Doce octubres esperando el colapso que nunca llega
Hay una comunidad de internautas que lleva más de una década esperando un octubre apocalíptico. Cada año, cuando el calendario avanza hacia el otoño, vuelven a preguntarse si será esta vez. El autor del mensaje que abre la discusión cumple su duodécimo aniversario en el foro y lo celebra con una pregunta que ya es un ritual: «¿Será en octubre o no será en octubre?». La respuesta, como siempre, es ambigua. Unos se ríen. Otros insisten en que el gran colapso está a la vuelta de la esquina. Y entre medias, una discusión sobre gramática que resume el tono general: más vale reírse del apocalipsis que prepararse para él.
Doceavo o duodécimo: la corrección que nadie pidió
El hilo deriva pronto hacia un debate lingüístico. Uno de los participantes sentencia que «doceavo es = 1/12» y que «duodécimo es ordinal, posición nº 12». La precisión no es baladí: el título del mensaje inicial dice «duodécimo octubre», no «doceavo octubre». La diferencia importa. Los numerales fraccionarios como «onceavo» o «doceavo» no deben emplearse como ordinales, según la norma que alguien reproduce con paciencia. En lugar de decir «su doceavo título», se debe escribir «su duodécimo título». La corrección se convierte en el primer tema del día y sirve para demostrar que, incluso cuando se espera el fin del mundo, siempre hay tiempo para corregir al vecino.
El colapso que nunca llega
La broma recurrente es que el gran octubre nunca acaba de materializarse. Un participante lo resume con sorna: «Por el Bien Común será mejor que sea otro octubre en el que no ha pasado nada». Otro añade que «ya solo le quedan once doceavos para hacer un octubre completo». La ironía es la respuesta mayoritaria. Pero no todos se lo toman a broma. Hay quien sostiene que «esta vez sí, SERÁ EN OCTUBRE!!!», con mayúsculas y todo. Y hay quien apunta a factores concretos: las elecciones en Estados Unidos, la situación en Ucrania, la tensión en Oriente Medio. El escenario, según esta corriente, estaría maduro para algo grande. El problema es que llevan doce años diciendo lo mismo.
Octubre de 2017: el precedente que nadie olvida
Uno de los mensajes más votados introduce un elemento de memoria histórica: «¿Cómo viviste el octubre de 2017? El del referéndum, DUI y 155. Desde entonces en Cataluña nada ha vuelto a ser lo mismo». La referencia sirve para recordar que, a veces, octubre sí trae consecuencias. Pero también para relativizar: aquello no fue el colapso global que algunos anunciaban, sino una crisis política concreta con efectos duraderos. La comparación es útil para medir el gap entre expectativa y realidad. El gran octubre siempre está por llegar, pero los octubres pequeños ya han ocurrido.
La economía como telón de fondo
El análisis más sustancial llega cuando alguien conecta la espera del colapso con los datos macroeconómicos. «Con la actual deuda, déficit y bajada de tipos, sólo puede haber inflación apoteósica», sostiene. El argumento es que no se puede permitir una retracción del crédito ni un «neo 2008» deflacionario, porque los Estados no recaudarían y los que tienen liquidez mandarían. La conclusión es que todo conduce a más inflación, y que la guerra actúa como multiplicador. Es una tesis que circula desde hace años y que, de momento, no se ha cumplido en los términos previstos. La inflación ha subido, sí, pero no ha desembocado en el escenario catastrófico que algunos dibujan.
El octubre que sí fue noticia
Al final del hilo, un mensaje reconoce que «este octubre ya está en la historia». Menciona una tragedia nacional de la que «se va a tardar mucho tiempo en recuperarse» y una reunión internacional de una veintena de países que representan el 36% del PIB y el 45% de la población mundial para poner en marcha un sistema de pagos alternativo al occidental. El tono cambia: ya no es la espera del apocalipsis, sino la constatación de que algo ha pasado. La pregunta es si eso es el gran octubre o solo otro octubre. La respuesta, como siempre, queda abierta.
Con estos mimbres, la conclusión más honesta es que el gran octubre sigue sin llegar. Doce años después, la comunidad que lo espera sigue activa, corrigiendo gramática y riéndose de sí misma. Puede que algún día acierten. Puede que no. Mientras tanto, el calendario sigue avanzando y los octubres se acumulan.