El Gran Israel: utopía bíblica o pesadilla demográfica
Entre el río Jordán y el mar Mediterráneo viven hoy cerca de 7 millones de israelíes y otros 7 millones de palestinos. La idea de un "Gran Israel" que abarque todo ese territorio no es un plan de gobierno, es una fantasía teopolítica que choca de frente con la realidad demográfica y geopolítica.
Demografía: la reina que no perdona
El principal obstáculo práctico es que la anexión total significaría incorporar a millones de palestinos, lo que forzaría a elegir entre un estado binacional (con pérdida del carácter judío) o un régimen de apartheid insostenible. Los datos fríos son tozudos: mientras las poblaciones sean equivalentes, cualquier proyecto de anexión unilateral es inviable sin un costo político y social prohibitivo.
La bomba que nadie quiere usar
Otro elemento recurrente es el arsenal nuclear israelí, estimado entre 80 y 400 ojivas. La política de ambigüedad estratégica permite disuasión sin reconocimiento formal. Pero el uso real de armas atómicas cruzaría un umbral no visto desde 1945. Un ataque a Irán, por ejemplo, cerraría el Estrecho de Ormuz (por donde pasa el 20% del petróleo mundial) y desataría una guerra regional. La bomba es el as bajo la manga, no una carta de juego cotidiano.
¿Profecía o pretexto?
El argumento teológico se apoya en Génesis 15:18, donde se promete a Abraham la tierra "desde el río de Egipto hasta el Éufrates". Frente a esto, se recuerda que Jeremías 9:16 anuncia el esparcimiento y que los reinos antiguos desaparecieron hace milenios. Que una profecía se interprete como programa político actual es un salto lógico que choca con la historia y el derecho internacional.
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