Eric Finch
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El milagro de las elecciones
21/10/2026Rosa Martínez-Vozpópuli
- Si todas estas medidas eran necesarias, ¿por qué no se aprobaron antes?
Estoy empezando a pensar que deberíamos celebrar elecciones generales cada seis meses. No porque me apasione acudir al colegio electoral, hacer cola detrás de un señor que lleva veinte minutos buscando el DNI y depositar un sobre en una urna, sino porque he descubierto que es la única manera de conseguir que nuestros gobernantes se pongan a trabajar con verdadero entusiasmo.
Pedro Sánchez convocó elecciones para el 29 de noviembre y, de pronto, el Gobierno ha descubierto que en España hay gente con problemas. Estudiantes que no encuentran alojamiento, familias que no llegan a fin de mes, viudas que no pueden cobrar una pensión y padres que tienen que dejar de trabajar para cuidar de sus descendientes enfermos. Un descubrimiento extraordinario. Llevan toda la vida aquí y nadie se había dado cuenta de que existían.
La revelación ha sido tan emocionante que Moncloa ha decidido organizar lo que llaman los “martes sociales”. Cada martes, hasta las elecciones, el Consejo de Ministros aprobará nuevas medidas destinadas a mejorar la vida de los españoles. Es una idea estupenda. Lo que no termino de entender es por qué hemos tenido que esperar a que Sánchez necesite nuestros votos para que se les ocurra.
Este martes, por ejemplo, el Gobierno ha aprobado ampliar el acceso a la pensión de viudedad para parejas con descendientes que no estaban casadas ni inscritas como pareja de hecho. También ha mejorado las prestaciones para quienes cuidan de descendientes gravemente enfermos y ha aumentado determinadas ayudas a huérfanos de víctimas de violencia de género.
Cuidar del descendiente enfermo
¿Me parecen mal estas decisiones? En absoluto. Me parece estupendo que una persona pueda cuidar de su descendiente enfermo sin encontrarse, además, con que la Seguridad Social le retira la prestación porque el muchacho ha cumplido determinada edad. Lo que me parece menos estupendo es que hayamos tenido que llegar a octubre de 2026 para solucionar situaciones que no aparecieron ayer por la tarde.Porque Sánchez lleva gobernando desde 2018. Ocho años. Tiempo suficiente para aprender a tocar el violín, construir una casa con sus propias manos o tener un descendiente y que haga su primera comunión. Pero, por lo visto, no para resolver determinados problemas que ahora resulta imprescindible solucionar antes del 29 de noviembre.
El lunes, además, Sánchez anunció 45 millones de euros para impulsar siete proyectos de residencias universitarias que permitirán crear unas 2.000 plazas en una primera fase, para estudiantes, docentes e investigadores. Nuestro Adonis presidencial explicó que el acceso a la vivienda está perjudicando las oportunidades de los estudiantes que tienen que desplazarse para cursar sus estudios.
Fíjense qué capacidad de observación. Resulta que los estudiantes necesitan un sitio donde vivir y que, si los alquileres son prohibitivos, estudiar fuera de casa se convierte en un lujo. Menos mal que tenemos un presidente atento a estas cosas. Es una pena que el descubrimiento le haya llegado después de tantos años gobernando y a unas semanas de las elecciones, porque igual habría tenido tiempo de hacer algo más que anunciar 2.000 camas cuando, según datos publicados por esta misma casa, hay 677.390 universitarios que estudian fuera de su ciudad.
Pero lo verdaderamente maravilloso de los martes sociales es su organización. No estamos ante un Gobierno que presenta un conjunto de medidas porque ha terminado de prepararlas. Estamos ante un Gobierno que anuncia previamente que va a repartir sus iniciativas por entregas semanales hasta que llegue el día de votar.
Nadie se molesta demasiado
Como los fascículos coleccionables. Esta semana, la pensión de viudedad. La próxima, quién sabe. Con cada entrega, una nueva demostración de amor al ciudadano y, si la colección tiene éxito, el 29 de noviembre podremos conseguir el regalo final: otros cuatro años de nuestro amado líder, sin presupuestos, tirando de reales decretos-leyes y con las medidas sociales aprobándose en el último mes del mandato.Lo curioso es que nadie se molesta demasiado en disimular. Desde Moncloa explican que estos martes sociales pretenden contraponer las políticas del Gobierno a los recortes que hizo Rajoy y a los que, según ellos, hará Feijóo si llega a gobernar. Es admirable. Después de ocho años en el poder, Sánchez ha decidido combatir unos recortes impuestos hace catorce años por quien gobernó entonces y adelantarse a los de otro que todavía no ha gobernado. Entre arreglar lo que hizo Rajoy y prevenir lo que podría hacer Feijóo, parece que no le ha quedado tiempo para ocuparse de lo que tenía que hacer él.
Y aquí es donde una empieza a hacerse preguntas. Si todas estas medidas eran necesarias, ¿por qué no se aprobaron antes? Y si podían esperar, ¿por qué ahora resulta tan importante sacarlas adelante antes de las elecciones? Comprenderán que ambas posibilidades tienen su gracia.
No tengo ningún inconveniente en que un Gobierno siga gobernando mientras se aproxima una cita electoral. Tampoco pretendo que paralice una ayuda necesaria porque falten unas semanas para votar. Lo que me resulta insultante es que se presente como una extraordinaria muestra de sensibilidad social lo que debería haber sido el trabajo ordinario de los ministerios durante toda la legislatura.
Así que propongo una pequeña reforma del sistema electoral. Si cada vez que convocamos elecciones aparecen soluciones, ayudas, proyectos y ministros trabajando a destajo, votemos dos veces al año. Igual conseguimos que nuestros gobernantes se acuerden de nosotros durante seis meses seguidos y no únicamente cuando necesitan que nos acordemos nosotros de ellos.
