_Angelito_
Lonchafinista
Hay personas tan perversos en…
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El propagandista ruso Vladímir Solovyev ha vuelto a amenazar a París, Bruselas y Berlín con polvo radiactivo, y ha pedido explícitamente ser citado en los periódicos europeos. La amenaza llega sin ninguna prueba ni capacidad operativa demostrada y forma parte de su retórica habitual en la televisión estatal rusa.
Vladímir Solovyev es uno de los presentadores estrella de la televisión estatal rusa y un altavoz habitual del Kremlin. En esta ocasión ha vuelto a dirigirse a las capitales europeas con una imagen concreta: polvo radiactivo sobre París, Bruselas y Berlín. No es la primera vez que utiliza ese registro. La novedad no está en la amenaza, sino en lo que pide a continuación.
Solovyev pide explícitamente que los periódicos europeos lo citen. Lo hace, según su propio marco, porque para eso le pagan. Es una frase que conviene leer despacio: no reclama ser tomado en serio como estratega, sino como producto mediático. La amenaza funciona como actuación, y el presentador lo sabe.
No hay ninguna evidencia de que Rusia tenga capacidad o intención de dispersar material radiactivo sobre esas capitales, y la afirmación no viene acompañada de ningún dato técnico. Pero el mensaje circula en un canal con audiencia masiva en Rusia y se diseña para ser recogido fuera. Ese es el objetivo: que el titular llegue a Europa aunque el contenido sea hueco. La propaganda no necesita ser creíble, necesita ser citada.
La televisión estatal rusa lleva años convirtiendo a sus presentadores en personajes que lanzan soflamas contra Occidente. Solovyev es el más reconocible de ellos. La fórmula se repite porque funciona: genera clip, genera reacción y genera cobertura. El problema es que, a fuerza de repetirse, el umbral de alarma sube y la amenaza se vuelve rutina. Conviene no confundir el ruido con la capacidad real, pero tampoco ignorar que el ruido tiene un propósito.
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