Musk, las ONG y la crisis de Ceuta: el relato que no cuadra
Atribuir una avalancha migratoria en la valla de Ceuta a un multimillonario que tuitea desde Texas tiene su aquel: exige ignorar que la frontera es terrestre, que el país vecino controla los flujos y que los servicios de inteligencia llevan años alertando. El relato oficial, sin embargo, ha elegido esa vía. Y el problema no es solo estético.
El relato del ministro
El ministerio de Exteriores ha puesto sobre la mesa un guion con varios nombres propios: Elon Musk y sus tuits, las redes de desinformación rusa y, según las versiones, la maquinaria de presión de Israel y Estados Unidos. Nada de Marruecos, a quien se sigue calificando de socio fiable.
Una forma de leer los hechos que convierte a España en víctima pasiva de una guerra híbrida. Otra, más prosaica, recuerda que la presión migratoria sobre Ceuta y Melilla no depende de la salud mental de un magnate, sino de las relaciones bilaterales con Rabat y de los acuerdos sobre devoluciones que se han ido relajando.
Los datos que no salen en la comparecencia
Más allá de las declaraciones, la discusión sobre la gestión de la frontera viene con números incómodos. La financiación pública a ONG implicadas en la acogida superó los 600 millones de euros en 2023, y el hecho de que la vicepresidenta de una de esas fundaciones sea pareja del ministro de Asuntos Exteriores ha reabierto preguntas sobre conflictos de interés.
En paralelo, la secuencia de la crisis parece calcada: el 30 de julio se pidió un mando único que no llegó; al día siguiente, el presidente interrumpió sus vacaciones para una visita testimonial al Tarajal y el asunto se evaporó. Hay quien describe un método de gestión de crisis que no intenta resolver el problema, sino administrar la conversación: negar, declarar resuelto, derivar la culpa y, si el ruido crece, cambiar el debate por uno moral.
Los informes que habrían alertado de una entrada masiva de personas, con cifras de hasta 100.000 en escenarios extremos, no se han hecho públicos.
Las lecturas del desaguisado
Las interpretaciones del episodio se han ido radicalizando. Una corriente sostiene que el Gobierno prefiere inventar conspiraciones antes que exigir a Marruecos un comportamiento previsible en materia de control fronterizo, y señala que el alineamiento con Rabat se ha convertido en un activo electoral.
Otra corriente, más beligerante, ve detrás de la crisis la mano de potencias extranjeras –EEUU, Israel, Rusia, según el momento– interesadas en desestabilizar a un Ejecutivo incómodo. Y una tercera, minoritaria pero ruidosa, salta a conclusiones que no resisten el menor contraste: desde culpar al franquismo hasta responsabilizar a Steve Jobs por hacer teléfonos asequibles.
Lo de Musk tiene la ventaja de no exigir ninguna medida concreta sobre el terreno: no hay muro que levantar contra un tuit. Pero cada semana de este relato deja más interrogantes sobre los informes no publicados, sobre las devoluciones que no se ejecutan y sobre quién sostiene la frontera cuando el ruido mediático se apaga. ¿Puede un Gobierno gestionar una crisis migratoria real con una causa imaginaria?