Noticia: El PP y empresarios vascos preparan una ley de nietos para que voten en las autonómicas los 300.000 descendientes de los exiliados por la ETA

El PP y empresarios vascos preparan una ley de nietos para que voten en las autonómicas los 300.000 descendientes de los exiliados por la ETA
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El PP vasco y un grupo de empresarios han empezado a reunirse para impulsar una ley que devuelva el derecho a voto en las elecciones autonómicas a los vascos que se fueron por la presión de ETA y a sus descendientes. La cifra que se maneja es de unos 300.000 votantes potenciales, aunque no hay un censo oficial que la respalde.

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El PP vasco y un grupo de empresarios han empezado a reunirse para impulsar una ley que devuelva el derecho a voto en las elecciones autonómicas a los vascos que se fueron por la presión de ETA y a sus descendientes. La cifra que se maneja es de unos 300.000 votantes potenciales, aunque no hay un censo oficial que la respalde.

El PP vasco y un grupo de empresarios, tanto en Euskadi como en Madrid, han empezado a mover papeles para algo que suena a arqueología política: devolver el derecho a voto en las elecciones autonómicas vascas a quienes se marcharon de Guipúzcoa, Vizcaya o Álava huyendo de ETA, y también a sus hijos y nietos. La última reunión conocida se celebró en la Casa vasca de Madrid. El presidente del PP vasco, Javier de Andrés, ha confirmado que el asunto está sobre la mesa. La cifra que circula es de unos 300.000 votantes potenciales. No hay censo oficial que la respalde, pero es la estimación que manejan fuentes universitarias citadas por el partido.

Un éxodo de 180.000 personas que movió el censo

El punto de partida es un informe del Centro de Estudios, Formación y Análisis Social (CEFAS) del CEU, titulado «El éxodo vasco como consecuencia de la persecución ideológica». Según ese trabajo, entre 1976 y 2022 abandonaron el País Vasco alrededor de 180.000 personas por la presión de ETA y del nacionalismo. Eso equivale a cerca del 9% de la población vasca de 1977.

El informe sostiene que esa salida masiva alteró el censo de forma sustancial y que, además, tuvo un efecto multiplicador: muchos de los que se fueron no tuvieron hijos en Euskadi, y esos hijos habrían tenido nietos. De ahí que se hable de 300.000 votantes potenciales, una cifra que el propio informe reconoce que no está cuantificada científicamente. La comunidad autónoma, dice el estudio, es la que más ha envejecido de España, tanto por la caída de la fecundidad como por el éxodo.

La idea que estudian los empresarios y el PP vasco es que ese colectivo pueda votar en las autonómicas. Las últimas se celebraron el 21 de abril de 2024, así que las siguientes, como muy tarde, serían en la primavera de 2028. El calendario no es casual: coincidiría con un hipotético Gobierno de coalición entre PP y Vox en Madrid, algo que el texto da por previsible. El cálculo político es evidente: ese voto iría mayoritariamente a las fuerzas constitucionalistas y, en particular, al PP, en perjuicio del PNV y de Bildu.

Rajoy lo intentó en 2012 y quedó en un cajón

No es una idea nueva. En 2012, el Gobierno de Mariano Rajoy impulsó una iniciativa legislativa para reconocer el derecho a voto en Euskadi de quienes tuvieron que irse por motivos políticos. La redactaron catedráticos, asumían las complicaciones técnicas y defendían su viabilidad. Nunca se impulsó políticamente. Cuando la moción de censura de 2018 desalojó a Rajoy de la Moncloa, el texto seguía en un cajón.

Un año antes, en 2011, el lehendakari Patxi López había aprobado el llamado «Plan Retorno», una iniciativa para facilitar la vuelta al País Vasco de ciudadanos y empresarios exiliados por las amenazas, extorsiones y violencia de ETA. No solo pretendía recuperar a las personas: también a los promotores de actividad económica y a las empresas que habían trasladado sus sedes fuera de Euskadi. El plan incluía apoyo institucional y económico.

Hoy el Gobierno vasco de Imanol Pradales trabaja en otra cosa, pero relacionada. En mayo de 2026 aprobó de forma previa el Anteproyecto de Ley de la Comunidad Vasca en el Exterior, conocida como la nueva Ley de la Diáspora, que sustituiría a la ley vigente de 1994. El texto amplía la ciudadanía vasca en el exterior hasta los tataranietos de emigrantes, crea un registro voluntario, contempla el acceso a la sanidad pública y fomenta el voto exterior. Es decir, el debate sobre quién es vasco y quién puede votar ya está abierto, aunque por otra vía.

El coste económico: 25.000 millones y una pérdida del 24% del PIB

El trasfondo económico es el que menos se cuenta y quizá el más relevante. Un informe publicado en la Revista Internacional de Estudios sobre Terrorismo (RIET), firmado por el profesor de la Universidad de Deusto Luis María Arrieta, estima el daño económico causado por ETA en 25.000 millones. Y añade algo más incómodo: durante el largo periodo de actividad terrorista, la economía vasca tuvo la peor evolución de todas las comunidades autónomas españolas.

