Ceuta y Melilla: del «gesto histórico» al cálculo del Estrecho
En un artículo firmado el 19 de septiembre de 2026, El País dio espacio al escritor franco-marroquí Tahar Ben Jelloun para defender que «llegar a un acuerdo para devolver Ceuta y Melilla a Marruecos sería un gesto histórico y realista», con un argumento central: «no es normal que la frontera europea esté en territorio africano». La frase cayó como una piedra y reabrió el debate sobre la soberanía de las dos ciudades autónomas y el coste real de sostenerlas.
La reacción fue inmediata y mayoritariamente hostil, no tanto por el fondo como por la elección del verbo.
Qué significa «devolver» cuando no consta devolución previa
El punto más repetido es filológico. «Devolver» presupone una posesión anterior que, según esta lectura, nunca existió: Ceuta está en manos españolas desde 1580 y Melilla antes todavía, mientras que Marruecos, como Estado moderno con las fronteras actuales, es una construcción de mediados del siglo XX. Antes eran sultanatos, tribus y protectorados. La objeción no es menor: para esta lectura, si el marco es «devolver», se legitima de facto la reclamación; si el marco es «regalar», la conversación cambia por completo.
De ahí que varios participantes pidan un ejercicio de coherencia geográfica. Si el criterio es que una frontera europea no puede estar en África, ¿qué se hace con la Tracia Oriental turca desde 1453?, ¿y con el enclave ruso en el Báltico? La geografía, por sí sola, es un mal juez.
Tánger Med: el puerto que ya decidió dónde está el Estrecho
Donde la discusión se vuelve verdaderamente interesante es en lo económico. Según el análisis que uno de los participantes despliega en el hilo, Tánger Med no es una dársena cualquiera: es el primer puerto de contenedores del Mediterráneo y de África, con alrededor de diez millones de TEU largos. Detrás no está solo Rabat: están APM (Maersk) y capital del Golfo. Un puerto así no se dimensiona para un país de 40 millones de habitantes. Se construye para ser el hub del Estrecho. Y el hub del Estrecho no se cierra mientras el otro lado siga operando como un régimen fiscal y aduanero distinto.
Nador West Med es la pieza que completa el arco. Con retrasos y dudas, pero con idéntica lógica: la salida natural de esas zonas industriales y portuarias apunta hacia la integración del entorno, y Ceuta y Melilla están dentro de ese entorno.
¿Cuánto cuestan Ceuta y Melilla y qué aportan?
Aquí la controversia se parte. Una corriente sostiene que las dos ciudades no producen nada y consumen recursos, un territorio sostenido por encima de lo razonable. En contra, otro participante señala que el puerto de Ceuta figura entre los primeros de España en tráfico de pasajeros con el Estrecho, y que la ciudad cuenta con régimen fiscal propio. No es un apeadero.
La cuestión de fondo es otra: heredar, según el cálculo que se maneja en el hilo, unos 150.000 residentes con DNI español, con sanidad, educación y régimen fiscal a su cargo, le sale caro a cualquiera. De ahí que ese mismo análisis sospeche que Marruecos no quiere anexionarse las ciudades, sino mantener el pulso. Anexionarse es una factura; el pulso, gratis.
El espejo de Gibraltar
El paralelismo con más recorrido es el de Gibraltar. Reino Unido mantiene la colonia a unos 2.000 kilómetros de su costa, con una frontera que ni siquiera pertenece a la Unión Europea. ¿También se devuelve? El Estrecho importa más que Ormuz, sostiene este argumento, y ninguna potencia suelta un punto de control de ese calibre por un principio abstracto.
El punto donde el análisis se atasca
Y ahí se queda, sin cerrarse. Nadie discute que la frontera del Estrecho es estratégica. Nadie discute tampoco, en el hilo, que Marruecos tiene la iniciativa en cada pulso diplomático. Lo que sigue sin respuesta es la aritmética: cuánto cuesta ejercer la soberanía de verdad y cuánto cuesta, en influencia y en seguridad, dejar de hacerlo. Sobre eso, El País publicó una columna. Una cuenta, todavía nadie.