Un colegio médico avala contratar residentes sin la especialidad
¿Es mejor un médico en formación que uno formado fuera y sin verificar? El presidente del Colegio Oficial de Médicos de Pontevedra, Isidro Lago, tomó posesión el sábado para un nuevo mandato y al día siguiente avaló en Radio Voz el plan de la Consellería de Sanidade de contratar este verano a residentes de cuarto año de familia para cubrir ausencias en los centros de salud. «Un residente de cuarto año tutelado puede solucionar muchos temas, y los que no, puede preguntarlos», dijo. Y remató: «¿Cuál es la alternativa? ¿Contratar a médicos extracomunitarios que no sabemos cómo vienen formados? Yo como paciente prefiero que me atienda un R4 y no precisamente un extracomunitario».
La frase cayó como una piedra en un sector que lleva años discutiendo cómo tapar los agujeros de plantilla sin tocar el embudo de entrada a la profesión.
Por qué faltan médicos de familia este verano
El mecanismo ordinario es conocido: cada año los médicos de familia terminan su especialidad en mayo y el Sergas los contrata para cubrir ausencias y vacantes. En España, para trabajar en un centro de salud hay que tener la especialidad de medicina familiar y comunitaria, lo que exige estudiar Medicina, preparar el MIR, aprobarlo y pasar cuatro años de residente.
Este año el calendario se rompió. En 2020, con la pandemia, el final del curso se retrasó a septiembre, de modo que los residentes de cuarto no han podido concluir a tiempo. El Sergas ha prometido a esos R4 un extra de
2.000 euros al mes y ha asegurado que trabajarán tutelados.
Lago sostiene que esa tutela basta: el médico en formación atiende solo al paciente y, si tiene dudas, pregunta al jefe de servicio. Como contexto recordó que antes la formación de medicina de familia duraba
tres años, no cuatro.
Qué exige la ley a un médico formado fuera de la UE
Los ciudadanos de fuera de Europa deben homologar su titulación de Medicina ante el Ministerio de Sanidad y también su especialidad. Muchos optan por volver a especializarse en España porque los trámites son complejos y lentos. Es decir: el circuito existe, es legal y es farragoso.
Ahí está el nudo del asunto. La alternativa que Lago descarta no es un médico sin papeles, sino uno cuyo expediente de homologación puede tardar meses o años, y sobre cuyo nivel de formación el propio sistema no emite un juicio rápido. La comparación que hizo —un R4 tutelado frente a un extracomunitario «que no sabemos cómo viene formado»— mezcla dos problemas distintos: el calendario roto de una promoción y la lentitud administrativa de las convalidaciones.
El otro frente: 8.000 médicos sin plaza
Lago no se quedó ahí. Criticó el sistema de acceso a la formación de especialistas: «En España hay
ocho mil médicos que no pueden trabajar», dijo, en referencia a quienes no logran plaza tras hacer el MIR. Su propuesta es que las comunidades autónomas fijen sus necesidades de especialistas y las repartan, sin dejar médicos fuera. También pidió retrasar la edad de jubilación hasta los 72 años y «reagrupar los médicos» hacia las zonas con más población en verano.
Hay una tensión evidente en ese paquete: se reclama alargar la vida laboral de los que ya están, se contrata a los que aún no han terminado y se deja fuera a los que aprobaron el examen sin conseguir plaza. Tres respuestas a un mismo déficit, sin un criterio único que las ordene.Lo que se discute en la calle: convalidaciones y doble rasero
La reacción social al argumento de Lago derivó rápido hacia el terreno de las homologaciones. Una corriente sostiene que el sistema reconoce títulos extranjeros con criterios más laxos de los que aplica entre universidades españolas, donde cambiar de facultad puede costar decenas de créditos. Otra apunta al embudo contrario: se restringen las plazas de Medicina y se exige una nota altísima para entrar, mientras se busca fuera lo que no se forma dentro.
Entre medias circulan testimonios personales de atención sanitaria, tanto en la pública como en la privada, que no pueden tomarse como evidencia de nada: son casos sueltos, sin verificación y sin diagnóstico. Lo que sí es un hecho es la queja sobre el nivel de exigencia en las convalidaciones, que el propio Lago alimentó al poner en duda la formación de los médicos extracomunitarios sin aportar un solo dato sobre cuántos ejercen, con qué titulación ni con qué controles.Lo que queda por resolver
El plan de contratar R4 tutelados este verano sigue en pie. La pregunta de fondo —si un residente sin especialidad puede asumir consulta con supervisión y a qué precio— no tiene todavía una respuesta técnica pública. Tampoco la tiene el embudo de las homologaciones ni el destino de esos 8.000 médicos sin plaza.
Lago, que acaba de renovar el cargo, ha puesto el dedo en una herida real con un argumento que se lee como un juicio sobre el origen de los profesionales. Ha señalado el problema. La solución, de momento, la sigue debiendo.