Copaternidad: la fábrica de hijos sin amor ni sexo
¿Hasta dónde puede llegar la ingeniería social para que la gente tenga descendencia sin enredos sentimentales? La respuesta la tiene Carmen Balaguer, la antropóloga que ha profesionalizado la copaternidad en España. Su agencia, creada a principios de 2021, ha emparejado a más de 200 personas dispuestas a ser padres sin compartir cama, ni afecto, ni siquiera un polvo. El próximo octubre nacerá en Barcelona la primera niña fruto de esta fórmula contractual, un acontecimiento que promete revolucionar -o rematar- el concepto de familia.
El negocio que crece al calor de la desesperación
La premisa es sencilla: dos personas que quieren ser padres pero no tienen pareja (o no quieren tenerla) firman un acuerdo para criar a un hijo en común. La agencia de Balaguer hace de Celestina moderna, pero sin alcahueterías románticas: tú pones el esperma, ella el óvulo y el útero, y ambos ponen la cartera. Según la información disponible, el servicio ha tenido una acogida masiva. "Cada vez son más las personas que se unen a la comunidad de la copaternidad", dice el post original. Pero ¿qué tipo de personas? Principalmente mujeres que ven pasar el reloj biológico y hombres dispuestos a asumir la paternidad sin ataduras sentimentales. O, como se dice en los análisis más críticos, "pagafantas" que cargan con la crianza ajena.
El riesgo legal que nadie cuenta en el contrato
El problema, como señalan los expertos en derecho de familia, es que la ley española no entiende de contratos privados. Una vez que un hombre reconoce la paternidad -sea biológica o no-, adquiere obligaciones irrenunciables. No puede renunciar a la pensión de alimentos, y si la madre decide retirarle la custodia, el padre seguirá pagando. Varios analistas coinciden en que el marco legal es el verdadero talón de Aquiles: "La Ley española dice que el padre de un niño no puede renunciar a la paternidad y tiene que pagar si el niño no está bajo su custodia", se alerta. Es decir, firmas un papel para ser padre, pero si la otra parte cambia de opinión, te conviertes en un mero pagador. Ni siquiera te queda el consuelo de haber "follado", como ironizan algunos.
¿Nueva forma de familia o vieja estafa disfrazada?
Detrás de la palabra "copaternidad" se esconde un fenómeno que algunos califican de "matrimonio concertado moderno", pero con el amor eliminado. Los defensores argumentan que es una alternativa más sana que las relaciones tradicionales, que a menudo acaban en divorcios traumáticos. "Crían un hijo a medias sin relación sentimental mediante, ni ruptura. Mucho más sano que la mayoría de relaciones hoy día", se lee en los comentarios más optimistas. Sin embargo, el escepticismo es abrumador. El debate gira en torno a un término recurrente: "pagafantas". Para la mayoría, el hombre sale perdiendo: asume responsabilidades económicas a cambio de nada -ni sexo, ni afecto, ni seguridad jurídica. "El precio del papo no para de subir", rematan los más cínicos, en referencia a la necesidad biológica de reproducción.
Los niños: la variable que nadie quiere ver
En medio de la polémica adulta, la parte más vulnerable son los niños. Algunos analistas advierten de que estos menores crecerán sabiendo que son fruto de un contrato, no de una relación. "A este niño con 10 años se le dirá que papá y mamá firmaron un contrato para disfrutar cada uno 15 días al niño", se lamenta un comentario. La frialdad del acuerdo contrasta con la calidez que se supone debe rodear la infancia. Desde la agencia se insiste en que el niño tendrá dos padres comprometidos, pero la realidad es que la copaternidad es un experimento social sin precedentes en España. A la espera de los primeros resultados, la sociedad observa con perplejidad este nuevo capítulo de la desnaturalización de la familia.
El futuro: ¿más agencias, más leyes, más meteoritos?
El éxito del modelo dependerá de si la legislación se adapta o no. Mientras, el negocio crece. Balaguer ya ha ayudado a más de 200 personas y la demanda sigue al alza. Pero el debate deja una pregunta en el aire: ¿es esta una solución para la soledad o una estafa emocional con apariencia de progreso? La respuesta, como suele pasar, la dará el juzgado. O el psicólogo. O ambos. De momento, los más escépticos solo atinan a pedir "un meteorito". Da igual que el amor se haya ido: la copaternidad ha llegado para quedarse.