ArcelorMittal mueve sus oficinas a la India y Asturias teme perder mil empleos
¿Qué queda de la siderurgia asturiana cuando la multinacional que la controla decide que sus departamentos de soporte se gestionen desde Bangalore a precio de salario indio? La respuesta corta: un terremoto laboral de mil empleos en el aire, un propietario indio con sede en Luxemburgo y una comunidad que lleva cuatro décadas viendo cómo le desmontan la industria pieza a pieza. La noticia, publicada por
El Periódico de España, ha reabierto la herida de la reconversión, esa palabra que en Gijón y Avilés se pronuncia con la misma ironía con la que se dice «progreso».
El anuncio del traslado de oficinas a la India no es un hecho aislado. Es el penúltimo capítulo de una película que empezó en los ochenta, siguió en los noventa y ahora se rueda en versión digital. Lo que se discute no es solo si ArcelorMittal cumple o no con Asturias, sino si España tiene algo que decir cuando una empresa extranjera decide que sus trabajadores cualificados sobran.
De Ensidesa a ArcelorMittal: cuarenta años desmontando lo mismo
La historia larga la resume bien un participante que tuvo familiares en Ensidesa: la empresa la creó Franco, la desmanteló la reconversión industrial de los ochenta y lo que quedó se privatizó, se liquidó y dio lugar a Aceralia, cuya venta se pactó después. Aceralia, Usinor y Arbed se fusionaron para formar Arcelor, que en 2006 pasó a manos indias. Cada paso se presentó como una modernización. Cada paso dejó menos acero y más paro.
El resultado, según la misma fuente, es que Asturias quedó arrasada y no ha vuelto a levantar cabeza. La cuenca minera, dicen quienes la conocen, parece un país postsoviético: ruina, dependencia del Estado y una población envejecida que vota lo mismo que votaba cuando aún había hornos encendidos. Hay quien sostiene que Asturias es hoy la comunidad más dependiente del Estado, y eso incluye a los jubilados, que en muchas comarcas tienen más renta que los asalariados.
Hay quien sostiene que el desmantelamiento lo inició el PSOE de Felipe González con el plan de reconversión, que no reconvirtió nada y se cargó las mejores empresas del país. Otros replican que Aznar continuó la segunda parte sin cambiar una coma del guion. Y una tercera corriente, más ácida, apunta que el PP tuvo mayoría absoluta para revertirlo y no lo hizo: o no quiso, o no pudo. Elija usted el diagnóstico y aplíquelo a cualquier gobierno de los últimos cincuenta años.
¿Por qué se va ArcelorMittal de Asturias?
La versión oficial habla de competitividad. La extraoficial, de energía. Producir acero con aerogeneradores y placas solares es complicado, y sin huella de carbono, más. El coste eléctrico español, que se disparó hasta hacer inviable cualquier industria intensiva, aparece en casi todos los análisis como el factor decisivo. Una empresa india no tiene por qué mantener departamentos de soporte en Europa pagándolos a precio europeo si puede tenerlos en Bangalore a una fracción del coste.
El detalle que nadie subraya: según fuentes oficiales citadas por EL MUNDO, ArcelorMittal habría rechazado una subvención de 450 millones de euros concedida por el Gobierno español al no existir «garantía de viabilidad de la inversión». Es decir, ni con dinero público se queda. Ese dato, que circula con menos bombo que el traslado, desmonta la teoría de que todo se arregla con un cheque. Si la empresa no ve negocio, no hay subvención que la retenga.
La otra pata del argumento es arancelaria. Europa ha competido durante décadas con productores asiáticos que fabrican sin las exigencias medioambientales ni laborales del continente. Igualar esas condiciones, como ha empezado a hacer la administración estadounidense con sus aranceles, es la única forma de que el acero europeo tenga alguna posibilidad, según sostienen algunos participantes. Mientras tanto, Bruselas sigue poniendo el foco en las emisiones de chimeneas y estufas de leña mientras la siderurgia se apaga sola.
Mil empleos, una comarca y un propietario en Luxemburgo
El traslado de oficinas a la India pone en juego alrededor de mil puestos de trabajo en Asturias, según el planteamiento del asunto. No son empleos de cadena de montaje: son administrativos, técnicos y de soporte, precisamente los que una región puede recolocar con menos facilidad. La paradoja es que la empresa que los suprime tiene su sede en Luxemburgo y su accionista mayoritario en la India, dos jurisdicciones que no van a pagar el ajuste.
La reacción política ha sido la esperada: nadie se moja. El Gobierno central concedió la subvención que la empresa rechazó. El Ejecutivo autonómico, del mismo signo, lleva años gestionando la decadencia con fundaciones, sindicatos y planes de diversificación que no diversifican. Y la oposición local, cuando gobernó, tampoco tocó el modelo. Hay quien sostiene que la sociedad asturiana vota mayoritariamente al PSOE para que haga de PSOE, lo cual, visto el resultado, es una condena circular.
El capital extranjero no es el problema. El problema es un país que lleva cuarenta años regalando monopolios naturales, cerrando activos estratégicos y descubriendo tarde que el acero, como la energía, no se puede subcontratar a Bangalore. La pregunta no es si ArcelorMittal se va. La pregunta es quién va a pagar la factura cuando termine de irse.
Datos clave del asunto
- Traslado de oficinas de ArcelorMittal a la India con alrededor de mil empleos en juego en Asturias.
- Subvención de 450 millones de euros concedida por el Gobierno español y no recogida por la empresa.
- ArcelorMittal pasó a manos indias en 2006, con el PSOE en el Gobierno desde marzo de 2004.
- Arcelor nació de la fusión de Aceralia (España), Usinor (Francia) y Arbed (Luxemburgo).
- Hay quien sostiene que Asturias es la comunidad más dependiente del Estado.