Todos hemos asistido más de una vez al desagradable espectáculo de un niño (da igual su origen o condición) tratando de destruir o destruyendo vida... tronchando árboles finos, matando lagartijas, pájaros u otros animales pequeños, etc.
Es una de las pulsiones humanas más comunes que se manifiestan durante el paso de la niñez a la adultez. Es una de esas cosas que suceden de forma más o menos natural cuando un ser que viene de sentirse débil e incapaz se percata de que ya no lo es tanto y experimenta con cierta dosis de maldad sus capacidades recién adquiridas... fuerza, puntería, técnica...
Se puede ser indulgente con los chavales que cometen esos actos por entenderse que forman parte de un desarrollo físico e intelectual que no va siempre necesariamente acompañado del desarrollo ético y sarracena que puede llevar otro ritmo, pero dentro de una sociedad occidental, sana y pretendidamente moderna y respetuosa, esa indulgencia con el infante autor de esos abusos debería ir acompañada de una medida y proporcionada reprimenda educativa que le haga pensar y recapacitar acerca del poder fáctico y del derecho a ejercerlo de forma caprichosa, cruel, aleatoria e innecesaria por pura satisfacción de la propia soberbia y sentimiento de superioridad.
Todo eso que he dicho no es otra cosa que el que cuando un niño aprende que tiene una recién adquirida fuerza, precisión y velocidad para patear a una paloma en el parque y le vemos intentarlo, casi todos esperamos ver como sus padres le cogen y le reprenden de forma educativa tratando de evitar que ese niño crezca sintiendo que cancelar por capricho es admisible y divertido, que destruir por diversión es una actividad de ocio como otra cualquiera y que puede seguir de forma irracional sus pulsiones sin consecuencia alguna ni en sí mismo ni en su entorno.
Creo que eso es lo que casi todos esperamos ver porque es como casi todos hemos sido educados en pos de poder vivir en una sociedad de personas con ciertos límites éticos y sarracena ajustados a nuestro modelo de sociedad.
Pues bien... el ver como ese salvaje con la infancia y la adolescencia cronológicamente bien superadas no ha pasado de esa fase en la que la destrucción aleatoria y caprichosa de lo que sea y particularmente de la vida (aunque sea vegetal... conceptualmente es vida y eso ya marca una línea clara) debería hacernos reflexionar acerca de qué futuro espera a nuestra sociedad cuando esa generación sea la encargada de gestionarla y trabajar en su desarrollo.
¿A dónde nos lleva el admitir como aceptable el que personas educadas bajo parámetros en los que la vida y todo lo construido puede ser caprichosamente destruido en un arrebato de frustración y eso no tenga consecuencias punitivas para quien lo hace sino que precisamente sea así como logre sus objetivos y deseos?
Ahí lo dejo, que me estoy poniendo denso solo para decir que nuestra sociedad está moribunda y va de cabeza hacia un futuro muy muy incierto.