El Gobierno impulsa un marco normativo para que las zonas de bajas emisiones (ZBE) dejen de ser un requisito sobre el papel y obliguen de verdad a restringir el tráfico. La medida llega después de años en que muchas ciudades declararon la zona sin aplicar controles efectivos.
La publicación de El País sobre el nuevo empuje a las zonas de bajas emisiones ha reabierto una discusión que lleva años en el cajón: qué pasa cuando una ciudad declara una ZBE y, en la práctica, los coches siguen entrando sin freno. El análisis que circula lo resume con crudeza: se acabó poner una ZBE y dejar que los coches pasen sin hacer nada. Y añade una crítica de fondo: resulta lamentable que haya que sacar normas para obligar a las administraciones a que cumplan las normas.
Qué es una ZBE y por qué no basta con declararla
Una zona de bajas emisiones es un perímetro urbano donde se restringe la circulación de los vehículos más contaminantes. La ley española obliga a los municipios de más de 50.000 habitantes a tener una, además de los territorios insulares. El problema no es la declaración: es la aplicación. Sin cámaras, sin control de matrículas y sin sanción real, la zona existe en el BOE pero no en la calle.
El marco que prepara el Gobierno
El Ejecutivo trabaja en un marco que fije mínimos comunes y obligue a las administraciones a pasar de la declaración al control efectivo. La lógica es sencilla: si la norma exige una ZBE, quien la incumpla no puede quedarse en el gesto. El debate político está servido, y no solo entre partidos: también entre ayuntamientos que alegan falta de medios y vecinos que temen el coste de cambiar de coche.
Lo que se juega el ciudadano
Para el conductor, la diferencia entre una ZBE de papel y una real es dinero: multas, restricciones y, a medio plazo, la presión para renovar el vehículo. Para el municipio, es la capacidad de cumplir objetivos de calidad del aire que Bruselas vigila. Y para el Gobierno, es una prueba de que las normas se cumplen. Conviene recordar que las decisiones sobre movilidad y ayudas cambian, así que antes de tomar cualquier decisión económica conviene consultar la normativa vigente y el ayuntamiento correspondiente.