El lobo ibérico ya merodea a 27,8 km de la M-40
Un vecino que caminaba junto a la M-608, entre Manzanares el Real y El Boalo, encontró el 21 de enero un lobo muerto en la cuneta, con las fauces entreabiertas y los colmillos al aire. Los guardas forestales lo llevaron al Centro de Recuperación de Especies de Tres Cantos. La autopsia concluyó dos cosas: que murió atropellada y que no era un lobo, era una loba. Una joven de dos años. El cadáver apareció a
27,8 kilómetros en línea recta de la M-40, con seis millones de personas al otro lado.
El hallazgo es sangriento y, a la vez, confirma un dato que la estadística venía anticipando: el lobo ibérico (
canis lupus) vuelve a territorios de los que se le expulsó con ánimo de exterminio. A la última pareja madrileña, en el valle del Lozoya, la abatieron en 1952. Desde 2011 hay manadas reproductoras en la sierra de Guadarrama llegadas de Segovia. Ya son tres, con unos 25 individuos, y la última loba muerta merodeaba más al sur que ninguna otra registrada hasta la fecha.
Cuántas manadas de lobo hay en España
El censo 2012-2014, cerrado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente con las autonomías, habla de
297 manadas reproductoras, un 20% más que las 250 del Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de 2007. El Ministerio no desglosa ejemplares; multiplicando por una media de siete lobos por manada salen 2.079. La cifra real es mayor: al norte del Duero, donde vive el 90% de los animales, más de un 30% son lobos solitarios no incluidos en manada ni en registro. Entre 2.000 y 3.000 ejemplares, resume uno de los mayores especialistas, Juan Carlos Blanco, codirector del censo nacional de 1988. «La cifra exacta ni la sabemos ni la vamos a saber nunca», concede.
El reparto explica casi todo el conflicto: Castilla y León concentra 163 manadas, Galicia 84, Asturias 37, Cantabria 12, Castilla-La Mancha dos y Madrid una, aunque la comunidad ya registraba tres a fecha de 2016. La superficie ocupada ha crecido de 100.000 a 120.000 kilómetros cuadrados. Casi una cuarta parte de España.
Por qué El Pardo entra en el mapa
El bosque que rodea el antiguo palacio está a
9,5 kilómetros en línea recta de La Moncloa y 13,5 de la Puerta del Sol. «No es descabellado pensar que pueda asentarse una manada en El Pardo», sostiene Blanco. La especie se expande por el sistema Central, Ávila, Segovia, Guadalajara y la Comunidad de Madrid mientras pierde densidad en el noreste peninsular, en las llanuras de la submeseta Norte y en Andalucía. La geografía del lobo se está moviendo hacia el sur. Y el sur tiene más gente.
Mastines, indemnizaciones y una protesta sin precedentes
Más de 150 entidades y partidos convocados por la asociación Lobo Marley se manifestaron frente al Ministerio en la primera protesta por una especie salvaje celebrada en España. Piden prohibir la caza del lobo y arbitrar medidas de convivencia. Los ganaderos presionan en sentido contrario, con los ataques a sus animales como argumento. La tensión se materializa en los mastines, perros de guarda que, según relata un participante en el debate, parte del público senderista describe como gruñidores y agresivos. Otro participante cifra en algo más de 900 los titulares de explotación en la zona lobera de Cantabria y sostiene que lo amenazado no es el lobo, sino la ganadería extensiva.
El pulso no es zoológico. Es económico, y tiene tres preguntas simples: quién paga los daños, quién ordena las prioridades del monte y quién renuncia a un paisaje sin depredadores. Sobre eso no hay censo que valga.
¿Es peligroso encontrarse un lobo en el monte?
Según los participantes en el debate, el lobo evita al hombre de forma instintiva y la mayoría de los encuentros se resuelven con un animal que huye antes de ser visto. Varios sostienen que quien camina por la sierra tiene más probabilidades de cruzarse con una jabalina con crías, un bicho que pesa lo que un peatón y no siempre aparta. Un participante afirma que de ataques de lobo a personas hay un caso documentado en todo el siglo XX: en 1974, dos muertes de niños en San Cibrao das Viñas (Ourense), y que los de 1925 y 1952 no tienen fuente original. El pánico de película se sostiene mal en la cuneta.
Del exterminio a Félix Rodríguez de la Fuente
Tras la Guerra Civil se reanudó la campaña de exterminio. El fundador de Doñana, José María Valverde, vaticinó que a ese ritmo «el lobo no llegará al final del siglo XX». La inflexión fue 1970, cuando Félix Rodríguez de la Fuente convenció al
Icona de que se podía cazar sin exterminar. A partir de ahí la especie, arrinconada al norte del Duero, no dejó de recuperarse: el censo de 1988 lo certificó después.
España tiene hoy la mayor población de lobo de Europa Occidental. Portugal registra 60 manadas; en Francia desapareció y no volvió hasta 1992; en Alemania, extinguido, reapareció en el año 2000 y apenas suma 20 manadas.
El único borrón del censo es andaluz y nadie se pone de acuerdo en su tamaño. Para Blanco, la población aislada de Sierra Morena se ha extinguido o casi. El biólogo Rafael Carrasco, autor de la parte andaluza del censo, sostiene que hay dos o tres manadas entre la sierra de Andújar (Jaén) y Hornachuelos (Córdoba), avistamientos y excrementos mediante. Sin confirmaciones detalladas, el documento oficial anota que no hay ninguna. El lobo gana terreno y, a la vez, desaparece del mapa por escrito.