Vox votó el estado de alarma que el Constitucional tumbó en 2021
¿Votó Vox a favor del estado de alarma que después llamó atropello? Sí. El 14 de marzo de 2020, con España a punto de encerrarse en casa, la prórroga salió adelante con
321 votos a favor y el partido de Santiago Abascal estaba entre ellos. Quince meses después, el Tribunal Constitucional declararía inconstitucional parte de aquel texto. Entre esas dos fechas cabe una discusión que lleva más de tres años sin cerrarse.
¿Qué votó Vox el 14 de marzo de 2020?
El diario de sesiones de aquel pleno recoge el apoyo sin ambigüedades. La prórroga del estado de alarma se aprobó por mayoría amplia y Vox votó a favor. Lo llamativo es que, en esa misma sesión, Abascal reclamara la autoría política de la medida:
«Fui yo el que le exigió el 10 de marzo el estado de alarma», dijo, antes de pedir que Sánchez asumiera el mando único de todas las administraciones.
Tampoco fue un lapsus aislado.
La formación publicó entonces mensajes ofreciendo su respaldo al Ejecutivo si este centralizaba la gestión: «Si Sánchez necesita los votos de VOX para decretar el estado de alarma, unificar gestión de la crisis y poner todos los servicios del Estado a combatir la pandemia y sus efectos económicos y sociales, puede contar con ello», rezaba uno de ellos. En otro, celebrando que el Gobierno adoptara medidas que decía reclamar desde días antes, remataba con un «más vale tarde que nunca».
Traducido al castellano: el partido que hoy se presenta como azote del confinamiento pidió más mando central, más coordinación estatal y votó lo que había encima de la mesa.
La sentencia de julio de 2021 que cambió el relato
El 14 de julio de 2021, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucionales algunas disposiciones del
Real Decreto 463/2020, el que articuló el estado de alarma. El argumento fue técnico y demoledor: las restricciones no constituían una mera limitación de la libertad de circulación, sino una auténtica suspensión, y eso chocaba con el artículo 55 de la Constitución.
A partir de ahí, Vox reescribió su papel en la función. Se atribuyó haber tumbado el estado de alarma y se presentó como el único partido que había defendido la vacunación voluntaria y el único contrario al pasaporte COVID. Sus defensores lo resumen con una frase que se repite: se votó a favor mientras era constitucional, con reservas, y se ganó después en los tribunales.
El problema de ese relato es la cronología. La sentencia llega quince meses más tarde, cuando el daño ya estaba hecho, y el reproche que se lanza desde el otro lado no va contra lo votado en 2021, sino contra lo votado en 2020.
¿Por qué se acusa a Vox de ser cómplice del estado de alarma?
Aquí arranca el núcleo del malestar. Una parte de quienes siguen este asunto sostiene que sin aquel respaldo la medida habría sido mucho más difícil de sostener, y que la formación tenía herramientas para forzar responsabilidades políticas y no las usó. La acusación va más allá del voto puntual: se le reprocha haber esperado a que el desgaste hiciera el trabajo solo, confiando en que los acontecimientos cayeran por su propio peso.
El contraargumento también tiene recorrido. Quien defiende a la formación recuerda que el texto era constitucional en ese momento, que votar contra él en plena emergencia sanitaria era electoralmente suicida y que fue después el propio tribunal quien dio la razón a quienes lo cuestionaban. En términos jurídicos, sostienen, no había nada que recurrir hasta que existió una sentencia.
Ninguna de las dos partes ha logrado imponer su marco. Y en esa grieta sin cerrar se ha instalado buena parte del electorado que se considera fuera del orden de 1978.
Vacuna voluntaria y pasaporte COVID: las banderas posteriores
Con el confinamiento ya en el retrovisor, el partido reorientó el discurso hacia la gestión sanitaria. Se presentó como defensor de que la vacunación fuera voluntaria y como oposición frontal al pasaporte COVID, y esas dos posiciones se convirtieron en su principal aval frente a PP y PSOE.
Es la misma jugada que se lee en otros frentes: marcar distancia con los dos partidos grandes en los asuntos donde el descontento es mayor. El estado de alarma es, precisamente, el ejemplo que sus críticos usan para demostrar lo contrario.
Del Congreso al 23J: la pelea con el PP
Según avanzaba el tiempo, el foco dejó de estar en 2020 y se trasladó a la tribuna. En el debate parlamentario, Abascal se situó por encima del PP en dureza y soltó su frase más repetida:
350.000 votantes que apoyaron a Sánchez en el 23J y que, según él, ahora le votarán a él.
De ahí sale un análisis recurrente: si el PP mantiene su actual dirección, Vox podría superarle. No se apoya en encuestas citadas, sino en la percepción de desgaste del socio mayor de la derecha tras cada sesión. La política como carrera de fondo, con el rival desgastándose solo.
Votar a favor, celebrar años después que un tribunal lo anule y presentarse como quien lo tumbó. Hay quien llama a eso coherencia tardía y quien lo llama otra cosa. El Constitucional, por su parte, no vota.