Según ese análisis, la comunidad perdió una inversión interna y exterior que se tradujo en una pérdida relativa del 43% de su stock de capital y del 24% del PIB. Todo eso, subraya Arrieta, pese a contar durante todo el periodo con el Concierto Económico y una gestión prudente de sus instituciones. La deslocalización de centenares de empresas y centros de decisión supuso la pérdida de una parte importante del tejido empresarial y, quizá, de más de 30.000 puestos de trabajo de alto valor añadido.

El diagnóstico del informe es duro: el País Vasco ocupa hoy los últimos lugares de España en emprendimiento y sufre un déficit de capital, empresarios y empleo de calidad. El modelo fiscal, dice, es limitadamente atractivo para captar la inversión que necesita. Es el tipo de dato que explica por qué algunos empresarios vascos, en Euskadi y en Madrid, se han sentado a hablar de una ley de voto para la diáspora. No es solo una cuestión de papeletas: es también una forma de recuperar lo que se fue.

La discusión jurídica no es sencilla. Reconocer el derecho a voto en elecciones autonómicas a personas que no residen en la comunidad autónoma exige encajar el Estatuto de Gernika, la Ley Orgánica del Régimen Electoral General y el propio censo electoral. Los juristas que redactaron el borrador de 2012 lo sabían y aun así lo consideraron viable. Lo que falta, hasta ahora, es la voluntad política de sacarlo adelante. Si el proyecto llega a concretarse, el escenario del Parlamento de Vitoria podría cambiar de forma notable. Si no, seguirá siendo un cajón con papeles y una cifra redonda: 300.000.

Datos clave
  • Entre 1976 y 2022 salieron del País Vasco alrededor de 180.000 personas por la presión de ETA y del nacionalismo, según el informe del CEFAS del CEU.
  • Distintas fuentes universitarias estiman que los descendientes de esos exiliados podrían superar los 300.000 votantes potenciales, aunque no hay cuantificación científica.
  • El Gobierno de Mariano Rajoy impulsó en 2012 una iniciativa legislativa para reconocer el voto en Euskadi a los exiliados políticos; quedó en un cajón tras la moción de censura de 2018.
  • El daño económico de ETA se estima en 25.000 millones, con una pérdida relativa del 43% del stock de capital y del 24% del PIB vasco, según un informe publicado en la RIET.
  • El Gobierno vasco de Imanol Pradales aprobó en mayo de 2026 el anteproyecto de la nueva Ley de la Diáspora, que amplía la ciudadanía vasca en el exterior hasta los tataranietos.
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El PP y empresarios vascos preparan una ley de nietos para que voten 300.000 descendientes de la diáspora por ETA​


Entre 1977 y 2022 salieron de Euskadi por motivos políticos 180.000 personas, lo que alteró el censo. Rajoy preparó una ley en esa dirección en 2012, el lehendakari López un plan retorno en 2011 y Pradales trabaja en una ley para el extranjero​


(imagen visible para usuarios registrados) El presidente del PP vasco, Javier de Andrés. (Europa Press/Carlos González)

Por
Juan Fernández-Miranda

11/10/2026 - 05:00


  • 14

EC EXCLUSIVO Seguir en Google

El PP y empresarios vascos, tanto en Euskadi como en Madrid, han empezado a abordar la puesta en marcha de una ley para devolver el derecho a voto en el País Vasco a la diáspora que en el último medio siglo ha abandonado Guipúzcoa, Vizcaya y Álava para huir del violencia extremista de ETA, así como para sus descendientes. Tal y como ha podido saber ElConfidencial en fuentes empresariales y ha confirmado el presidente del PP vasco, Javier de Andrés, en las últimas semanas se han producido varias reuniones; la última, recientemente en la Casa vasca de Madrid. El objetivo es que ese colectivo pueda votar en los comicios autonómicos, dado que esa salida masiva de ciudadanos desde 1976 ha supuesto una alteración sustancial del censo.

Si el proyecto llega a concretarse, previsiblemente supondría un vuelco en el escenario político del Parlamento de Vitoria y perjuicio del nacionalismo del PNV y el independentismo de Bildu. Los beneficiarios serían las históricamente llamadas fuerzas constitucionalistas y muy en particular del PP, sobre todo después de los pactos del Gobierno de Pedro Sánchez con Bildu y Arnaldo Otegi.

Según el Centro de Estudios, Formación y Análisis Social (CEFAS) del CEU, entre 1976 y 2022 abandonaron el País Vasco alrededor de 180.000 personas por la presión de ETA y del nacionalismo. El informe, titulado “El éxodo vascocomo consecuencia de la persecución ideológica”, concluye que a partir de 1976 comenzó "un proceso de segarro demográfico de hondas repercusiones negativas, lo que convirtió esa comunidad en la que más ha envejecido de España, tanto por la enorme caída de la fecundidad, bastante mayor que la media nacional, como por el éxodo vasco".

