Cubatas a 5 pavos y carpas públicas: así se vivió el eclipse en España
Un hombre llega al punto de observación del eclipse, pide un cubata y suelta: esto es mejor que un festival. A su alrededor, carpas, duchas, agua fría, hielo gratis y un concierto de petardos. La escena no ocurre en un macrofestival privado: ocurre en un espacio municipal habilitado para ver el eclipse, y resume bastante bien lo que ha sido la organización del fenómeno en España.
El eclipse como infraestructura pública
La organización alcanzó, según las crónicas, a un centenar de municipios. En ellos se montaron puntos de coordinación bautizados como 'punto CECOPI', con servicios que en otros países ni se plantean: duchas, hielo, agua, carpas. La comparación con el resto del mundo es directa: fuera de España te dejan en medio de la nada. Eso genera un orgullo que, a la vez, abre la pregunta de cuánto cuesta montar todo esto y quién lo paga.
La economía low cost del eclipse
El consumo no se quedó atrás. Los cubatas corrieron a 5 pavos, y la oferta de marcas era un catálogo de parodia: vodka Yurinka, gin Lirios, guiski Pepe. Incluso el whisky DYC apareció rebautizado como 'DYC 8 años de Eufemismo Fuentes', una humorada que dice más de la escena que cualquier encuesta. Las gafas homologadas se convirtieron en el souvenir obligatorio, y alrededor del fenómeno creció un pequeño mercadillo de sudaderas y complementos.
La política asomándose al eclipse
La expectación llegó al punto de esperar la visita de Pedro Sánchez, y hubo quien propuso salir a aplaudir a las ventanas a la hora del eclipse, rescatando la liturgia del confinamiento. El eclipse, en definitiva, ha sido un fenómeno económico con una pátina institucional que pocos esperaban. El dato que descoloca: lo que parece un festival privado es, en realidad, una maquinaria pública desplegada en un centenar de municipios. Y nadie parece haber echado cuentas exactas de lo que costó.