Una mujer francesa perdió 830.000 euros con un falso Brad Pitt y ha intentado suicidarse tres veces
Anne, una diseñadora de interiores francesa de 53 años, se arruinó tras ser víctima de una estafa amorosa en la que un delincuente se hizo pasar por Brad Pitt. Según su abogada, Laurène Hanna, la mujer transfirió 830.000 euros —la mayor parte de su indemnización por divorcio— a la cuenta del estafador, que le pidió dinero para un falso tratamiento contra el cáncer. La historia, publicada por Daily Mail, se ha viralizado y ha generado una ola de desprecio hacia la víctima, que ha intentado suicidarse hasta en tres ocasiones.
El perfil de la víctima y el modus operandi
Anne, que había recibido 775.000 euros tras su divorcio, creyó mantener una relación virtual con Brad Pitt durante meses. El estafador usó fotos generadas por inteligencia artificial y argumentó que necesitaba dinero para un tratamiento médico, bloqueando cualquier intento de verificación con excusas sobre su privacidad. La abogada relata que su clienta se siente «humillada y desesperada», y que ha sido tildada de «tonta, ingenua y estúpida» en redes sociales. Sin embargo, Hanna insiste en que la estafa explotó la vulnerabilidad emocional de una persona que buscaba consuelo tras su divorcio.
Tres intentos de suicidio y la respuesta judicial
Según fuentes cercanas, Anne ha intentado quitarse la vida en tres ocasiones desde que descubrió el engaño. La abogada solicita que se trate a su clienta «con dignidad» y critica el acoso mediático que ha sufrido. Paralelamente, se ha abierto una investigación para localizar al estafador, que operaba desde Nigeria según las pesquisas iniciales. La víctima también ha denunciado al banco por permitir transferencias masivas sin control, aunque la entidad se defiende alegando que todas las operaciones fueron autorizadas voluntariamente.
El debate sobre la responsabilidad bancaria
El caso ha reabierto el debate sobre el papel de las entidades financieras en la protección de clientes vulnerables. Mientras algunos argumentan que el banco debería haber bloqueado las transferencias al detectar el patrón de estafa, otros señalan que la responsabilidad última es del usuario. En el sector financiero se recuerda que las estafas amorosas online —conocidas como «romance scams»— mueven miles de millones al año y que los bancos no pueden sustituir el criterio del cliente. «Si el banco bloquease cada transferencia a un supuesto famoso, estaríamos todo el día en el teléfono», ironiza un analista.
La doble vara de la opinión pública
El tratamiento mediático revela una disparidad: mientras la estafa protagonizada por una mujer genera burlas y desprecio, las estafas a hombres suelen recibir menos atención o incluso compasión. Algunos apuntan a que el «relato oficial» invisibiliza que los hombres también caen en este tipo de engaños, aunque con un perfil distinto. La realidad es que cualquier persona, independientemente de su género o nivel educativo, puede ser vulnerable a técnicas de manipulación cada vez más sofisticadas, especialmente cuando se explotan emociones como la soledad o la necesidad de afecto.
El caso de Anne es un recordatorio incómodo: la línea entre la ingenuidad y la vulnerabilidad es más fina de lo que nadie quiere admitir. Mientras la justicia investiga, la pregunta sigue en el aire: ¿cuánto vale la dignidad de una víctima en los tiempos del escarnio digital?