Ceuta, julio de 2026: el aviso del CNI que el Gobierno ignoró
A finales de julio de 2026 la entrada masiva de personas en Ceuta forzó una crisis de seguridad en la ciudad autónoma. La secuencia que se fue conociendo tiene una fecha incómoda: el viaje oficial de Pedro Sánchez a Argelia, donde se habló de cooperación energética y suministro de gas, apenas unos días antes. La pregunta no es solo cómo se gestionó el colapso, sino si se quiso gestionar.
La escalera de acontecimientos que nadie quiere explicar
La cronología la han reconstruido varias cabeceras. Primero, la visita de Sánchez a Argelia para asegurar el gas. Después, la llegada masiva a Ceuta. Entre medias, un aviso del CNI que, según publicó la SER, advirtió al Ejecutivo de lo que se avecinaba. La respuesta pública del Ministerio de Defensa no desmintió ese informe de forma rotunda. Silencio elocuente.
Frente a la versión de una ola migratoria imposible de prever, hay quien sostiene que la pasividad fue deliberada. El razonamiento se apoya en los equilibrios de Argelia y Marruecos: el acuerdo energético con Argel habría molestado a Rabat, que respondió abriendo la puerta de la frontera. Una represalia con personas de por medio, manejada como instrumento de presión.
La lectura electoral que da mala espina
Aquí entra el dato demográfico que muchos prefieren no mirar. Ceuta tiene un electorado que vota mayoritariamente a la derecha, en proporciones que se aproximan al pleno. La teoría que circula: un Gobierno al que esa ciudad no le aporta votos no tendría incentivo para evitar un caos que desgasta a la oposición. Cínico, pero no se puede descartar con los datos sobre la mesa.
Sin embargo, no todo el mundo compra la trama. Si el PSOE hubiera estado ante un electorado propio, la conclusión sería la misma, argumenta otra corriente. La dejación no depende del color político del votante de Ceuta, sino de la lógica del poder mínimo: se gestiona donde duele, se abandona donde no escuece.
Ceuta, ¿en tensión permanente?
Para algunos, la crisis de julio no fue un episodio puntual, sino la culminación de un proceso largo. En las últimas décadas, la composición demográfica de la ciudad ha cambiado de forma gradual, con una mayoría de población de origen magrebí. Esa transformación, dicen, convirtió a Ceuta en una ciudad distinta a la de hace medio siglo, antes de que el Estado se sentara a negociar con Marruecos.
Los datos concretos no aparecen en ninguna parte del relato oficial. No hay cifras de cuántas personas cruzaron, ni un parte oficial del CNI, ni un comunicado de Moncloa explicando por qué no se activó la respuesta preventiva. Lo único verificable es la correlación temporal.
Y ahí se atasca todo. Porque una correlación no es una causalidad, pero tampoco es un accidente. Con la SER citando al CNI y la ministra de Defensa sin calificar de bulo el aviso, la comodidad del Gobierno tiene un precio: la sospecha queda instalada. Hasta que no se publiquen los informes, la pregunta seguirá ahí.