Eric Finch
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El verdadero factor humano
30/10/2026Ignacio Camacho-ABC
- Adamuz y Urda son la consecuencia trágica de la ruina estructural a la que una banda de aventureros políticos ha conducido a España
El Gobierno ha filtrado para exculparse los audios (editados) de los controladores del AVE y lo que ha conseguido es meternos más miedo. Porque lo que se oye en el teórico centro de control es un descontrol absoluto, un caos de órdenes contradictorias, el monumental desconcierto de un montón de gente que tiene media docena de trenes parados en la misma vía y no sabe qué hacer con ellos. Y luego Puente, el ministro tuitero, reconoce que las ‘caídas’ del sistema electrónico de señalización son una eventualidad reiterada en los últimos tiempos, lo que explica esas frecuentes paradas en el trayecto que se han vuelto familiares para cualquier viajero. La pavorosa conclusión a la vista es que la fiabilidad del transporte ferroviario está en manos de un hatajo de ineptos. Incluidos los componentes de un Gabinete que acumula, según sus propias cuentas, un déficit de 3.600 millones de euros en inversiones de mantenimiento. La consecuencia de no haber logrado aprobar unos solos Presupuestos en un mandato completo. El resultado de aquella chulería de gobernar con o sin el Parlamento. Que acabó siendo ‘sin’ como todos sabemos.
Por mucho que el Ejecutivo, desesperado en plena campaña ante la manifiesta quiebra de su estrategia, descargue sobre uno o varios operadores de Adif la responsabilidad de la tragedia, no tiene modo de eludir la realidad previa de una avería técnica. La tecnología del ya tristemente famoso mecanismo LZB ha funcionado en el corredor andaluz durante más de tres décadas pero todos los expertos la consideran obsoleta y el propio Ministerio estaba pendiente de remplazarla por otra más moderna. Los españoles hemos descubierto así con pavor que el motivo de la lenta circulación de los trenes no sólo es el estado lamentable de las líneas férreas –revelado tras el desastre de Adamuz– sino las fallas casi rutinarias del procedimiento de alerta que obligan a los maquinistas a reducir la marcha y recorrer algunos tramos a 40 kilómetros por hora en vez de a doscientos cuenta, el estándar de alta velocidad que da nombre al sistema. Es decir, que la vida de decenas de miles de pasajeros diarios queda al albur de un factor individual sometido a la pura contingencia.
Los usuarios habíamos renunciado ya a la rapidez y la puntualidad, aunque Renfe sigue cobrándolas, pero hasta el miércoles manteníamos una cierta confianza en que la seguridad aún estaba razonablemente garantizada. Ahora sabemos que además del deterioro de la infraestructura de raíles y catenarias existe un amplio margen de riesgo a merced de las circunstancias. Esa colosal demostración de negligencia e ineficacia es la obra de un grupo de aventureros políticos que se ha apoderado del Estado y ha destruido sus instituciones, desmantelado servicios y dilapidado sus recursos en grandes operaciones de propaganda. Lo que ha revelado la catástrofe toledana es la situación de ruina estructural y sarracena a la que esta banda ha conducido a España. Y eso sí que es un fallo humano, demasiado humano, de la democracia.
