La demografía desmonta el mito nazi de la horda asiática
El Ejército Rojo que conquistó Berlín no era una turba de guerreros venida de las estepas. Lo dice la aritmética, no la nostalgia: entre el 80 y el 85% de las tropas soviéticas que combatieron en la Segunda Guerra Mundial eran eslavos orientales y bálticos. Los rusos aportaban entre el 60 y el 65% del contingente; los ucranianos, otro 15-20%; bielorrusos y bálticos completaban el bloque dominante.
El resto eran minorías soviéticas: tártaros, kazajos, uzbekos, armenios, georgianos, azeríes y un largo etcétera que el recuento suele fusionar en una categoría “otras” del 15-20%. Es decir, la famosa “horda asiática” de la propaganda nazi jamás fue tal: ni en las estadísticas ni en el terreno. En la batalla de Berlín, la presencia de ucranianos y bielorrusos fue particularmente masiva frente a la de los pueblos de Asia Central.
¿De dónde sale entonces el mito? De la maquinaria propagandística de Hitler, que necesitaba presentar la invasión soviética como una invasión de bárbaros orientales. El discurso racial del nazismo exageró hasta la caricatura el componente asiático de un ejército que, en su inmensa mayoría, tenía nombres eslavos y apellidos ortodoxos.
Hay, eso sí, un matiz: la etiqueta “ruso” es un cajón de sastre. Dentro de ella se incluye desde el equivalente ruso con ancestros tártaros hasta el siberiano de rasgos mongoloides. Algunos análisis apuntan que buena parte de los soldados clasificados como “rusos” podían tener ascendencia mixta, lo que desdibuja la frontera étnica. Pero eso no hace sino complicar el relato racial nazi, no lo rescata.
El paralelismo con la guerra civil española —donde se habló de “invasión mora” para referirse a un cuerpo expedicionario minoritario— tampoco sostiene una lectura racial. En ambos casos, la propaganda redujo la complejidad de un ejército multinacional a una caricatura étnica. La historia, con cifras, suele poner las cosas en su sitio. Aun así, el mito resiste: la identidad rusa sigue siendo un campo de batalla, y no se cierra con una tabla de porcentajes.