El 5 de noviembre de 1976 se inauguró el paso transfronterizo que cambió las relaciones con Francia. Se abrió sin iluminación y hoy cuenta con modernos sistemas de seguridad
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Fue el primer túnel carretero transfronterizo entre España y Francia, y sus impulsores fueron un grupo de visionarios convencidos de que “agujerear” la montaña supondría la entrada y salida ya no solo de vehículos y mercancías, sino de ideas y modos de entender la vida y desarrollar sectores como el comercio o el turismo. Y el tiempo no ha hecho más que demostrar que tenían razón.
Este 5 de noviembre, se cumplen 50 años de la “brillante” inauguración del túnel de Bielsa-Aragnouet, como describió la apertura del paso transpirenaico este periódico en su edición del 6 de noviembre de 1976.
Medio siglo de existencia en el que el túnel ha pasado de ser un acceso entre Aragón y Altos Pirineos sin tener tan siquiera iluminación a una infraestructura moderna con medidas de las seguridad que exige la normativa y una gestión hispanofrancesa que, hoy por hoy, garantiza que el paso no se cierre por el hecho de que nieve, gracias a los recursos propios de vialidad invernal que permiten la limpieza de las carreteras de acceso al mismo en ambos lados del Pirineo. Se cuenta con tres máquinas quitanieves, una retroexcavadora y una pala cargadora para atender 11 kilómetros de carretera (5 de la vertiente española y 6 de la francesa).
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Solo el riesgo de que la nieve acumulada pueda desprenderse en forma de avalancha sobre la calzada obliga a clausurar el túnel. “Pueden ser entre 7 y 10 días de cierre por invierno”, aunque el pasado fueron 11, apunta Andrés Olloqui, actual director de Infraestructuras Transfronterizas de la AECT Pirineos-Pyrénées (Agrupación Europea de Cooperación Territorial Pirineos-Pyrénées), que comenta que él ha llegado a ver “avalanchas de seis metros de alto, cubriendo los dos carriles, con una extensión de entre 30 y 40 metros”.
Y es que la cesión de la gestión de los últimos kilómetros de las vías de ambas vertientes que desembocan en el paso al Consorcio del Túnel de Bielsa-Aragnouet -actualmente integrado en la citada AECT- fue todo un acierto, según Olloqui. “Esto hace que nuestro leitmotiv, nuestro objetivo en lo que es la gestión de la vialidad invernal sean los accesos al túnel”, confiesa.
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Este ingeniero recuerda que la firma del convenio entre los gobiernos de España y Francia para la construcción del túnel fue en marzo de 1962 y que las obras para horadar un paso subterráneo de 3 kilómetros se prolongaron desde 1967 a 1976. Los entonces alcaldes de Saint-Lary, Vicente Mir(descendiente de forasteros españoles); de Aragnouet, Jean Pichon; y de Bielsa, Roque Gistau, fueron los principales defensores e impulsores para se abriera el primer gran boquete en la cordillera pirenaica con el que romper la frontera física. No fue hasta 2003 cuando se inauguró el túnel de Somport, que son junto al sobrarbense los dos únicos pasos carreteros subterráneos de todo el Pirineo de carácter transfronterizo.
Durante años, con la llegada de las primeras nevadas, el túnel se cerraba en invierno para volver a abrirse en primavera, y la infraestructura no se iluminó hasta la década de los años 80, y solo en el parte española. Tras el grave accidente en el túnel de Mont Blanc de 1999, en el que murieron 39 personas, Europa modificó la normativa de seguridad de túneles. “Los túneles de más de 1.500 metros, como el de Bielsa, tenían que tener una serie de medidas de seguridad que no tenía hasta entonces ningún túnel en Europa, sobre todo en materia de incendios, que es lo peor que puede pasar”.
En mayo de 2008 se creó el Consorcio del Túnel de Bielsa-Aragnouet (participado al 50% por el Gobierno de Aragón y por el Departamento de Altos Pirineos). Y de 2010 a 2014, el túnel se modernizó para cumplir la normativa para convertirse “en una auténtica máquina” son distintos sistemas de detección temprana de incidentes, 67 cámaras, 55 ventiladores con los que poder gestionar diferentes estrategias de ventilación en caso de incendio, un cable termosensible que detecta las pequeñas variaciones de temperatura, tres centros de control con 13 trabajadores ligados al contrato de conservación del túnel, una iluminación en vapor de sodio que en 2028 se cambiará por leed, así como una red de hidrantes y un sistema de bombas para nutrirse de agua ante un posible fuego. La inversión fue de 21 millones de euros y se contó con financiación europea.
