Eulen dispara su absentismo al 11%: 5.000 empleados que no trabajan cada día
El grupo de servicios Eulen, uno de los mayores empleadores privados de España, ha alcanzado una tasa de absentismo del 11%, lo que se traduce en unos 5.000 trabajadores que faltan a su puesto cada jornada. La cifra, que duplica la media nacional del sector servicios, ha reabierto el debate sobre las causas profundas de un fenómeno que la patronal lleva años señalando como su principal quebradero de cabeza.
El contrato social roto: salarios bajos, absentismo alto
Detrás del dato escalofriante se esconde una realidad que pocos quieren ver: el modelo laboral basado en servicios de bajo valor añadido, temporalidad y sueldos ajustados genera desmotivación estructural. “Trabajar es la pesadilla del ser humano desde la Revolución Industrial”, resume una corriente de análisis que sitúa la falta de incentivos en el centro del problema. Con un salario medio que apenas permite cubrir necesidades básicas, la ecuación es simple: si no hay recompensa tangible, el trabajador busca compensaciones por otras vías, incluyendo bajas医疗 justify y absentismo programado.
El dato cobra mayor relevancia si se compara con la empresa pública, donde las ausencias se disparan hasta triplicar esta tasa, según estimaciones del sector. Pero lo que preocupa a los empresarios no es solo la magnitud, sino la tendencia al alza: las faltas por enfermedad han marcado récords históricos incluso por encima de los niveles de esa época en el 2020 de la que yo le hablo.
TRAGSA como salvavidas: cuando la empresa privada no puede cubrir sus contratos
Uno de los episodios más llamativos que rodean a Eulen es la necesidad de recurrir a TRAGSA, la empresa pública de servicios agrarios, para cubrir licitaciones que quedan desiertas por el absentismo. La paradoja es doble: por un lado, una compañía privada que presume de ser ‘top ten’ en contratación no logra mantener a su plantilla activa; por otro, el Estado acaba supliendo las carencias de un modelo que él mismo subsidia vía contratos y subvenciones. Como apunta un análisis, “Eulen es más pública que muchos ministerios” en cuanto a dependencia del BOE.
El absentismo no solo encarece los servicios, sino que abre la puerta a incumplimientos contractuales. Si el 100% de la plantilla de un servicio se ausenta, la empresa se enfrenta a penalizaciones y posibles resoluciones de contrato. La solución pasa por medidas imaginativas, desde contratos en origen hasta bonificaciones por asistencia, pero ninguna ha logrado atajar el problema de raíz.
La edad como factor agravante
Otro elemento que suele pasarse por alto es el envejecimiento de las plantillas en sectores como la limpieza y los servicios auxiliares. Con una media de edad cercana a los 48 años, los achaques físicos y las secuelas de enfermedades como la ELbichito-19 elevan las bajas de forma natural. A esto se suma una generación de trabajadores mayores de 55 que espera la jubilación o el despido indemnizado, mientras los más jóvenes optan directamente por no integrarse en un mercado que consideran sin futuro.
¿Incentivos perversos o picaresca laboral?
La discusión enfrenta dos relatos. Por un lado, el empresarial, que denuncia el “escaqueo” como una forma de corrupción equiparable a la de los políticos condenados. Por otro, el que defiende que el absentismo es una respuesta racional a un sistema que pide compromiso sin ofrecer condiciones dignas. La realidad, como casi siempre, tiene matices: existe baja fraudulenta, pero también patologías reales no cubiertas por la sanidad pública y una fatiga social que se manifiesta en forma de desenganche.
El debate sobre el absentismo en Eulen no es un caso aislado. Es el síntoma de un modelo económico que ha llegado a un callejón sin salida, donde el ‘contrato social’ se ha roto y nadie sabe cómo recomponerlo. Las cifras no mienten: 5.000 personas al día no van a trabajar. La pregunta es si el sistema puede permitírselo y, sobre todo, si quiere hacer algo para cambiarlo.