El túnel de Bielsa-Aragnouet cumple 50 años

El túnel de Bielsa-Aragnouet cumple 50 años
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El túnel transfronterizo de Bielsa-Aragnouet cumple 50 años desde su inauguración el 5 de noviembre de 1976, cuando se abrió sin iluminación como primer paso carretero subterráneo entre España y Francia. Hoy gestiona un tránsito medio de 1.000 vehículos diarios y afronta sus cierres invernales por avalanchas con medios propios de vialidad.

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El túnel transfronterizo de Bielsa-Aragnouet cumple 50 años desde su inauguración el 5 de noviembre de 1976, cuando se abrió sin iluminación como primer paso carretero subterráneo entre España y Francia. Hoy gestiona un tránsito medio de 1.000 vehículos diarios y afronta sus cierres invernales por avalanchas con medios propios de vialidad.

Hay infraestructuras que se explican solas con una fecha y un agujero en la montaña. El túnel de Bielsa-Aragnouet es una de ellas. El 5 de noviembre de 1976 se inauguró el primer paso carretero transfronterizo subterráneo entre España y Francia, un conducto de 3 kilómetros horadado bajo el Pirineo que entonces se abrió sin iluminación y que hoy funciona con sistemas de seguridad propios de otra época. Medio siglo después, el paso sigue siendo la única conexión de este tipo en el Pirineo aragonés y comparte con el túnel de Somport, inaugurado en 2003, el reducido club de los dos únicos pasos carreteros subterráneos transfronterizos de toda la cordillera.

La firma del convenio entre los gobiernos de España y Francia para construir el túnel se produjo en marzo de 1962. Las obras se prolongaron desde 1967 hasta 1976. Detrás del empeño estuvieron los entonces alcaldes de Saint-Lary, Vicente Mir, hijo de inmigrantes españoles; de Aragnouet, Jean Pichon; y de Bielsa, Roque Gistau. Los tres defendieron que agujerear la montaña no solo serviría para que pasaran vehículos y mercancías, sino también ideas y formas de entender la vida. El tiempo les dio la razón, aunque al principio el túnel funcionara a medio gas.

De abrir solo en primavera a operar todo el año

Durante años, con la llegada de las primeras nevadas, el túnel se cerraba en invierno y volvía a abrirse en primavera. La infraestructura no se iluminó hasta la década de los años 80, y solo en la parte española. Esa precariedad inicial contrasta con el modelo actual: la cesión de la gestión de los últimos kilómetros de las vías de ambas vertientes al Consorcio del Túnel de Bielsa-Aragnouet, hoy integrado en la Agrupación Europea de Cooperación Territorial Pirineos-Pyrénées (AECT), permitió que la vialidad invernal se centrara en los accesos. El resultado es que el paso ya no se cierra por el simple hecho de que nieve.

Los recursos propios lo sostienen. Hay tres máquinas quitanieves, una retroexcavadora y una pala cargadora para atender 11 kilómetros de carretera, de los cuales 5 corresponden a la vertiente española y 6 a la francesa. Solo el riesgo de que la nieve acumulada se desprenda en forma de avalancha sobre la calzada obliga a clausurar el túnel. El director de Infraestructuras Transfronterizas de la AECT, Andrés Olloqui, calcula que pueden ser entre 7 y 10 días de cierre por invierno, aunque el pasado fueron 11. Él mismo ha llegado a ver avalanchas de seis metros de alto cubriendo los dos carriles, con una extensión de entre 30 y 40 metros.

El tránsito medio es de 1.000 vehículos al día, de los que entre 60 y 70 son camiones en días laborables. La limitación de velocidad es de 60 kilómetros por hora y el túnel es en línea recta. Todos los años, salvo durante la pandemia, el tráfico ha ido aumentando. Para Olloqui, eso es buena señal: la gente se fía de pasar por aquí.

El accidente de Mont Blanc que cambió las reglas

El túnel de Bielsa-Aragnouet no siempre tuvo los estándares actuales. Tras el grave accidente en el túnel de Mont Blanc en 1999, en el que murieron 39 personas, Europa modificó la normativa de seguridad de túneles. Los túneles de más de 1.500 metros, como este, tuvieron que incorporar una serie de medidas que hasta entonces no tenía ningún túnel en Europa, sobre todo en materia de incendios, que es lo peor que puede pasar.

La adaptación llegó entre 2010 y 2014, con una inversión de 21 millones de euros y financiación europea. El túnel se convirtió en una auténtica máquina: sistemas de detección temprana de incidentes, 67 cámaras, 55 ventiladores para gestionar distintas estrategias de ventilación en caso de incendio, un cable termosensible que detecta pequeñas variaciones de temperatura, tres centros de control con 13 trabajadores ligados al contrato de conservación, iluminación en vapor de sodio que en 2028 se cambiará por LED, además de una red de hidrantes y un sistema de bombas para nutrirse de agua ante un posible fuego.

