Franco y el «todo atado»: ¿previó la degeneración o pecó de optimista?
¿Sabía Francisco Franco que España se le iba a escapar de las manos o creía de verdad que lo dejaba todo amarrado? La pregunta, casi medio siglo después de su muerte, sigue sin respuesta cerrada. En 1975 ya había señales de que una parte de la clase política que él había mantenido fuera del sistema pugnaba por entrar. Él, ya muy enfermo, soltó aquello de que lo dejaba «todo atado y bien atado». La duda es para qué lado estaba atado el nudo.
Una corriente de análisis sostiene que el dictador era consciente de lo que venía. Lo prueban, dicen, los cuarenta años de ilegalización del PSOE, la vigilancia sobre la masonería y la desconfianza hacia los partidos políticos, de los que él mismo advirtió que serían la ruina. Otra lectura, más pragmática, apunta a que simplemente ganaba tiempo: no podía prever la caída de la URSS ni la velocidad con que su propio heredero desmontaría el armazón institucional.
El sucesor que dinamitó el legado
El punto más incómodo del relato es la designación de Juan Carlos I. Si Franco intuía que el sistema se descomponía, ¿por qué puso al Borbón al mando? La respuesta que se repite es que no había alternativa dinástica viable y que el príncipe juró mantener la unidad de España. La anécdota más citada es la del periodista Vilallonga, que recogió cómo, ya en la cama y gravemente enfermo, Franco agarró la mano del entonces príncipe y le pidió con fuerza que mantuviera la unidad de España. El gesto, dicen, asustó al propio Juan Carlos.
La realidad posterior es la que alimenta la tesis de la traición. A los tres años de la muerte del dictador, en 1978, ya se había aprobado una Constitución que algunos consideraban contraria a la supervivencia de España. A los siete, según algunos participantes, el PSOE conspiraba abiertamente con la Corona. Y el propio Torcuato Fernández Miranda, hombre clave en el diseño sucesorio, reconoció al final de su vida que se había equivocado con la Transición. Hay quien va más lejos y sostiene que el Borbón utilizó todos los poderes recibidos para instaurar un régimen que acabaría con la monarquía y con España, pensando solo en salvar su corona.
La clase media como dique de contención
Franco dejó dicho que, creando una clase media, no habría peligro de comunismo: quien tiene nevera, lavadora y seiscientos no renuncia a sus comodidades. Ese ascensor social fue, según varios análisis, el verdadero muro contra la revolución. Hoy ese muro se ha desmoronado. La clase media se extingue, el ascensor está parado y eso, advierten, puede abrir la puerta a una revolución del signo que sea. La esperanza, dicen, es lo que han matado.
En paralelo, la creación del Estado de las autonomías fue minando la cohesión. Hay quien recuerda que hasta Tarradellas advirtió en los ochenta que el sistema llevaba al desastre. Y hay quien señala que el troceo territorial era algo que Franco ya intuía, aunque no pudiera imaginar la magnitud. La pregunta de fondo sigue siendo la misma: si lo veía venir, ¿por qué no lo ató mejor?
Lo que Franco dijo a los estadounidenses
Hay una declaración que se cita como prueba de que no era ingenuo. En una conversación con Vernon Walters, Franco habría dicho: «España irá lejos en el camino que deseen ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrá grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para España». Es decir, sabía que el rumbo sería el que marcasen las potencias occidentales. Lo que no podía prever era la caída del bloque soviético, que eliminó el enemigo exterior que justificaba el sistema y abrió la puerta a los planes de disolución social a gran escala.
La conclusión más repetida es que Franco fue un pragmático que ganaba tiempo, esperando que sus sucesores pudieran cambiar el rumbo cuando la situación fuera propicia. El problema es que ni estaban las personas adecuadas al mando ni llegó nunca esa ventana de oportunidad. La situación, mientras tanto, se pudre. Y el nudo, atado o no, ya no lo desata nadie.
Datos clave del debate:
- 1975: año de la muerte de Franco y de la frase «todo atado y bien atado».
- 1978: aprobación de la Constitución, tres años después de su muerte.
- 1982: el PSOE llega al poder, siete años después.
- 1986: entrada en vigor del IVA, once años después de la muerte del dictador.