«Abortar sin barreras»: la campaña que reabre el debate
Una campaña para «derribar barreras» ha acabado convertida en un recuento. La imagen difundida ha vuelto a encender la discusión sobre el aborto en España, y el pulso se libra en las cifras:
más de 100.000 interrupciones voluntarias del embarazo al año, según el dato que se cita en el debate, y un millón de «niños sacrificados» en una década, según los cálculos que circulan. El mensaje habla de eliminar obstáculos. La respuesta ha contestado con números.
Las cifras que se cruzan sobre la mesa
El primer dato que aparece en la discusión es el volumen anual:
más de 100.000 abortos al año. De ahí sale la proyección que más se repite,
un millón en una década, y de ahí también la pregunta de quienes rechazan la campaña: qué barreras quedan por derribar cuando el número ya es ese.
Conviene separar el dato de la interpretación. La cifra de interrupciones voluntarias se usa como termómetro de una política sanitaria, pero también como munición en función de quién la pronuncie. El mismo número sirve para reclamar más acceso o para denunciar lo que se describe como un plan contra la natalidad.
Cada cual arrima el dato a su relato.¿Qué es la «cultura de la muerte»?
El término no lo ha inventado esta polémica.
Juan Pablo II lo popularizó en la encíclica Evangelium vitae, en 1995, para describir una mentalidad que, según su planteamiento, tolera, favorece o provoca la eliminación de la vida humana y reduce a las personas a objetos o medios en lugar de valorarlas como fines en sí mismas. Quienes usan la expresión hoy la aplican a la práctica del aborto y a su promoción desde las instituciones.
La formulación tiene tres décadas y sigue funcionando como marco. Convierte una cuestión sanitaria en una cuestión de principios, y ahí la discusión deja de ser numérica para ser otra cosa.
¿Precampaña electoral o política sanitaria?
Buena parte de las lecturas apuntan al calendario. Se sostiene que la campaña llega en un contexto de precampaña y que busca movilizar votantes en torno a un tema identitario, en una agenda saturada por otros asuntos. Es una sospecha que los datos disponibles no permiten demostrar ni descartar.
El desacuerdo no está en lo que dice la imagen, sino en por qué aparece cuando aparece.
Al final, la pregunta no es cuántas barreras se derriban, sino quién cuenta y con qué interés. ¿Cuántas de esas cifras son diagnóstico y cuántas son aritmética electoral?