Menú del día: precio récord de 14,2 euros y márgenes en mínimos
El menú del día, inventado en plena dictadura para cuadrar la llegada de turistas, se ha convertido en la metáfora perfecta de la economía española de 2026. Nunca fue tan caro para el cliente —14,2 euros de media— ni tan poco rentable para el dueño del bar. La paradoja tiene nombre: el precio de récord no está salvando al negocio, lo está matando.
Del invento de Fraga al lío legal autonómico
La historia del menú arranca a finales de los años 60, cuando el ministro de Turismo, Manuel Fraga, lo impulsó como obligación para dar de comer a los visitantes de un país que se abría al mundo. De ser un instrumento de protección al turista, pasó a ser una pieza de la cultura laboral: dos platos, postre y bebida para reponer fuerzas a mitad de jornada.
Esa obligación se rompió en 2010. El Estado derogó la normativa que exigía ofrecerlo y la competencia saltó a las comunidades autónomas. Hoy Madrid y Cataluña no tienen requisito legal alguno, mientras Aragón, Asturias y Navarra mantienen la obligación en restaurantes de menor categoría. El resultado es un mapa jurídico desigual y un formato que ya no está protegido por nada.
La cuenta que no sale: luz, alquiler e IVA
La subida de precio es innegable: de 11,8 euros en 2016 a 14,2 en 2026. Pero el margen bruto, que quien más quien menos sitúa entre el 15% y el 25% sobre el coste directo, se lo comen los costes indirectos. Un bar pequeño puede pagar 300 euros de luz al mes, y a eso se suman alquiler, impuestos, SMI y materias primas. El cálculo casero que circula es descorazonador: por 13 euros en el súper se compra comida fresca para tres personas —ocho filetes de cerdo, fruta, verdura y pan—, así que el margen del restaurante depende de gente que no quiera cocinar, no de la eficiencia del plato.
La inflación disparada desde 2021, ligada a la expansión monetaria posterior a la pandemia, puso el suelo de precios. Y el techo lo pone un cliente que no aguanta más de 15 euros por una comida diaria.
¿Caro o barato? La España de los dos sueldos
Los precios por ciudad dibujan un mapa de contrastes: Bilbao lidera con 16 euros de media; Girona ronda los 16,50 sin café y cerca de 18 con él; en Barcelona un menú con cierta calidad alcanza los 20 euros. Mientras, en la cafetería del Congreso el menú sigue a 8 euros, un precio de otro tiempo. La comparativa internacional tampoco ayuda: en países como Tailandia comer fuera es más barato que cocinar en casa, y en Roma ya se ven precios similares a las ciudades españolas.
El problema, apuntan los análisis, no es solo el precio del plato, sino un salario medio que lleva 30 años sin moverse en términos reales. Con 1.200 euros al mes, un menú de 15 euros es un lujo que obliga a elegir entre pagar la factura o sentarse a la mesa. De ahí que el formato se haya desplazado hacia el tupper, los «comederos» de supermercado o la comida rápida.
Menú menguante, raciones de antes y un futuro incierto
La presión ha cambiado el producto. Platos con nombres sugerentes para llamar la atención, pero raciones más cortas para no perder dinero. La clientela que antes llenaba el bar a mediodía hoy pide agua del grifo y «medios menús» para compartir. El menú del día se ha ido pijerizando: ya no hay sopa y carne con patatas; hay «velouté» y «main course», aunque la cantidad no acompañe.
Algunos prefieren declararlo muerto: el formato tradicional, dicen, solo se mantiene en los pueblos o en los barrios con clientela cautiva. El resto se debate entre subir a 20 euros, convertirse en experiencia gastronómica o desaparecer. La pregunta sigue encima de la mesa: cuando el menú del día valga lo mismo que un plato de autor, ¿quién necesitará ir a un bar de barrio? A este ritmo, la respuesta la darán los números, no la nostalgia.