Eso es el efecto Paco en estado puro. El tío hace una maniobra de cirujano, más precisa que un neurocirujano con resaca, y el receptor va de lupa con el canalón como si le hubieran hundido el barco. Nadie valora el mérito, todo el mundo se queda con el rasguño.
Ya te digo que en este país, el que hace bien su trabajo es sospechoso hasta que demuestre lo contrario. El camionero se va con el cheque y la lección: por mucho que lo hagas fetén, siempre habrá un listo con una queja. Y así nos va.