Casi la mitad de las empresas no encuentra trabajadores
El Banco de España sitúa la falta de mano de obra como el segundo lastre para la actividad empresarial, solo por detrás de la incertidumbre sobre la política económica. Un
43% de los empresarios dice tener dificultades para encontrar trabajadores: cuatro puntos más que un año antes y
27 puntos más que en 2021. El INE calcula que alrededor de
150.000 empleos no se cubren, el doble que hace una década. Con ese punto de partida, la discusión derivó rápido hacia una pregunta incómoda: ¿faltan trabajadores o faltan sueldos?
Qué dicen los datos oficiales sobre las vacantes
El reparto por sectores desmonta la imagen del bar de barrio desesperado. Las vacantes golpean igual al sector público y al privado, y el mayor bloque sin cubrir —un
36,6%— corresponde a Administración Pública, defensa y Seguridad Social. Después aparecen comercio al por mayor y menor, actividades científicas y técnicas y servicios auxiliares.
Ese mapa tiene una lectura inmediata: los puestos que quedan vacíos no son solo los de baja cualificación. Hay plazas administrativas, técnicas y de servicios que exigen formación específica y que, aun así, nadie ocupa. La objeción más repetida en el análisis es que el problema no es la cantidad de candidatos, sino el precio al que se ofertan.
«Las empresas tienen problemas para encontrar mano de obra barata»
La tesis dominante en la conversación es que el diagnóstico está mal planteado desde el titular. Se sostiene que lo que escasea no es el trabajador, sino el trabajador dispuesto a aceptar según qué condiciones. La prueba que se esgrime es la ratio de candidatos por oferta: hay anuncios con
383 inscritos para un puesto de camarero y otros con
57 candidaturas en 15 horas sin salario publicado.
El argumento se apoya en una lógica de mercado elemental: si sobra gente para el puesto y el puesto sigue vacío, el problema no es la oferta de trabajo, es la oferta de empleo. La contrarréplica también aparece: subir salarios por convenio no crea trabajadores cualificados donde no los hay, y en sectores como construcción o industria manufacturera la especialización no se improvisa.
Hay un tercer frente, menos discutido y más incómodo: la
paguita. Se argumenta que el sistema de subsidios y ayudas desincentiva aceptar empleos con salarios cercanos al SMI, porque la diferencia entre cobrar y trabajar no compensa. De ahí salen propuestas de recorte de prestaciones para quien pueda trabajar, con la ley de vagos y maleantes como referencia explícita en algún caso.
¿Por qué se importa mano de obra si hay paro?
La contradicción que atraviesa todo el asunto es difícil de esquivar: España mantiene bolsas de desempleo mientras la patronal pide trabajadores de fuera. La explicación más repetida es el
dumping laboral: traer mano de obra dispuesta a aceptar lo que el mercado local rechaza mantiene los salarios bajos y permite competir a la baja. No genera riqueza, se dice, mata al buen empresario y hunde la productividad.
La versión opuesta apunta a la demografía. Con una población que envejece y una pirámide invertida, el sistema necesita cotizantes para sostener las pensiones, y los que llegan ocupan puestos que nadie reclama. El choque entre ambas lecturas no se resuelve con datos, porque cada una mide una cosa distinta.
El sector que dice no encontrar senior a mil euros
La informática merece capítulo aparte. Se afirma que las vacantes tecnológicas son en buena parte ficticias: lo que no se encuentra es el perfil
senior dispuesto a cobrar 1.000 euros, no el profesional. La queja de empresas que rechazan candidatos con dos carreras o dos FP por «falta de cualificación» mientras el puesto sigue abierto alimenta la sospecha de que el anuncio es un escaparate.
En paralelo, la industria se desangra en otra dirección. La percepción dominante es que el tejido productivo se ha reducido a almacenes logísticos que descargan contenedores, con la producción real desplazada fuera. La excepción que se cita son los polígonos farmacéuticos y alimentarios, y la receta que se propone pasa por energía barata y aranceles.
El punto donde el análisis se atasca
Queda una cifra que nadie logra encajar: España es el país de Europa occidental con
menos puestos vacantes por habitante, según una de las lecturas del asunto. Si el problema fuera estructural, el porcentaje debería ser mayor, no menor. Y si fuera solo salarial, la subida de sueldos debería haber cerrado la brecha, y no lo ha hecho.
Entre el 43% que dice no encontrar trabajadores y los cientos de candidatos por oferta, el relato oficial y la experiencia del mercado laboral siguen sin cuadrar. El dato que falta —cuánto se paga realmente en cada vacante— no está en ningún informe.