EL MUNDO llega a Komyshuavakha tras la masacre rusa con bombas de 3.000 kilos: "Es un asesinato masivo"

EL MUNDO llega a Komyshuavakha tras la masacre rusa con bombas de 3.000 kilos: "Es un asesinato masivo"
RESUMEN

La aviación rusa bombardeó con proyectiles KAB-3000 M-54 un antiguo colegio subterráneo de Komyshuavakha (Zaporiyia) que servía de refugio y centro humanitario, causando al menos 42 muertos y decenas de desaparecidos. El impacto directo, ocurrido el lunes 2 de noviembre de 2026, volatilizó parte de los cuerpos por la temperatura extrema que generan estas bombas diseñadas para destruir instalaciones bajo tierra.

Komyshuavakha es una aldea agrícola de casas bajas de ladrillo y techos de madera situada a poco más de 30 kilómetros de Zaporiyia, la capital regional del sureste de Ucrania. Antes de la invasión a gran escala vivía allí una población pequeña, dedicada al campo. Hoy es un pueblo casi fantasmagórico: las calles están desiertas, los vehículos calcinados salpican las travesías de tierra y el zumbido de los drones FPV es una constante que obliga a vecinos y equipos de rescate a refugiarse en casas vacías. El nombre del pueblo se suma desde el 2 de noviembre de 2026 a una lista lúgubre de matanzas de esta guerra: Bucha, el teatro de Mariupol, la estación de tren de Kramatorsk.

El doble ataque contra el colegio subterráneo

El lunes 2 de noviembre de 2026, por la mañana, la aviación rusa lanzó una doble secuencia de proyectiles KAB contra Komyshuavakha. Los primeros artefactos asolaron varias edificaciones cercanas, incluida una nave que almacenaba decenas de cajas de ayuda humanitaria identificadas con las iniciales de la Organización Internacional para las Migraciones y de la ONG World Central Kitchen, además de cientos de botellas de agua potable. La metralla dejó varias camionetas aparcadas en las proximidades reducidas a chatarra retorcida, entre ellas una ambulancia.

Después llegó el impacto directo. Una bomba KAB-3000 M-54, de tres toneladas, golpeó las habitaciones construidas bajo tierra del antiguo colegio, que funcionaba como refugio, centro de distribución de asistencia humanitaria y ayuntamiento provisional. Según el responsable de la administración regional de Zaporiyia Oleg Buriak, allí abajo podía haber más de 100 personas. "Todos los que estaban abajo murieron. Sólo se salvaron los que estaban en el primer piso porque la onda expansiva los arrojó hacia fuera", explicó Buriak. Las autoridades contabilizan hasta ahora 42 víctimas mortales y varias decenas de desaparecidos.

Las KAB-3000 M-54 fueron diseñadas por la antigua Unión Soviética para arrasar instalaciones ocultas en el subsuelo. Penetran en la tierra y detonan a unos 50 metros de profundidad, generando una temperatura de miles de grados que lo quema todo. Por eso muchos cadáveres nunca podrán recuperarse: se volatilizaron. "Sólo estamos encontrando pedazos", resumió Buriak. Tres días después del ataque, docenas de miembros de los equipos de rescate seguían removiendo escombros y arcilla de una oquedad casi tan grande como una piscina, con camiones y palas excavadoras protegidas con jaulas antidrón. Varios perros especializados olisqueaban las ruinas intentando detectar restos humanos.

Los últimos segundos antes de la explosión

Un vídeo grabado por agentes que alertaban a la población muestra los instantes previos al impacto. Se ve a civiles deambulando frente a la entrada del recinto subterráneo y los destrozos de las primeras bombas. Un agente grita: "¡Atención, atención, han lanzado bombas KAB en dirección a Komyshuavakha! ¡Rápido, al refugio!". Dos varones bajan las escaleras a la carrera. La última imagen es la de un joven que mira a la cámara sonriendo. En el segundo 0:59 una enorme llamarada naranja ocupa la pantalla. Después, todo negro. Canales rusos de Telegram difundieron imágenes del momento exacto: un gigantesco hongo de humo y fuego acompañado de una onda expansiva que recorre la aldea, una visión similar a la de los documentales sobre explosiones nucleares.

Los escasos vecinos que siguen aferrados a Komyshuavakha acuden cada día a las ruinas. Valentina, de 72 años, sigue sin saber el paradero de su yerno, Anatoli Martiroso, de 45, empleado municipal que reparaba viviendas dañadas por la guerra. "¡No puedo comer, no puedo dormir, no tengo fuerzas!", clamaba entre sollozos. Ella estaba en su casa, a poca distancia, cuando cayó la KAB-3000; sólo recuerda una "luz muy brillante". Valery Murmyl, de 59 años, busca a su esposa Natalia, de 58. Estuvieron juntos durante la primera andanada: "Los rusos lanzaron cinco bombas cerca del colegio. Esas no dejaron ni heridos ni muertos". Valery fue a ver a su madre y regresó veinte minutos después. Natalia se había quedado en el refugio. Nunca más la volvió a ver.

