Emigrar a Austria: la paradoja de huir de la inmigración
Plantearse Austria como refugio cuando lo que se quiere dejar atrás es la inmigración que se ve en Barcelona tiene algo de espejismo. El país alpino tiene otra composición de extranjeros -turcos, balcánicos, europeos del Este-, pero el hecho migratorio no desaparece: cambia de origen. Quienes lo consideran como destino suelen llegar con un alemán de nivel medio y la esperanza de pasar desapercibidos. La experiencia de campo dice que el aspecto físico es justo lo que menos importa.
El alemán que tienes y el que te vas a encontrar
Un nivel B2 de alemán recién obtenido abre puertas en Austria, incluidas ciudades como Graz, y sirve para la Suiza alemana con matices. El problema es el Schweizerdeutsch: un dialecto sin gramática estandarizada que, según una voz instalada en Berna desde hace 40 años, no se estudia, solo se aprende en la calle. El Hochdeutsch permite arrancar y es idioma oficial en Suiza, pero el día a día se habla en dialecto. Traducción: puedes llegar con buen alemán y quedarte fuera de la conversación real.
Sueldos, distancia social y las alternativas del Este
Austria paga buenos sueldos y la seguridad social funciona, con una política migratoria descrita como de mano dura. Pero fuera de Viena el panorama se desinfla: una experiencia con un hermano instalado allí define el país como la versión cutre de Suiza y Alemania, un erial con paisajes bonitos. En Viena se aprecia clasismo y pijerío; a los austriacos, en general, se los describe como distantes, arrogantes y poco cosmopolitas. El contraste con los alemanes, a los que se considera mejor gente, es recurrente.
Ante ese retrato, la conversación se desvía hacia Suiza como el mal menor -si se asume el dialecto- y hacia Lituania o Estonia para quien prefiere sociedades menos permeables a la corrección política. Hungría aparece en el mapa, pero recibe críticas duras de quienes han pisado Budapest. El Este europeo se cuela como tercera vía en un debate que ya no mira solo hacia el oeste.
La pregunta que flota al final no es si Austria es mejor que España, sino si quien emigra está dispuesto a ser extranjero para siempre. Se puede tener ojos azules, alemán fluido y aspecto austríaco; aun así, te leerán como español. Y eso ni Suiza ni Graz lo cambian.