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Y es que un incendio en el interior del túnel es lo más temido. En sus 50 años, Bielsa-Aragnouet solo ha registrado uno, precisamente este año, en enero, de un vehículo ligero que ardió de manera espontánea, que se saldó sin heridos y que se apagó sin mayores consecuencias. Y en agosto de 2015 hubo otro en un armario de un sala estanca que no afectó para nada al tráfico.
Andrés Olloqui explica que el túnel no tiene galería de evacuación, que se suple con un sistema de gestión del tráfico automático, de manera que cuando lo sensores detectan un vehículo pesado se activa el modo de circulación unidireccional por el interior del paso, por el que está prohibido que transiten mercancías peligrosas.
El director de Infraestructuras Transfronterizas de la AECT reconoce que al ser un túnel en línea recta, con una limitación de velocidad de 60 kilómetros/hora y un tránsito medio de 1.000 vehículos/día, de los que entre 60 y 70 son camiones (en días laborables), facilita la ausencia de incidentes graves. Todos los años, salvo en la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, ha ido aumentado el tráfico. “Eso es buena señal, la gente se fía de pasar por aquí”, concluye .
Por su parte, el alcalde de Bielsa, Miguel Noguero, pone en valor el entusiasmo, ilusión y apertura de mente que tuvieron quienes impulsaron la construcción del túnel -que sirvió para salir de un secular aislamiento- y que vieron que “Bielsa tenía que mirar a Francia” y que el “desarrollo del valle nos podía venir por allí”, teniendo en cuenta, además, “que no estábamos cerca de nada”. Cincuenta años después, Noguero lo tiene claro: “Acertaron al mil por mil”, porque a partir de entonces el valle de Bielsa comenzó a beneficiarse de unos vecinos que tenían una economía distinta, y los “valores” que imperaban a cada lado cruzaron la frontera para impregnar a unos y a otros. La llegada de los franceses animó la apertura de tiendas, restaurantes y hoteles en Bielsa, relata Noguero, que recuerda el boom del turismo religioso.
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Fue el primer túnel carretero transfronterizo entre España y Francia, y sus impulsores fueron un grupo de visionarios convencidos de que “agujerear” la montaña supondría la entrada y salida ya no solo de vehículos y mercancías, sino de ideas y modos de entender la vida y desarrollar sectores como el comercio o el turismo. Y el tiempo no ha hecho más que demostrar que tenían razón.
Este 5 de noviembre, se cumplen 50 años de la “brillante” inauguración del túnel de Bielsa-Aragnouet, como describió la apertura del paso transpirenaico este periódico en su edición del 6 de noviembre de 1976.
Medio siglo de existencia en el que el túnel ha pasado de ser un acceso entre Aragón y Altos Pirineos sin tener tan siquiera iluminación a una infraestructura moderna con medidas de las seguridad que exige la normativa y una gestión hispanofrancesa que, hoy por hoy, garantiza que el paso no se cierre por el hecho de que nieve, gracias a los recursos propios de vialidad invernal que permiten la limpieza de las carreteras de acceso al mismo en ambos lados del Pirineo. Se cuenta con tres máquinas quitanieves, una retroexcavadora y una pala cargadora para atender 11 kilómetros de carretera (5 de la vertiente española y 6 de la francesa).
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Solo el riesgo de que la nieve acumulada pueda desprenderse en forma de avalancha sobre la calzada obliga a clausurar el túnel. “Pueden ser entre 7 y 10 días de cierre por invierno”, aunque el pasado fueron 11, apunta Andrés Olloqui, actual director de Infraestructuras Transfronterizas de la AECT Pirineos-Pyrénées (Agrupación Europea de Cooperación Territorial Pirineos-Pyrénées), que comenta que él ha llegado a ver “avalanchas de seis metros de alto, cubriendo los dos carriles, con una extensión de entre 30 y 40 metros”.
Y es que la cesión de la gestión de los últimos kilómetros de las vías de ambas vertientes que desembocan en el paso al Consorcio del Túnel de Bielsa-Aragnouet -actualmente integrado en la citada AECT- fue todo un acierto, según Olloqui. “Esto hace que nuestro leitmotiv, nuestro objetivo en lo que es la gestión de la vialidad invernal sean los accesos al túnel”, confiesa.