La ONG Proliska, que normalmente evacua a personas vivas de lugares amenazados, esta vez trasladaba cuerpos envueltos en bolsas de plástico blanco. Su máximo responsable, Yevhen Kaplin, precisó que hasta el miércoles se habían llevado 33. El presidente ucraniano Volodimir Zelenski calificó el ataque como "uno de los asesinatos masivos más graves que ha cometido Rusia en esta guerra" y recordó que Ucrania había propuesto ampliar el periodo de silencio que permitió evacuar a la gente de Oleshky: "Pero la respuesta ha sido esta: más asesinatos".

Una ofensiva atascada que castiga la retaguardia

La ofensiva rusa en dirección a la ciudad de Zaporiyia se ha atascado tanto al oeste como al sur del enclave. Moscú ha respondido intensificando los bombardeos sobre la retaguardia. El jefe del Estado Mayor ruso, el general Valery Gerasimov, afirmó el 16 de octubre de 2026 que sus tropas se encontraban a cinco kilómetros de la capital regional, algo que negaron todos los portavoces ucranianos. El Instituto para el Estudio de la Guerra estimó en esas fechas que las fuerzas rusas seguían empantanadas a unos 20 kilómetros de la principal metrópoli de la provincia, algo que el corresponsal pudo ratificar al recorrer varias localidades del sur y este de la población.

Zaporiyia es quizá la región que más instalaciones lectivas subterráneas ha construido desde el inicio de la invasión general: 30, según la contabilidad de Buriak. Algunas, como la de Komyshuavakha, se han habilitado como refugios y centros de ayuda humanitaria cuando la población infantil se ha visto obligada a huir. "Otro colegio, el de Balabyne, sufrió algunos daños en septiembre cuando los rusos lanzaron otra bomba KAB contra una parada de autobús cercana. Sacamos a todos los niños al día siguiente", detalló. En Komyshuavakha los niños fueron evacuados a principios de año, cuando los bombardeos KAB contra el pueblo se intensificaron.

Las labores de rescate se ven dificultadas por el hostigamiento constante. Los equipos de primeros auxilios trabajan protegidos por militares equipados con fusiles y escopetas que disparan a intervalos contra los drones FPV que sobrevuelan el villorrio. La carretera que conecta el lugar con Zaporiyia está sembrada de carcasas calcinadas de vehículos que no superaron el trayecto; enviar una grúa resulta demasiado peligroso. El túnel de redes antidrón que en teoría protege la vía muestra más de media docena de FPV atrapados entre las mallas. "¡Mirad a los lados y al cielo! ¡En esta zona se suelen colar dentro del túnel de redes!", alerta Serhiy Skibchyk, integrante de la 65.ª Brigada Mecanizada, que actúa en Zaporiyia.

El convento de Santa Isabel, alcanzado por otra KAB

El mismo día 2, otra bomba KAB alcanzó el convento de Santa Isabel. La gran torre que presidía el complejo recibió la mayor parte de los daños. La onda expansiva arrancó puertas, ventanas y trozos de muros; los residentes huyeron a la carrera. El comedor quedó lleno de platos con la comida a medio comer: boniatos asados, galletas y trozos de fruta. El enclave es leal al Patriarcado de Moscú, la misma iglesia que lidera el patriarca Kirill, firme aliado del presidente ruso Vladimir Putin. En una de las estancias principales cuelga una histórica foto en blanco y negro del antiguo zar Nicolás II junto a su esposa e hijos, y decenas de libros en ruso confirman la adscripción de las religiosas.

Para Skibchyk, que Moscú ataque una edificación religiosa dependiente de Moscú entra dentro de la "lógica" del régimen: "No hay nada sagrado para ellos". El arzobispo Andriy Kovalenko, máximo responsable en Zaporiyia de la Iglesia ortodoxa a la que pertenece el templo destruido, habló de "tiempos oscuros": "Resulta difícil comprender que santuarios y la vida pacífica de la gente a quienes nos une una fe y una oración común sean destruidos".

Komyshuavakha no es un caso aislado en la campaña de bombardeos contra la retaguardia de Zaporiyia. Es el rostro concreto de una táctica: proyectiles diseñados para el subsuelo, lanzados sobre pueblos donde ya no quedan niños pero sí ancianos, desplazados y empleados municipales que no pueden ir a la capital porque el trayecto es demasiado peligroso. El centro del antiguo colegio servía además como punto de referencia para todo tipo de papeleo. "La gente se congregaba todos los lunes para recibir ayuda humanitaria y arreglar sus papeles", contaba Valentina. Ese lunes, la ayuda humanitaria y los papeles quedaron sepultados bajo toneladas de cemento, arcilla y una temperatura de miles de grados.

Datos clave
  • El ataque con una bomba KAB-3000 M-54 ocurrió el lunes 2 de noviembre de 2026 en Komyshuavakha, a unos 30 kilómetros de Zaporiyia.
  • Las autoridades ucranianas cifran 42 muertos y varias decenas de desaparecidos; la ONG Proliska había retirado 33 cuerpos hasta el miércoles.
  • Las KAB-3000 M-54 penetran en el suelo y detonan a unos 50 metros, generando temperaturas de miles de grados que volatilizan los cuerpos.
  • Zaporiyia ha construido 30 instalaciones lectivas subterráneas desde el inicio de la invasión; algunas funcionan como refugios.
  • El general Valery Gerasimov afirmó el 16 de octubre de 2026 que sus tropas estaban a cinco kilómetros de Zaporiyia; el Instituto para el Estudio de la Guerra las situaba a unos 20.
Fuente: elmundo.es
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