Vallejo-Nájera y el 'gen rojo': la teoría eugenésica que resurge con la ley de nietos
El Gobierno ha retirado la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad al psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, figura clave del franquismo y defensor de teorías eugenésicas que ahora se reavivan en la discusión pública. La decisión, anunciada por Pedro Sánchez en X, ha reabierto el debate sobre la influencia de sus ideas, especialmente la del llamado «gen rojo», que postula una base genética para la inclinación política de izquierdas. Y, de paso, ha servido para que algunos enarbolen la llamada «ley de nietos» –la concesión de nacionalidad a descendientes de exiliados– como prueba de la existencia de ese supuesto gen.
La teoría del «gen rojo»: entre la eugenesia y la pseudociencia
Vallejo-Nájera, conocido como el «Mengele español» por sus experimentos con presos republicanos, sostenía que el marxismo y la igualdad social atraían a «inferiores mentales y deficientes». Su concepto de un «gen rojo» que predispone al colectivismo y al robo no tiene respaldo científico, pero ha encontrado eco en ciertos sectores que lo recuperan para explicar la polarización política. En el debate actual, se argumenta que la heredabilidad de la ideología ronda entre el 40% y el 60% según algunos estudios, aunque eso dista mucho de justificar una teoría racial de la política.
La «ley de nietos» como supuesta evidencia
La llamada «ley de nietos» –la reforma del Código Civil que permite a los descendientes de exiliados españoles obtener la nacionalidad sin necesidad de residencia– ha sido presentada por algunos como confirmación del «gen rojo». Según esta lectura, la decisión del Gobierno de facilitar la nacionalidad a los nietos de quienes huyeron tras la Guerra Civil sería una maniobra para captar votos de una población con predisposición genética a la izquierda. Sin embargo, la ley se inscribe en la tradición de reparación histórica, similar a la que el PP aprobó para los sefardíes, y no en supuestos genéticos.
Un debate que trasciende la ciencia
La polémica sobre el «gen rojo» ilustra cómo las teorías desacreditadas pueden resucitar en momentos de crispación. Mientras unos defienden que la ideología se hereda como el color de los ojos, otros recuerdan que Vallejo-Nájera no era un científico aislado, sino un engranaje de la represión franquista. La retirada de la condecoración no cierra el asunto: el eco de sus ideas sigue vivo en quienes buscan una base biológica para la división política. Y la «ley de nietos», lejos de probar nada genético, sigue siendo un instrumento de justicia histórica –o de oportunismo electoral, según se mire.