La cruzada contra los topónimos árabes: ¿restaurar o borrar?
Guadarrama significó un día 'Sierra del Dragón'. Almería fue Portus Magnus. Guadix, la antigua Acci romana. Estos datos no son nostalgia, sino la punta de lanza de un debate que lleva meses sacudiendo ciertos círculos: la propuesta de desarabizar los topónimos españoles para devolverles su supuesto origen prerromano o romano. Una corriente creciente sostiene que España arrastra un lastre cultural de la invasión musulmana y que ha llegado la hora de restaurar nombres previos. La cuestión no es baladí: implica reescribir la toponimia de cientos de localidades, desde Alcalá a Almería, y reabrir viejas heridas históricas.
Los nombres perdidos
Los defensores de la desarabización esgrimen listados de nombres preislámicos: Almería responde a su pasado como Portus Magnus y Urci; Granada, a Florentia Iliberritana o Elvira; Jaén, a Auringis; y Linares, a Cástulo. Incluso Madrid, cuyo origen se debate entre el árabe Mayrit y una posible raíz romance (Matrice, 'lugar de fuentes'), es objeto de controversia. Los partidarios de la tesis romance señalan que no hay topónimos árabes paralelos en todo Al-Ándalus y que 'Mayrit' es una adaptación fonética de un término previo. Los críticos, sin embargo, recuerdan que la ciudad fue fundada por el emir Muhammad I en el siglo IX, y que el nombre árabe está bien documentado.
El eterno retorno de la Reconquista
La discusión no se queda en la filología. Algunos proponen rebautizar Andalucía como 'Castilla La Novísima', una broma con carga política que revela la tensión subyacente. Los contrarios al movimiento esgrimen que borrar la herencia árabe es negar mil años de historia, y que nombres como Guadalquivir (del árabe Wadi al-Kabir) o Alhambra son ya inseparables de la identidad española. También señalan que muchos topónimos que se creen árabes son en realidad adaptaciones de voces prerromanas o latinas, como Archidona (Arcis Domina) o Roquetas (del catalán).
La pregunta que queda en el aire es si se puede desarabizar un país sin desnaturalizarlo. El debate, lejos de cerrarse, se encona con cada nueva propuesta: ¿es una cuestión de identidad, de higiene cultural o una boutade sin recorrido? Por ahora, los nombres siguen en los mapas, pero la discusión avanza.
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