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Un escrito firmado por Nando el Hispano defiende que la humanidad debe desaparecer porque la considera una entidad parasitaria que destruye el planeta. El texto cifra entre 100.000 y 300.000 millones los animales sacrificados cada año y se presenta como la obra de un disidente ontológico.
Un escrito firmado por Nando el Hispano defiende que la humanidad debe desaparecer porque la considera una entidad parasitaria que destruye el planeta. El texto cifra entre 100.000 y 300.000 millones los animales sacrificados cada año y se presenta como la obra de un disidente ontológico.
La idea no es nueva, pero el texto que circula estos días la lleva a un extremo poco habitual. Su autor firma como Nando el Hispano y se presenta como responsable de «El Niño Lunar: la imposición de nacer». En el escrito sostiene que el ser humano es una entidad parasitaria a la que llama «La Cosa», y que su paso por el planeta lo destruye todo.
El argumento central es que el ser humano actúa como un agente alienígena. El texto afirma que destruye todo a su paso y que, por donde pisa, derrite la arena. La acusación no se limita al daño ambiental: también señala la procreación como un acto de hipocresía, porque a su juicio condena a conciencias inocentes a la miseria, el hambre, la sed y el deseo perpetuo.
El autor no se presenta como un observador neutral. Se define como disidente ontológico y afirma que su misión es ejecutar lo que considera el mayor deseo de esas conciencias inocentes: hacer desaparecer a la humanidad. Es una postura extrema, formulada como conclusión filosófica y no como propuesta política concreta.
El dato más concreto del texto es el sacrificio animal. Sostiene que la humanidad es responsable directa o indirecta de la masacre de entre 100.000 y 300.000 millones de animales cada año. Es una horquilla amplia, atribuida al propio autor y no a un organismo oficial, así que conviene tratarla como lo que es: una estimación que él maneja, no una estadística verificada.
El escrito también acusa al ser humano de haber desarrollado tecnologías nefastas con un único fin: perpetuarse en el tiempo e iniciar una odisea espacial. Según su tesis, el cosmos no saciará ese vacío, porque el universo material carece de salida, de principio y de final.
Hay un giro filosófico en el texto que merece atención. El autor sostiene que el ser humano desea la eternidad ignorando que cualquier inteligencia superior sabría que ser eterno es habitar el infierno absoluto. La frase resume su postura: no hay salvación en la trascendencia, ni en el espacio, ni en el tiempo.
El escrito cierra con una imagen dura: a una metástasis no se la detiene inyectándole más glucosa. Es una forma de decir que el problema, según él, no se arregla con más tecnología ni más crecimiento. La conclusión es la desaparición de la especie. Es una tesis extrema, formulada como manifiesto, y como tal conviene leerla.
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