En sus 50 años, el túnel solo ha registrado un incendio relevante. Fue en enero de este año, cuando un vehículo ligero ardió de manera espontánea. Se saldó sin heridos y se apagó sin mayores consecuencias. En agosto de 2015 hubo otro en un armario de una sala estanca que no afectó al tráfico. El túnel no tiene galería de evacuación, y eso se suple con un sistema de gestión automática del tráfico: cuando los sensores detectan un vehículo pesado, se activa el modo de circulación unidireccional por el interior del paso, por el que está prohibido que transiten mercancías peligrosas.

El valle que dejó de estar lejos de todo

El impacto económico del túnel se mide en el valle de Bielsa. El alcalde de la localidad, Miguel Noguero, pone en valor el entusiasmo y la apertura de mente de quienes impulsaron la construcción, que sirvió para salir de un aislamiento secular. Vieron que Bielsa tenía que mirar a Francia y que el desarrollo del valle podía venir por allí, teniendo en cuenta que no estaban cerca de nada. Cincuenta años después, Noguero lo tiene claro: acertaron al mil por mil.

A partir de la apertura, el valle comenzó a beneficiarse de unos vecinos con una economía distinta, y los valores que imperaban a cada lado cruzaron la frontera para impregnar a unos y a otros. La llegada de los franceses animó la apertura de tiendas, restaurantes y hoteles en Bielsa. Noguero recuerda también el boom del turismo religioso. El túnel dejó de ser solo una obra de ingeniería para convertirse en la puerta por la que entró una parte del sustento del valle.

Medio siglo después, la infraestructura sigue pendiente de detalles que parecen menores y no lo son. La iluminación LED llegará en 2028. Los cierres por avalancha seguirán siendo la excepción que confirma la regla. Y el tráfico, salvo catástrofe, seguirá subiendo. Porque un túnel de tres kilómetros bajo el Pirineo, al final, es eso: la prueba de que a veces vale la pena agujerear una montaña para ver qué hay al otro lado.

Datos clave
  • El túnel de Bielsa-Aragnouet se inauguró el 5 de noviembre de 1976 como primer paso carretero transfronterizo subterráneo entre España y Francia.
  • La modernización entre 2010 y 2014 costó 21 millones de euros y dotó al túnel de 67 cámaras y 55 ventiladores.
  • El tránsito medio es de 1.000 vehículos diarios, con entre 60 y 70 camiones en días laborables.
  • Los cierres invernales por riesgo de avalancha oscilan entre 7 y 10 días, aunque el pasado invierno fueron 11.
  • El convenio entre España y Francia para construir el túnel se firmó en marzo de 1962 y las obras duraron de 1967 a 1976.
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El 5 de noviembre de 1976 se inauguró el paso transfronterizo que cambió las relaciones con Francia. Se abrió sin iluminación y hoy cuenta con modernos sistemas de seguridad

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Fue el primer túnel carretero transfronterizo entre España y Francia, y sus impulsores fueron un grupo de visionarios convencidos de que “agujerear” la montaña supondría la entrada y salida ya no solo de vehículos y mercancías, sino de ideas y modos de entender la vida y desarrollar sectores como el comercio o el turismo. Y el tiempo no ha hecho más que demostrar que tenían razón.

Este 5 de noviembre, se cumplen 50 años de la “brillante” inauguración del túnel de Bielsa-Aragnouet, como describió la apertura del paso transpirenaico este periódico en su edición del 6 de noviembre de 1976.

Medio siglo de existencia en el que el túnel ha pasado de ser un acceso entre Aragón y Altos Pirineos sin tener tan siquiera iluminación a una infraestructura moderna con medidas de las seguridad que exige la normativa y una gestión hispanofrancesa que, hoy por hoy, garantiza que el paso no se cierre por el hecho de que nieve, gracias a los recursos propios de vialidad invernal que permiten la limpieza de las carreteras de acceso al mismo en ambos lados del Pirineo. Se cuenta con tres máquinas quitanieves, una retroexcavadora y una pala cargadora para atender 11 kilómetros de carretera (5 de la vertiente española y 6 de la francesa).

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Solo el riesgo de que la nieve acumulada pueda desprenderse en forma de avalancha sobre la calzada obliga a clausurar el túnel. “Pueden ser entre 7 y 10 días de cierre por invierno”, aunque el pasado fueron 11, apunta Andrés Olloqui, actual director de Infraestructuras Transfronterizas de la AECT Pirineos-Pyrénées (Agrupación Europea de Cooperación Territorial Pirineos-Pyrénées), que comenta que él ha llegado a ver “avalanchas de seis metros de alto, cubriendo los dos carriles, con una extensión de entre 30 y 40 metros”.