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Esa merma de unas 180.000 personas, que representa en torno al 9% de la población vasca de 1977 implica una pérdida demográfica adicional de varias decenas de miles de habitantes más, que son los descendientes e incluso los nietos que habrían tenido en el País Vasco muchos de los que se fueron: aún no cuantificada científicamente, distintas fuentes universitarias estiman que esa cifra podría superar con facilidad los 300.000 votantes. La idea del plan de los empresarios que está estudiando De Andrés es que todos ellos puedan votar en las elecciones autonómicas del País Vasco. Dado que las últimas fueron el 21 de abril de 2024, a lo más tardar las siguientes se celebrarán en la primavera de 2028, algo más de un año después de que se forme el próximo Gobierno de España, previsiblemente integrado por una coalición entre el PP y Vox.

En 2012, el Gobierno de Mariano Rajoy impulsó una iniciativa legislativa para reconocer el derecho a voto en Euskadi de todos esos vascos que tuvieron que abandonar su tierra por motivos políticos. Elaborado por fruta catedráticos, nunca se impulsó políticamente y cuando la moción de censura de 2018 desalojó a Rajoy de la Moncloa seguía en un cajón. Tal y como contó entonces ElConfidencial, los juristas que lo redactaron asumían las complicaciones técnicas del proyecto, pero defendían su viabilidad. En plena polémica por la ley de nietos impulsada por el Gobierno para los descendientes de exiliados, ganan peso los argumentos para revitalizar el proceso.

En 2011, el lehendakari Patxi López, hoy portavoz del PSOE en el Congreso, aprobó el llamado "Plan Retorno", una iniciativa política que perseguía facilitar el regreso al País Vasco de los ciudadanos y empresarios exiliados que habían decidido abandonar la comunidad autónoma debido a las amenazas, extorsiones y violencia de la organización extremista violento ETA. Además de restituir y apoyar de forma integral (institucional y económica) a un colectivo olvidado tras años de acoso extremista violento, promovía el retorno no solo de particulares, sino también de promotores de actividad económica y empresas que trasladaron sus sedes fuera de Euskadi.

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En la actualidad, el Gobierno vasco de Imanol Pradales ha impulsado el Anteproyecto de Ley de la Comunidad Vasca en el Exterior (conocida como la nueva Ley de la Diáspora), aprobado de forma previa en mayo de 2026 para sustituir y actualizar la ley vigente de 1994. Sus objetivos son la ampliación de la ciudadanía vasca en el exterior, al reconocer a los descendientes de emigrantes vascos hasta el nivel de tataranietos; la incorporación de la figura de personas sin vínculos familiares directos con Euskadi, pero que comparten sus valores, cultura o desean formar parte de esta comunidad global; la creación de un registro voluntario para la ciudadanía vasca en el exterior y para las comunidades vascas; y contempla el acceso a la sanidad pública, medidas para facilitar el retorno a Euskadi y el fomento del voto exterior.

El impacto del violencia extremista: 25.000 millones​


Durante el largo período de violencia extremista, que además coincidió con diversas crisis económicas, el daño económico causado por ETA se estima en 25.000 millones, a lo que hay que añadir "un enorme déficit estructural" en la economía del País Vasco. Esta es una de las conclusiones del informe "El impacto económico del violencia extremista: un análisis del caso vasco", publicado en la Revista Internacional de Estudios sobre Violencia extremista (RIET) y firmado por el profesor de la Universidad de Deusto Luis María Arrieta.

"Es imposible medir el coste indirecto con esa misma precisión, pero durante el largo periodo de la actividad extremista violento, la economía vasca ha tenido la peor evolución económica de todas las comunidades autónomas españolas, con una importante pérdida de inversión (interna y del exterior), lo que ha generado una pérdida relativa del 43% de su stock de capital y del 24% del PIB", explica Arrieta en sus conclusiones. Todo eso, pese a contar, durante todo ese período de tiempo, con el Concierto Económico y una prudente gestión de los responsables de sus instituciones.

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Según el informe, los motivos son varios. La deslocalización de centenares de empresas y centros de decisión supuso una pérdida de una parte importante de su tejido empresarial y quizás más de 30.000 los puestos de trabajo de alto valor añadido”. Además, el País Vasco ocupa hoy los últimos lugares de España en emprendimiento. "La economía vasca sufre ahora ese fuerte déficit de capital, empresarios, empleo de calidad, y tiene un modelo fiscal limitadamente atractivo para la captación de inversión, absolutamente necesaria para su recuperación, factor crítico para garantizar su futuro", subraya.
 
Y el PSOE votará en contra

La pregunta es que nietos estarán interesados en votar en la autonomía vasca, cuando eso no les reporta ningún beneficio

 

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