Mouliaá atribuye a un «karma» la muerte de la hija de una amiga
Una mujer que dice que va a ganar el juicio contra un político conocido por su defensa del
feminismo. Una amiga que no quiso mentir en el juicio para no empapelarla por denuncia falsa. Y una niña que murió. Elisa Mouliaá, según lo que circula sobre ella, habría celebrado esa muerte como el
karma que le llega a la madre por no haber declarado a su favor. Después, un «lo siento, me equivoqué» que, según quienes siguen el caso, llega tras más de una hora respondiendo exactamente lo mismo.
El episodio se enmarca en un procedimiento por una supuesta denuncia falsa y en el litigio que la actriz mantiene con Íñigo Errejón. La versión que se difunde sostiene que, tras ese mensaje, volvió a denunciar al político, algo que se interpreta como un intento de tapar el episodio anterior. La fiscalía, según el relato que se repite, habría pedido la libre absolución del denunciado en su escrito final.
Qué se le atribuye exactamente a Elisa Mouliaá
Lo que se le reprocha no es una opinión política, sino un mensaje sobre la muerte de una menor. La acusación que circula es que se mofó de esa muerte y la presentó como consecuencia de un daño previo que la madre le habría causado a ella. El detalle que se repite es el tiempo: más de una hora respondiendo lo mismo antes de rectificar.
Hay quien sostiene que esa rectificación no es sincera, sino una retirada táctica. Otros defienden que el conjunto del caso muestra a una persona con problemas de salud mental y que el foco debería estar en el procedimiento judicial, no en sus mensajes. La discusión sobre si el «lo siento» basta ocupa buena parte del intercambio.
El juicio, la denuncia falsa y la versión de la fiscalía
El eje jurídico del asunto es una supuesta denuncia falsa. La tesis que se difunde es que la amiga fue llamada a declarar y se negó a mentir para no dejar a la denunciante en evidencia. De ahí nace el agravio que, según esa versión, explicaría el mensaje sobre la niña fallecida.
El dato que más se repite es el de la fiscalía: en su escrito final habría pedido la libre absolución de Errejón. Si esa petición se confirma, el caso quedaría muy debilitado para la acusación. La consecuencia práctica, señalan quienes siguen el procedimiento, es que la actriz alarga el litigio porque vive de las exclusivas que genera.
Por qué el caso se ha convertido en un ajuste de cuentas político
El denunciado es un político que durante años sostuvo que hay que creer siempre a las víctimas y que negaba la existencia de denuncias falsas. Ese detalle es el que convierte el asunto en un caso de manual para quienes observan la política española con desconfianza. El argumento que se repite es simple: quien defendía ese marco ahora lo sufre en carne propia.
La lectura más cínica es que el sistema judicial funciona como una ruleta y que la posición de cada cual depende de a quién le toca la bola. La lectura más dura sostiene que la actriz es una denunciante falsa y que debería estar entre rejas. Entre ambas hay una zona gris: la de quien cree que el procedimiento debe seguir su curso sin convertir cada comparecencia en un espectáculo.
El dinero, las arras y el piso prometido
Otro frente del caso es económico. Según lo que se comenta, la actriz dijo que el dinero ganado en televisión lo donaría a víctimas de maltrato y que no se compró un piso con él. En la misma frase, sin embargo, habría reconocido que pagó unas arras y que luego se quedó sin ese dinero. El resumen que se hace es que intentó comprar el inmueble pero no le llegó.
Ese detalle se usa para cuestionar el relato de victimización y de heroína defensora de las mujeres que, según esta lectura, la actriz intenta construir para conservar público y contratos. La conclusión que se extrae es que el discurso no cuadra con los números.
Queda la pregunta de fondo, la que nadie responde del todo: si el caso se resolverá por vía judicial o si, como sospechan muchos, lo que realmente lo mantiene vivo es la industria de la exclusiva. Mientras tanto, la niña sigue muerta y el «karma» sigue siendo, para unos, una explicación y, para otros, una coartada.