El PNV sopesa votar en contra de los decretos de vivienda
El PNV llega a la votación de los decretos de vivienda en la Diputación Permanente sin decidir su sentido de voto, atrapado entre su base social de pequeños propietarios y el desgaste que le inflige Bildu por la izquierda. La formación vasca ha confirmado que ha recibido una llamada del Ejecutivo socialista para abordar los textos y que decidirá «cuando se tenga toda la información», tras analizar la letra pequeña y la tramitación. El anuncio del adelanto electoral al 29 de noviembre —con 18 escaños en el Congreso y 12 en el Senado en juego— convierte cada voto en un cálculo de coste electoral.
Qué contienen los decretos y por qué incomodan al PNV
El Gobierno pretende aprobar este martes en el Consejo de Ministros un decreto o decretos de vivienda que el PNV ya votó a favor de forma «crítica» en una ocasión anterior. La formación vasca resume su posición en dos principios: «protección de las personas vulnerables y defensa del pequeño propietario», todo bajo el criterio de garantizar la «seguridad jurídica». El problema es que ese equilibrio es cada vez más difícil de sostener.
En Euskadi, según un cálculo que circula entre los participantes del debate, entre el
90% y el 95% de la oferta de alquiler proviene de pequeños tenedores. Se contabilizan alrededor de
137.123 viviendas principales en alquiler. El PNV cosecha entre 300.000 y 400.000 votos en las autonómicas y generales, y su base tradicional —perfil económico conservador, democratacristiano moderado— coincide en gran medida con ese pequeño propietario. Votar a favor de medidas que restrinjan la rentabilidad del alquiler es jugar con fuego.
El cálculo electoral: 18 escaños en el Congreso y 12 en el Senado
El adelanto electoral cambia las reglas. Aitor Esteban, presidente del PNV, ha dejado claro que su partido afrontará la campaña «poniendo por delante los intereses vascos» y alejándose de la política de bloques. «El futuro del Gobierno español no se decide en Euskadi», ha afirmado. «Madrid tendrá sus batallas, pero Euskadi tiene que defender sus intereses». La frase es un aviso a navegantes: el PNV no quiere que le cuelguen el sambenito de sostener a Sánchez.
Hay quien sostiene que votar a favor beneficia a Bildu, que se presenta como el original frente a la copia. La formación abertzale lleva años comiéndole terreno por la izquierda, especialmente entre los jóvenes, que ven al PNV como una maquinaria de enchufes y clientelismo. En los pueblos medianos, dicen, es un cante que todos los chicos del partido estén colocados en el ayuntamiento, el polideportivo o la subcontrata de jardinería. Votar a favor de los decretos solo alimentaría esa narrativa.
La tramitación exprés: seguridad jurídica o abuso del decreto ley
El PNV insiste en que no tomará una decisión definitiva hasta conocer la letra pequeña y la tramitación. Y ahí está el problema: aprobar decretos en tiempos de descuento, sin refrendo parlamentario, abusando del decreto ley y de la Diputación Permanente —figuras pensadas para asuntos de extrema urgencia— y sabiendo que serán derogados en cuanto haya otro gobierno, no es precisamente un ejemplo de seguridad jurídica. La contradicción es evidente: el PNV exige garantías jurídicas para un texto que nace con fecha de caducidad.
La salida fácil sería votar en contra. No se pueden hacer estas cosas con prisas, con las Cortes disueltas. Pero votar en contra también tiene coste: el Gobierno perdería una votación clave y el PNV quedaría retratado como el partido que tumbó medidas de protección a los vulnerables. En plena campaña electoral, ese titular no es cómodo.
Qué pasa si se abstienen
La abstención es la tercera vía, la que permite no mojarse. Si el PNV se abstiene, el decreto puede salir adelante con los votos del PSOE y sus socios, pero el PNV no queda retratado ni como salvador ni como verdugo. Es la opción que menos daño electoral hace, aunque también la que menos rédito político ofrece. El problema es que la abstención en un tema de vivienda, con la que está cayendo, se lee como cobardía.
La decisión final se tomará este lunes por la tarde, durante la reunión semanal de la formación. Por el momento, el PNV evita anticipar cuál será el sentido de su voto. Y mientras tanto, Bildu espera agazapado, sabiendo que cualquier movimiento del PNV es una oportunidad para erosionarlo.
El PNV tiene un problema estructural: su base se envejece y los jóvenes pasan de él. En una ikastola pública hace veinte años era impensable escribir «viva Franco» en la pizarra para tocar las narices al profesor. Hoy, dicen, ya ni dios sabe el nombre del lendakari, del presidente del partido o el alcalde de Bilbao. El PNV sabe que no tiene tirón. Y en ese contexto, cada voto en Madrid es una piedra más en su mochila o una tabla de salvación. Nadie sabe aún cuál de las dos.