Mola, el arquitecto olvidado del 18 de julio
Cuando se habla del alzamiento de 1936, el foco casi siempre acaba en Franco. Pero la documentación histórica es tozuda: el plan, la coordinación y la dirección de la conspiración llevan la firma de Emilio Mola. No es una opinión, es un hecho aceptado desde hace décadas, aunque el relato popular se empeñe en simplificarlo todo en torno al Caudillo.
Mola, destinado en Pamplona como jefe de la Brigada de Montaña XII, fue el que tejió la red de contactos, fijó las fechas y redactó las instrucciones. Su apodo "El Director" no era un capricho. Sin embargo, su muerte en accidente de avioneta en 1937 —en Alcocero, Burgos, desde entonces llamado Alcocero de Mola— le borró del primer plano. Franco, que había dudado hasta el último momento, ocupó el vacío.
Franco, el remolón que acabó de generalísimo
Lo que más sorprende al repasar los hechos es la actitud de Franco antes del 18 de julio. Lejos del impulso decidido que luego se le atribuyó, el entonces general se movió con cautela. Horas antes del asesinato de Calvo Sotelo, Franco envió un telegrama cifrado con la frase "Geografía poco extensa", que los entendidos interpretaron como que aún no se daban las condiciones para sublevarse. El propio Mola, junto al financiero Juan March, intentó presionarlo con hechos consumados.
El asesinato de Calvo Sotelo fue el detonante que terminó de convencer a Franco, pero no sin antes asegurarse cobertura: March le garantizó apoyo financiero y un exilio dorado para su familia si la cosa fallaba. El Dragon Rapide que lo llevó de Canarias a Tetuán ya había salido de Reino Unido antes del crimen, lo que indica que Franco jugaba al despiste. Una vez dentro, maniobró con rapidez para convertirse en líder indiscutible, apoyado por Mola y otros generales. Con todo, algunos analistas señalan que Mola nunca quiso un caudillaje unipersonal ni la vuelta de la monarquía borbónica: su proyecto era una Junta Militar que luego diera paso a autoridades civiles.
¿Golpe militar o cívico-militar?
Una de las controversias recurrentes es si el alzamiento fue exclusivamente militar o contó con un amplio respaldo civil. Hay quien sostiene que reducirlo a Franco o a Mola es un error: fue un conglomerado de militares, monárquicos, financieros y sectores conservadores. La fijación de la izquierda en Franco como único responsable sería, según esta visión, una simplificación interesada. En la conspiración participaron desde Juan March hasta los servicios británicos —que veían con recelo el Frente Popular y la influencia soviética en España—, pasando por la patronal que, tras la neutralidad en la I Guerra Mundial, no repartió las ganancias y prefirió disciplinar al pueblo.
El contexto de 1936 era explosivo. Sucesos como los disturbios del 14 de abril (quinto aniversario de la República), la muerte del teniente Castillo y el asesinato de Calvo Sotelo fueron escalones de una escalada que muchos consideran inevitable. El Frente Popular, con Largo Caballero al frente, había declarado públicamente su objetivo de dar un "contra-golpe" revolucionario, y desde sectores republicanos se argumenta que el gobierno de Casares Quiroga permitió conscientemente que conspiradores conocidos —como Mola, Goded o Franco— ocuparan puestos clave para provocar el alzamiento y así justificar la revolución. La historia, sin embargo, no es un manual de instrucciones.
El último vuelo de Mola
El 3 de junio de 1937, Mola murió al estrellarse su avioneta en una colina de Alcocero. Su muerte, envuelta en leyendas de sabotaje, dejó el camino expedito a Franco. El pueblo que hoy se llama Alcocero de Mola recuerda al general, pero su figura sigue siendo secundaria en la memoria colectiva. Se ha especulado con que, de haber vivido, el régimen posterior habría sido muy distinto: más colegiado, menos personalista y quizás sin el monopolio de poder que Franco acumuló. Pero las ucronías no cambian los hechos.
Lo cierto es que Mola preparó el tablero, movió las piezas y diseñó la operación. Franco, con su habilidad política y su oportunismo, se llevó el premio. La historia la escriben los vencedores, pero también los que sobreviven para contarla.