Bilbao: el regreso de las favelas 70 años después
El fenómeno del chabolismo no es nuevo en Bilbao, pero la escala actual tiene matices que lo diferencian del pasado. Según un reportaje de El Confidencial, el Ayuntamiento estima en unos dos mil los ocupantes de asentamientos improvisados en fábricas abandonadas, tiendas de campaña y chabolas en los montes que rodean la ciudad. La cifra real, sin embargo, podría ser mayor: nadie hace un censo exhaustivo de infraviviendas.
La comparación con la oleada migratoria de los años 50 y 70 es inevitable. Entonces, miles de personas llegaron desde otras regiones de España para trabajar en la industria, y se hacinaron en barrios de chabolas como Ocharcoaga. Pero los propios vecinos de aquella época recuerdan una diferencia clave: «se dormía con las puertas abiertas». La conflictividad y la sensación de inseguridad que rodean a los nuevos asentamientos —robos denunciados por los propios residentes— dibujan un panorama distinto.
¿Por qué ahora? Factores que se acumulan
La crisis de la vivienda es el detonante evidente. Con precios de alquiler disparados y una oferta pública insuficiente, los colectivos más vulnerables —entre ellos, forasteros recién llegados— no encuentran alternativa al chabolismo. A esto se suma la percepción, extendida en parte del debate público, de que el sistema de prestaciones actúa como imán. Algunos señalan que hay tutoriales en YouTube, en darija jovenlandés o urdu paquistaní, que explican cómo solicitar ayudas en el País Vasco. La administración vasca, por su parte, no ha presentado un plan de realojo ni siquiera un censo oficial verificable.
La lección demográfica que nadie quiere ver
El debate también ha derivado hacia la demografía vasca. Los argumentos históricos se cruzan con análisis de datos del Eustat. La generación del baby boom vasco —la nacida entre 1960 y 1975— no se reprodujo como se esperaba. En lugar de un estirón poblacional, hubo una emigración masiva de vascos y una caída drástica de la natalidad. Hoy, una parte significativa de los vascos de entre 47 y 66 años están solteros o sin descendientes, según cifras oficiales. Este vacío generacional deja un hueco que la inmi gración viene a llenar, pero en condiciones precarias.
Del cinturón de hierro al cinturón de cartón
La ironía de la transformación de Bilbao no se le escapa a nadie. La ciudad que pasó del cinturón de hierro de la industria pesada a un modelo de servicios y turismo, ve ahora cómo sus montes se pueblan de chabolas. La expresión «cinturón de cartón» se ha repetido como síntesis de una paradoja: mientras el centro brilla con el Guggenheim, la periferia se degrada.
Algunos interlocutores recuerdan que el chabolismo nunca desapareció del todo: en los años 80 aún quedaban asentamientos en el Serantes, detrás de Barakaldo. Pero el perfil del ocupante ha cambiado, y con ello las políticas necesarias. Mientras el Ayuntamiento y el Gobierno vasco no ofrezcan datos fiables ni soluciones estructurales, la pregunta que flota es si el fenómeno es una crisis temporal o el anuncio de una nueva realidad permanente en el área metropolitana de Bilbao.