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Este ingeniero recuerda que la firma del convenio entre los gobiernos de España y Francia para la construcción del túnel fue en marzo de 1962 y que las obras para horadar un paso subterráneo de 3 kilómetros se prolongaron desde 1967 a 1976. Los entonces alcaldes de Saint-Lary, Vicente Mir(descendiente de forasteros españoles); de Aragnouet, Jean Pichon; y de Bielsa, Roque Gistau, fueron los principales defensores e impulsores para se abriera el primer gran boquete en la cordillera pirenaica con el que romper la frontera física. No fue hasta 2003 cuando se inauguró el túnel de Somport, que son junto al sobrarbense los dos únicos pasos carreteros subterráneos de todo el Pirineo de carácter transfronterizo.
Durante años, con la llegada de las primeras nevadas, el túnel se cerraba en invierno para volver a abrirse en primavera, y la infraestructura no se iluminó hasta la década de los años 80, y solo en el parte española. Tras el grave accidente en el túnel de Mont Blanc de 1999, en el que murieron 39 personas, Europa modificó la normativa de seguridad de túneles. “Los túneles de más de 1.500 metros, como el de Bielsa, tenían que tener una serie de medidas de seguridad que no tenía hasta entonces ningún túnel en Europa, sobre todo en materia de incendios, que es lo peor que puede pasar”.
En mayo de 2008 se creó el Consorcio del Túnel de Bielsa-Aragnouet (participado al 50% por el Gobierno de Aragón y por el Departamento de Altos Pirineos). Y de 2010 a 2014, el túnel se modernizó para cumplir la normativa para convertirse “en una auténtica máquina” son distintos sistemas de detección temprana de incidentes, 67 cámaras, 55 ventiladores con los que poder gestionar diferentes estrategias de ventilación en caso de incendio, un cable termosensible que detecta las pequeñas variaciones de temperatura, tres centros de control con 13 trabajadores ligados al contrato de conservación del túnel, una iluminación en vapor de sodio que en 2028 se cambiará por leed, así como una red de hidrantes y un sistema de bombas para nutrirse de agua ante un posible fuego. La inversión fue de 21 millones de euros y se contó con financiación europea.
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Y es que un incendio en el interior del túnel es lo más temido. En sus 50 años, Bielsa-Aragnouet solo ha registrado uno, precisamente este año, en enero, de un vehículo ligero que ardió de manera espontánea, que se saldó sin heridos y que se apagó sin mayores consecuencias. Y en agosto de 2015 hubo otro en un armario de un sala estanca que no afectó para nada al tráfico.
Andrés Olloqui explica que el túnel no tiene galería de evacuación, que se suple con un sistema de gestión del tráfico automático, de manera que cuando lo sensores detectan un vehículo pesado se activa el modo de circulación unidireccional por el interior del paso, por el que está prohibido que transiten mercancías peligrosas.
El director de Infraestructuras Transfronterizas de la AECT reconoce que al ser un túnel en línea recta, con una limitación de velocidad de 60 kilómetros/hora y un tránsito medio de 1.000 vehículos/día, de los que entre 60 y 70 son camiones (en días laborables), facilita la ausencia de incidentes graves. Todos los años, salvo en la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, ha ido aumentado el tráfico. “Eso es buena señal, la gente se fía de pasar por aquí”, concluye .
Por su parte, el alcalde de Bielsa, Miguel Noguero, pone en valor el entusiasmo, ilusión y apertura de mente que tuvieron quienes impulsaron la construcción del túnel -que sirvió para salir de un secular aislamiento- y que vieron que “Bielsa tenía que mirar a Francia” y que el “desarrollo del valle nos podía venir por allí”, teniendo en cuenta, además, “que no estábamos cerca de nada”. Cincuenta años después, Noguero lo tiene claro: “Acertaron al mil por mil”, porque a partir de entonces el valle de Bielsa comenzó a beneficiarse de unos vecinos que tenían una economía distinta, y los “valores” que imperaban a cada lado cruzaron la frontera para impregnar a unos y a otros. La llegada de los franceses animó la apertura de tiendas, restaurantes y hoteles en Bielsa, relata Noguero, que recuerda el boom del turismo religioso.
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