se pueden posponer. Mañana se cumplen 20 años de aquella manifestación cuyo organización incivil rezaba: “no vas a tener una casa en la vida”. Nada ha cambiado y parece una paciencia mucho más allá de la razonablemente exigible, por estructural que sea el asunto.
Porque, aún comprando el cuento de las competencias, que no es otra cosa que la falta de voluntad política. Si hay otras medidas que se pueden llevar a cabo. Y si hay otros problemas que atender, quizás juntando dos problemas los podamos convertir en una solución: no se deja de hablar de esa “España vaciada”. Cada vez que alguien se queja en un foro del problema de la vivienda aparece alguien con el cuento de que en los pueblos regalan las casas.
Desde luego que no es cierto en la inmensa mayoría de casos, pero es que además de vivienda hace falta trabajo. Y aquí es donde empieza a no haber excusa posible: bonificando de forma significativa la modalidad de teletrabajo 100% estaríamos creando un incentivo para deslocalizar la presión urbanística de las grandes ciudades. Y puede que muchas empresas no vean el teletrabajo con buenos ojos, pero seguro que ven con buenos ojos las exenciones o deducciones fiscales.
Desde luego esto no es alternativa al tope a los alquileres, que lejos de ser una medida extrema viene de la misma Europa. Pero puede ser una manera de, al menos en parte, convertir dos problemas en una solución. Aunque claro, el problema entonces no será de competencias sino de financiación. Y 20 años después seguimos igual. A 40 años vista, los desahucios siguen vinculados a dramas humanos. Decir que la especulación mata no es ninguna exageración. Creo que hemos tenido paciencia más que suficiente. Esperemos que el decreto del gobierno cumpla expectativas.
Ya lo comenté hace tiempo, igual ahora es buen momento para insistir, viendo la situación en Sol. Hace poco salía en portada un titular desde Alemania en el que se confirmaba lo que muchos ya denunciamos: que si no se hace más en relación al tema de la vivienda es porque la clase política tiene fuertes intereses en el sector, además de las presiones que no hace falta ni imaginar.
Y al final la conclusión es algo como: el gobierno central no puede hacer nada porque depende de las autonomías, las autonomías no pueden hacer nada porque depende de los ayuntamientos y los ayuntamientos no pueden hacer nada porque depende del gobierno central. En Berlín ya hace tiempo que tienen el precio del alquiler regulado y el resultado son precios parecidos a los nuestros pero con sueldos alemanes. Algo así.
Quien no quiere hacer algo siempre encuentra alguna excusa, qué duda cabe. Y se entiende que hay urgencias que atender, ahora el tema de Ceuta, hace unos años la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, mil cosas. Para algunos temas nunca hay tiempo hasta que no se pueden posponer. Mañana se cumplen 20 años de aquella manifestación cuyo organización incivil rezaba: “no vas a tener una casa en la vida”. Nada ha cambiado y parece una paciencia mucho más allá de la razonablemente exigible, por estructural que sea el asunto.
Porque, aún comprando el cuento de las competencias, que no es otra cosa que la falta de voluntad política. Si hay otras medidas que se pueden llevar a cabo. Y si hay otros problemas que atender, quizás juntando dos problemas los podamos convertir en una solución: no se deja de hablar de esa “España vaciada”. Cada vez que alguien se queja en un foro del problema de la vivienda aparece alguien con el cuento de que en los pueblos regalan las casas.
Desde luego que no es cierto en la inmensa mayoría de casos, pero es que además de vivienda hace falta trabajo. Y aquí es donde empieza a no haber excusa posible: bonificando de forma significativa la modalidad de teletrabajo 100% estaríamos creando un incentivo para deslocalizar la presión urbanística de las grandes ciudades. Y puede que muchas empresas no vean el teletrabajo con buenos ojos, pero seguro que ven con buenos ojos las exenciones o deducciones fiscales.
Desde luego esto no es alternativa al tope a los alquileres, que lejos de ser una medida extrema viene de la misma Europa. Pero puede ser una manera de, al menos en parte, convertir dos problemas en una solución. Aunque claro, el problema entonces no será de competencias sino de financiación. Y 20 años después seguimos igual. A 40 años vista, los desahucios siguen vinculados a dramas humanos. Decir que la especulación mata no es ninguna exageración. Creo que hemos tenido paciencia más que suficiente. Esperemos que el decreto del gobierno cumpla expectativas.
