¿En serio nadie habla hoy de Lepanto?

Grabado histórico de la batalla de Lepanto con galeras cristianas y otomanas combatiendo en el golfo
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

El 7 de octubre de 1571, en el golfo de Lepanto, la Liga Santa —España, Venecia y los Estados Pontificios— se enfrentó a la flota otomana en lo que, según un cálculo que circula, sigue siendo el combate naval con más muertos de todos los tiempos: 16.000 bajas cristianas y 30.000 turcas, cifras que ni las dos guerras mundiales superaron en el mar.

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Quiero poner una apertura buena, y estoy eligiendo por si algún lector quiere dormir un poco más orgulloso de nuestro pasado.
El 7 de octubre de 1571, ante la llamada de Pío V para defender la Cristiandad y, cumplidos los 24 años, llegó su gran momento en Lepanto. “La más alta ocasión que vieron los siglos” que dijo un Miguel de Cervantes que también combatió allí, sobre la cubierta de la galera Marquesa.
Don Juan, quedó al mando de una flota cuyo grueso lo constituía España pero en la que se integraban efectivos de Venecia y los Estados Pontificios. Como es bien sabido, la victoria cristiana neutralizó la amenaza otomana por mar durante los siguientes siglos y la fama de nuestro protagonista alcanzó cotas inimaginables hoy día por toda Europa y parte de América
​
pocos años después del combate, volvió a retomar el camino de la épica conquistando Túnez, una auténtica Babilonia cultural que estaba en manos turcas. Y tras ser Vicario en Italia, Felipe II le nombró Gobernador de los Países Bajos, tierra en la terminaría falleciendo a los 33 años.
El Imperio Otomano era una sólida estructura administrativa y su ofensiva militar era apabullante tanto en tierra como en aguas del Mediterráneo, en las que usaba la capacidad operativa corsa de las costas occidentales para atenazar a las geografías españolas o italianas.
Durante el siglo XVI, sus aspiraciones de conquista territorial se vieron comprometidas por el auge imparable del Imperio Español, en aquel momento, único garante posible de contención.
Era un choque inevitable, ambas potencias lo sabían y plantearon la batalla con lo más granado de sus respectivos músculos militares.
España llevó al combate Tercios embarcados, la mejor infantería de la época y los turcos su fuerza de elite, los prestigiosos jenízaros. Sin embargo, la experiencia al frente de la guerra naval en figuras como Álvaro de Bazán o el genovés Andrea Doria (aún con una poelima acción en pleno fragor del combate) dieron ventaja táctica a la Liga Santa.​
 
Curiosidades 😛

Es la batalla más sangrienta de toda la historia naval: 16.000 bajas entre perecid y heridos por la parte cristiana y 30.000 por la turca. Ni siquiera durante las dos guerras mundiales, hubo batalla naval que superara estas cifras.

A bordo de la galera Marquesa, don Miguel de Cervantes Saavedra participó en la batalla de Lepanto, combatiendo
“muy valientemente”, según testimonio posterior de sus compañeros. En el momento de la batalla estaba aquejado de malaria y sufría fortísimas calenturas. Su capitán lo mandó bajo cubierta, a la cámara de la galera, y sus camaradas intentaron convencerlo de que cumpliera la orden porque no estaba en condiciones ni de tenerse en pie. Sin embargo el tozudo Miguel, se presentó voluntario para ocupar plaza en la proa de la nave, el lugar más expuesto al fuego enemigo, porque “más quería morir peleando por Dios e por su rey que meterse so cubierta”. Combatió con arrojo y recibió dos arcabuzazos en el pecho, que hicieron peligrar su vida pero de los que se recuperaría, y otro en el brazo que le inutilizó para siempre la mano izquierda. De aquel lance obtuvo como recompensa fama y honor, el apelativo “El manco de Lepanto” como timbre de gloria, y la cantidad de cuatro ducados que le concedió don Juan de Austria como premio a su heroísmo. A pesar de quedar lisiado, durante el resto de su vida estuvo orgulloso de haber combatido con honor en “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros».
 
Las cifras de bajas en las batallas históricas fueron muy llamativas. Si no llega a ser por la Liga Santa, el desenlace habría sido distinto.
 
Por cierto, Semana Cervantina. Animo a visitar Alcalá de Henares, cuna de grandes escritores del siglo de Oro, lugar de nacimiento de Fernando de Habsburgo (emperador Sacro Imperio), Catalina de Aragón que desafió al rey decapitador inglés, Cardenal Cisneros que era una de las manos derechas de mi Isa, fundador de la Universidad, pero.....nuestro manco es el alma de la ciudad. Bautizado, ciudadano de Alcalá.
 
Por cierto, Semana Cervantina. Animo a visitar Alcalá de Henares, cuna de grandes escritores del siglo de Oro, lugar de nacimiento de Fernando de Habsburgo (emperador Sacro Imperio), Catalina de Aragón que desafió al rey decapitador inglés, Cardenal Cisneros que era una de las manos derechas de mi Isa, fundador de la Universidad, pero.....nuestro manco es el alma de la ciudad. Bautizado, ciudadano de Alcalá.
El Cardenal Cisneros fue influyente, pero no menciono a Isabel I, ya que bajo su reinado hubo procesos históricos complejos.
 
En pleno combate en el golfo de Lepanto (Grecia), el viento soplaba en contra de los cristianos, pero de repente cambió de dirección. Esto desorientó a los otomanos y ayudó a los barcos de la Liga Santa al mando de Don Juan de Austria

En agradecimiento por este triunfo milagroso, el Papa instauró la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias, conocida hoy como
Nuestra Señora del Rosario
 
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En una época en la que la presencia de mujeres a bordo de los barcos de guerra estaba estrictamente prohibida por las ordenanzas militares, María "La Bailaora", joven originaria de Granada, posiblemente etniana, se disfrazó con armadura de soldado para embarcarse en la nave Real, el buque insignia comandado por Don Juan de Austria, su motivación era no separarse de su amante, un arquebusero andaluz.
Durante el choque frontal y el abordaje decisivo entre la Real y la Sultana la nave del almirante otomano Alí Pachá, las filas cristianas sufrieron momentos de extrema vulnerabilidad.
Lejos de esconderse, María tomó una pica y un arcabuz y luchó fieramente en la primera línea del abordaje.
El historiador Marco Antonio Arroyo relató en 1576, que María no solo mató a un soldado otomano en combate singular, sino que demostró tal arrojo y bravura que, tras descubrirse su verdadera identidad al finalizar la batalla, Don Juan de Austria la hizo presentarse ante él y no solo no la castigó por romper la prohibición, sino que le concedió una plaza pagada de por vida en el Tercio por su valentía.
 

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