Eric Finch
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https://paralalibertad.org/sol-crios-jugando-al-comunismo/ Sol: críos jugando al…
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La actual acampada en Sol, con jóvenes que parecen "jugar al comunismo", contrasta con el movimiento de 2011, marcado por la crisis económica, y no parece alterar la tendencia electoral favorable a la derecha.
La Puerta del Sol de Madrid ha vuelto a ser escenario de una acampada, un eco de los movimientos que marcaron el año 2011. Entonces, la plaza se llenó con las imágenes de "los indignados" que, en pleno coletazo de la crisis subprime, protestaban contra la precariedad y la falta de oportunidades. Aquel movimiento, que dio la vuelta al mundo con el apelativo de "Spanish Revolution", se disolvió oficialmente el 12 de junio de 2011, aunque algunos focos residuales persistieron hasta agosto. Tres meses después de su finalización, las elecciones generales mostraron un panorama político distinto, con una mayoría absoluta para la derecha. Tres años más tarde, en enero de 2014, nacería Podemos, un partido que prometía "asaltar el cielo" y que, efectivamente, dinamitó el bipartidismo. Sin embargo, su aterrizaje en la política institucional, con la entrada en ayuntamientos y el gobierno central, se saldó con críticas sobre su gestión y una deriva hacia estilos de vida que poco tenían que ver con el discurso inicial, como se evidenció con el caso del chalet de Galapagar.
El contraste entre la acampada de 2011 y la actual es palpable. Mientras que hace más de una década la plaza vibraba con la dureza de la crisis económica, con miles de familias afectadas por el desempleo, hoy el perfil de los asistentes parece haber mutado. La observación en la Puerta del Sol en una tarde reciente revela una menor afluencia y un público más joven, a menudo descrito como "chavales jugando al comunismo". Se percibe una atmósfera más lúdica, con jóvenes portando camisetas de Karl Marx –un ideólogo cuyas propuestas, al ser implementadas, han sido asociadas con experimentos políticos de alta mortalidad histórica–. Hay casetas de recaudación de fondos para causas como la de Ceuta, pero dirigidas a "los migrantes" en lugar de a los propios ceutíes. Se observa a jóvenes participando en lo que parece un "camping autogestionario" y una "revolución de plástico", con una estética marcada por camisetas negras, tatuajes y piercings. Los lemas en las pancartas, como "vivienda para todxs !" o "Pedro, rey, haz un decreto ley", y el conjuro colectivo agitando llaves contra el capitalismo, sugieren una protesta centrada en la vivienda y la acción gubernamental, con Mari Carmen convertida en un símbolo.
El discurso de la Sindicato de Inquilinas, explicando cómo organizarse, evoca una estética setentera, casi sacada de una fotografía en blanco y negro de una asamblea universitaria de aquella década. La plaza, aunque animada por los acampados, se ve eclipsada por la presencia de paseantes en las concurridas terrazas de la calle Montera, que se extienden desde el arco del Metro de Gran Vía hasta Sol. La importancia de esta acampada se está amplificando de manera intencionada, pero la realidad del sentir de los españoles parece apuntar en otra dirección. Los últimos barómetros de encuestas privadas proyectan una suma de escaños para PP y Vox entre 204 y 208, mientras que las fuerzas de izquierda como Sánchez (en referencia a su partido) y Sumar y Podemos se quedan muy por debajo, con 104 y ocho escaños respectivamente. La acampada de Sol, en este contexto, no parece tener el poder de alterar significativamente este panorama.
El llamado "Decreto Mari Carmen" tampoco se vislumbra como una solución a la crisis. Con Sánchez en una posición de salida política, el tiempo para abordar problemas complejos es limitado. La crisis de la vivienda en España, agravada en parte por la llegada de inmigrantes, no se resolverá con medidas que atentan contra la propiedad privada, sino con la liberalización de suelo, la formación de obreros de la construcción –donde los empresarios enfrentan escasez de mano de obra–, un trato menos punitivo hacia los propietarios y una apuesta decidida por la vivienda de protección pública. El último gran impulsor de esta última medida fue Francisco Franco, quien desde los años 60 construyó cuatro millones de viviendas en catorce años. Karl Marx no ofrecerá una solución a los problemas de Mari Carmen ni a los de las 272.000 personas desahuciadas desde que gobierna Sánchez, un colectivo por el que apenas se ha movido un dedo, ni siquiera por parte de quienes critican al gobierno del que han formado parte, como Yolanda Díaz, quien ha sido criticada por su activismo en manifestaciones contra el ejecutivo del que ha sido parte.
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