Rusia anuncia el cerco de 15.000 soldados ucranianos en el Donbás
El cerco está cerrado. Así lo anunciaron los medios rusos en mayo de 2022: entre 15.000 y 16.000 militares ucranianos habrían quedado atrapados entre Severodonetsk y Lisichansk, en pleno Donbás. La fuente es la autodenominada República Popular de Lugansk, replicada después por cabeceras como Gazeta.ru e Iz.ru y perfectamente localizable en el buscador Yandex sin necesidad de VPN. La letra pequeña admite otra lectura: el cerco no está consolidado. Lo que hay es una orden de no retirarse y tres puentes batidos por la artillería.
¿Cuántos soldados ucranianos hay en la bolsa?
Las cifras bailan según quien las cuenta. El anuncio inicial hablaba de
16.000 efectivos metidos en la
caldera. La versión de la República Popular de Lugansk, fechada el 17 de mayo, la rebajaba a un grupo de
15.000 soldados. Y hay estimaciones que suben mucho más: fuentes militares citadas desde Sudamérica elevan a
40.000 hombres el total desplegado en el saliente de Severodonetsk, con la
flor y nata del ejército ucraniano concentrada allí por ser frente de guerra desde 2014. Con ese abanico, cualquier titular es defendible. Y ese es justo el problema.
Tres puentes y una carretera para salir
La geografía no engaña tanto como las cifras. Severodonetsk queda al otro lado del río y solo tiene
tres puentes de salida, todos al alcance de la artillería rusa. El del norte está bajo tiro de mortero pesado desde Voivodka, a unos
cuatro o cinco kilómetros. Con la cabeza de puente en Bilogorovka, a Lisichansk le quedaría una sola carretera para recibir suministros.
Conviene precisar qué significa aquí estar embolsado. No hay cerco físico consolidado. Hay algo más incómodo: una retaguardia de más de
veinte kilómetros de apertura donde cada vía de comunicación está a menos de diez kilómetros de las posiciones rusas. A esa distancia el proyectil vuela poco y acierta mucho. Ni retirada limpia ni refuerzos tranquilos.
Zaluzhny quería retirarse y la orden fue resistir
Aquí se cruza la táctica con la política. Versiones que circulan entre analistas militares sitúan al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas ucranianas,
Valeri Zaluzhny, proponiendo abandonar la zona fortificada y replegar lo salvable hacia Slavyansk, donde las posiciones son mejores. La respuesta atribuida a
Volodímir Zelenski habría sido la contraria: reforzar Severodonetsk y Lisichansk para sostener la defensa.
El motivo no sería militar, sino de
relato. Kiev necesitaba una victoria que contar. Es el tipo de decisión que se juzga años después, y casi siempre con el resultado ya conocido.
Stalingrado, Falaise y el mito del cerco decisivo
La historia juega en contra del entusiasmo. El ejército soviético fue embolsado muchas más veces de las que consiguió embolsar, y Stalingrado fue su único cerco espectacular de toda la guerra. Los alemanes hicieron millones de prisioneros con los suyos en 1941 y no les sirvió para ganar. En el gran cerco soviético quedaron unos
250.000 hombres.
El dato que se repite estos días es otro. En
2014, en el Donbás, una ofensiva de fuerzas presentadas como locales habría dejado unos
10.000 soldados ucranianos fuera de combate en una maniobra de embolsamiento. El alto mando ucraniano tardó cerca de un año en reconocerlo.
Kiev, Chernigov, Sumy y Jarkov: los cercos que no salieron
Lo recuerdan quienes desconfían del anuncio. Los intentos de rodear núcleos urbanos al inicio de la campaña no terminaron de cerrarse y las fuerzas rusas acabaron replegándose de varios frentes. Con las tropas disponibles, sostienen, es imposible reproducir cercos de la segunda guerra mundial: no habrá cientos de miles de prisioneros, ni probablemente decenas de miles.
El contraargumento es que la fase ha cambiado. Con menos frentes abiertos, mejor logística y la artillería como herramienta principal, las condiciones son otras. En el lado opuesto se apunta a que la artillería ucraniana mantiene ventaja en eficiencia desde el primer día, que Estados Unidos se dio cuenta y está reforzando esa baza, y que el desgaste ruso en ese capítulo es notable. Dos relatos, cero terreno neutral.
Lo que se decidirá en los próximos días no es la guerra, sino si el alto mando ucraniano sacrifica unidades veteranas por un titular o las conserva para la siguiente línea. La artillería ya ha elegido su parte del trabajo. Con esas distancias, hablar de retirada ordenada suena más a
desiderátum que a plan.