En el santuario de Lourdes, cada día, miles de peregrinos se acercan a la gruta y se sumergen en el agua con la esperanza de sanar. A lo largo de su historia, solo 70 curaciones han sido declaradas milagrosas. Entre la fe del que llega y el papel firmado media un proceso médico que casi nadie pasa, y que convierte un caso de salud en una declaración oficial.
¿Qué tiene que pasar para que una curación se declare milagro?
Ningún obispo firma un milagro porque sí. La declaración de una curación exige un dictamen médico previo que descarte explicaciones naturales, de modo que lo que se bendice es solo lo que la ciencia, primero, no logra explicar. Sin esa criba, cualquier mejoría sería un milagro y la palabra perdería su peso. El filtro, por tanto, no lo pone la fe: lo pone la medicina.
Solo 70 curaciones milagrosas en toda la historia del santuario
La cifra es la que mide lo excepcional: 70 curaciones declaradas milagrosas en Lourdes, según el reportaje que en abril de 2024 recogía el cuidado que el santuario dedica a los enfermos. Frente a los miles de peregrinos que cada día pasan por la gruta y a los siglos de peregrinación, el filtro apenas deja pasar un puñado de casos. La mayoría de los que se bañan en el agua vuelven a casa igual que llegaron.
Nadie cuenta las desgracias que no encajan
Aquí asoma la objeción clásica: si se registran las curaciones sorprendentes, ¿por qué no se registran las desgracias inexplicables? Quien señala que solo se cuentan los aciertos apunta al mismo sesgo que arrastra cualquier relato construido a posteriori: se recuerda lo que confirma y se olvida lo que desmiente. Enfrente aparece el argumento contrario, el de quien subraya que una curación atribuida se produce sin la ristra de efectos adversos de la medicina convencional.
El caso de Chiara Badano y otras curaciones atribuidas
Junto a las declaraciones oficiales del santuario circulan otros episodios de curación atribuida, como el de Chiara Badano, que habría quedado parapléjica esquiando y salió del hospital caminando tras una novena. Estos casos, sin el aval de un expediente completo, funcionan como relato paralelo: alimentan la expectativa de lo milagroso sin pasar por el mismo filtro. A la lista se suma además el milagro que un obispo de Honduras reconoció en torno a una reliquia.
La cuenta no cierra por ningún lado. Miles de enfermos cada día, una gruta que no deja de manar agua y setenta nombres en la lista. Si el milagro dependiera de la fe o de la voluntad de quien reza, la aritmética sería otra.