Y es que la cesión de la gestión de los últimos kilómetros de las vías de ambas vertientes que desembocan en el paso al Consorcio del Túnel de Bielsa-Aragnouet -actualmente integrado en la citada AECT- fue todo un acierto, según Olloqui. “Esto hace que nuestro leitmotiv, nuestro objetivo en lo que es la gestión de la vialidad invernal sean los accesos al túnel”, confiesa.



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Este ingeniero recuerda que la firma del convenio entre los gobiernos de España y Francia para la construcción del túnel fue en marzo de 1962 y que las obras para horadar un paso subterráneo de 3 kilómetros se prolongaron desde 1967 a 1976. Los entonces alcaldes de Saint-Lary, Vicente Mir(descendiente de forasteros españoles); de Aragnouet, Jean Pichon; y de Bielsa, Roque Gistau, fueron los principales defensores e impulsores para se abriera el primer gran boquete en la cordillera pirenaica con el que romper la frontera física. No fue hasta 2003 cuando se inauguró el túnel de Somport, que son junto al sobrarbense los dos únicos pasos carreteros subterráneos de todo el Pirineo de carácter transfronterizo.

Durante años, con la llegada de las primeras nevadas, el túnel se cerraba en invierno para volver a abrirse en primavera, y la infraestructura no se iluminó hasta la década de los años 80, y solo en el parte española. Tras el grave accidente en el túnel de Mont Blanc de 1999, en el que murieron 39 personas, Europa modificó la normativa de seguridad de túneles. “Los túneles de más de 1.500 metros, como el de Bielsa, tenían que tener una serie de medidas de seguridad que no tenía hasta entonces ningún túnel en Europa, sobre todo en materia de incendios, que es lo peor que puede pasar”.

En mayo de 2008 se creó el Consorcio del Túnel de Bielsa-Aragnouet (participado al 50% por el Gobierno de Aragón y por el Departamento de Altos Pirineos). Y de 2010 a 2014, el túnel se modernizó para cumplir la normativa para convertirse “en una auténtica máquina” son distintos sistemas de detección temprana de incidentes, 67 cámaras, 55 ventiladores con los que poder gestionar diferentes estrategias de ventilación en caso de incendio, un cable termosensible que detecta las pequeñas variaciones de temperatura, tres centros de control con 13 trabajadores ligados al contrato de conservación del túnel, una iluminación en vapor de sodio que en 2028 se cambiará por leed, así como una red de hidrantes y un sistema de bombas para nutrirse de agua ante un posible fuego. La inversión fue de 21 millones de euros y se contó con financiación europea.



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Y es que un incendio en el interior del túnel es lo más temido. En sus 50 años, Bielsa-Aragnouet solo ha registrado uno, precisamente este año, en enero, de un vehículo ligero que ardió de manera espontánea, que se saldó sin heridos y que se apagó sin mayores consecuencias. Y en agosto de 2015 hubo otro en un armario de un sala estanca que no afectó para nada al tráfico.

Andrés Olloqui explica que el túnel no tiene galería de evacuación, que se suple con un sistema de gestión del tráfico automático, de manera que cuando lo sensores detectan un vehículo pesado se activa el modo de circulación unidireccional por el interior del paso, por el que está prohibido que transiten mercancías peligrosas.

El director de Infraestructuras Transfronterizas de la AECT reconoce que al ser un túnel en línea recta, con una limitación de velocidad de 60 kilómetros/hora y un tránsito medio de 1.000 vehículos/día, de los que entre 60 y 70 son camiones (en días laborables), facilita la ausencia de incidentes graves. Todos los años, salvo en la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, ha ido aumentado el tráfico. “Eso es buena señal, la gente se fía de pasar por aquí”, concluye .



Por su parte, el alcalde de Bielsa, Miguel Noguero, pone en valor el entusiasmo, ilusión y apertura de mente que tuvieron quienes impulsaron la construcción del túnel -que sirvió para salir de un secular aislamiento- y que vieron que “Bielsa tenía que mirar a Francia” y que el “desarrollo del valle nos podía venir por allí”, teniendo en cuenta, además, “que no estábamos cerca de nada”. Cincuenta años después, Noguero lo tiene claro: “Acertaron al mil por mil”, porque a partir de entonces el valle de Bielsa comenzó a beneficiarse de unos vecinos que tenían una economía distinta, y los “valores” que imperaban a cada lado cruzaron la frontera para impregnar a unos y a otros. La llegada de los franceses animó la apertura de tiendas, restaurantes y hoteles en Bielsa, relata Noguero, que recuerda el boom del turismo religioso.

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