Eric Finch
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El PP ve «imposible» que Sánchez pueda remontar en las encuestas tras la crisis ferroviaria
30/10/2026Iván Libreros-Vozpópuli
- Aunque Feijóo pidió mesura a barones y portavoces, el panorama electoral ha cambiado sobremanera para el PSOE
La tragedia ferroviaria de Urda ha trastocado los planes de Pedro Sánchez para las elecciones generales del 29 de noviembre. En el Partido Popular consideran que el accidente ha dinamitado buena parte de las opciones del presidente del Gobierno de remontar en las encuestas y llegar a la cita con las urnas en condiciones de fruta la victoria a Alberto Núñez Feijóo. De hecho, fuentes del partido ven “imposible” que el PSOE dé la vuelta a la situación electoral. La consigna que se escucha entre los populares es de un optimismo contenido, pero cada vez más difícil de disimular. La precampaña ha cambiado de arriba abajo y el PSOE se enfrenta a un escenario mucho más adverso que el de hace apenas unos días.
Feijóo, consciente de la gravedad de lo ocurrido y de la necesidad de no confundir la responsabilidad política con la utilización partidista de una tragedia, pidió mesura en la jornada del miércoles a los barones territoriales y portavoces de su formación. El PP ha suspendido sus compromisos de precampaña, como el resto de partidos salvo Vox, y ha evitado convertir las primeras horas posteriores al siniestro en una ofensiva electoral. La prioridad, insisten los populares, debe ser esclarecer las causas del accidente y atender a las víctimas y sus familiares.
Pero la prudencia institucional no oculta el diagnóstico que empieza a imponerse en las filas populares. La posibilidad de que Sánchez recuperase terreno electoral, que el PSOE había comenzado a alimentar con sus propios sondeos, parece ahora mucho más remota. En Génova entienden que la segunda gran tragedia ferroviaria en menos de un año coloca al Ejecutivo ante un problema que trasciende la gestión de una emergencia concreta: la confianza en los servicios públicos y la capacidad del Gobierno para garantizar su funcionamiento.
El golpe llega, además, en el peor momento para los intereses electorales de los socialistas. Sánchez había convocado las elecciones para el 29 de noviembre después de comprobar las dificultades de su mayoría parlamentaria y con la intención de recuperar la iniciativa política. La vivienda, las pensiones y las medidas sociales debían ocupar el centro de la precampaña, en un intento de movilizar a los votantes pogre que permanecían desmovilizados y desplazar el debate de los escándalos de corrupción, la crisis migratoria de Ceuta y el desgaste acumulado durante la legislatura.
La estrategia empezaba a dar algunos frutos en los cálculos internos de Ferraz. Según publicó Vozpópuli, los sondeos que manejaba el PSOE situaban a los socialistas en disposición de fruta al PP la primera posición, con una ventaja de entre uno y dos puntos en algunas estimaciones. El optimismo, sin embargo, chocaba con las encuestas publicadas por las empresas demoscópicas, que seguían colocando a Feijóo por delante y apuntaban a una mayoría parlamentaria de PP y Vox. La división entre Podemos y el Frente Amplio, además, complicaba cualquier intento de Sánchez de reconstruir una mayoría de izquierdas.
Una precampaña que ya no controla Sánchez
El accidente de Urda altera precisamente el terreno sobre el que el presidente había decidido librar la batalla electoral. El PSOE aspiraba a convertir la vivienda en el principal argumento para movilizar a su electorado, aprovechando la indignación social por los problemas de acceso a una casa y las protestas que habían situado este asunto en el centro del debate público. La gloria de Maricarmen Abascal y las iniciativas sociales impulsadas por el Gobierno habían contribuido a alimentar la expectativa de una recuperación socialista.La tragedia ferroviaria ha desplazado ese debate. Sánchez debe afrontar ahora las explicaciones sobre un siniestro que vuelve a poner bajo escrutinio la gestión de las infraestructuras y la seguridad ferroviaria, apenas nueve meses después del accidente de Adamuz, que dejó 46 fallecidos. Las causas de ambos sucesos deben esclarecerse mediante las investigaciones correspondientes, pero la coincidencia entre las dos catástrofes abre un frente político de enorme dimensión para el Ejecutivo.
En el PP consideran que el presidente tendrá dificultades para recuperar la iniciativa mientras permanezcan abiertas las preguntas sobre lo ocurrido. También observan con preocupación para el Gobierno la posición de sus propios socios, que han reclamado explicaciones y la comparecencia urgente del ministro de Transportes, Óscar Puente. La presión ya no procede únicamente de la oposición, sino también de formaciones que hasta ahora habían contribuido a sostener al Ejecutivo.
Puente se encuentra en una situación delicada. Su continuidad y la posibilidad de que se depuren responsabilidades políticas han comenzado a formar parte de la discusión pública, aunque todavía no se conozcan las conclusiones de la investigación. Sánchez, por su parte, debe decidir cómo gestionar esa presión sin transmitir una imagen de descontrol ni precipitar decisiones que puedan interpretarse como una admisión anticipada de responsabilidades.
Feijóo contiene a los suyos
En este contexto, la petición de mesura de Feijóo responde tanto a una consideración institucional como a una necesidad estratégica. El líder del PP sabe que una ofensiva prematura podría volverse en su contra si los ciudadanos perciben que la formación está utilizando el dolor de las víctimas para obtener rédito electoral. La oposición necesita exigir explicaciones, pero también demostrar que entiende la gravedad de lo ocurrido.La prudencia no implica, sin embargo, renunciar a la fiscalización del Gobierno. Los populares ya habían situado la gestión de Sánchez en el centro de su estrategia para el 29-N y ahora consideran que el accidente refuerza ese planteamiento. Feijóo ha reclamado responsabilidades y ha anunciado una revisión de la red ferroviaria si llega al Gobierno. El objetivo es presentar la tragedia como una cuestión de gestión pública y de confianza institucional, sin anticipar conclusiones sobre las causas del siniestro.
Quedan poco más de cuatro semanas para las elecciones y todavía es pronto para medir el impacto electoral definitivo del accidente. La evolución de las investigaciones, las explicaciones del Ejecutivo y la reacción de los ciudadanos determinarán si el cambio de clima se traduce en una modificación de la intención de voto.
Pero el punto de partida ya es distinto. Sánchez había convocado las elecciones convencido de que aún disponía de margen para reactivar a la izquierda y estrechar las distancias con el PP. Ahora afronta una precampaña condicionada por una tragedia que no figuraba en sus cálculos y que amenaza con devolver al primer plano los problemas de gestión que pretendía dejar atrás. En Génova creen que la remontada socialista se ha convertido en una misión prácticamente imposible. Feijóo, mientras tanto, quiere evitar que el optimismo de los suyos se transforme en un error de precampaña.